Union City, latina hasta la médula

Los hispanos representan el 84% de la población en esta ciudad de Nueva Jersey
Union City, latina hasta la médula
La Bergenline es una vía comercial que une a varias ciudades, entre ellas Union City.
Foto: Gerardo Romo / EDLP

@JoaquinBotero

Union City, Nueva Jersey, es la ciudad más densamente poblada del país: 66,000 personas se codean allí dentro de 3.3 kilómetros cuadrados. Las abuelas caribeñas comadrean frente a los negocios mientras cuidan a sus nietos. Argentinos, colombianos de Medellín y hondureños se tratan de vos mientras discuten sobre fútbol. Los judíos ortodoxos se cruzan con respeto con las mujeres musulmanas con velo. La Bergenline, su avenida más importante, es un hormiguero humano con pasado y futuro, cuyo tráfico va sólo en dirección norte-sur.

Con más de 300 almacenes y restaurantes, la Bergenline, que atraviesa también West New York, Guttenberg y North Bergen, es el gran corredor comercial de esta parte del estado. Las edificaciones cercanas siguen siendo de clase trabajadora; no hay edificios de lujo ni señas de que se abrirán mercados orgánicos ni centros de yoga.

La cubana Katina Suárez (74) y la puertorriqueña Ana González hablan sin prisa. La cubana dejó su isla en el 58, antes de la revolución. Recuerda que hace 40 años en esa misma avenida había italianos que fueron reemplazados por cubanos; ahora son los sudamericanos y mexicanos los que han tomado el espacio de sus paisanos. Sus hijos todavía viven cerca.

González, nativa de Utuado, llegó a los quince. Sus seis hijas se casaron y también siguen cerca. “La menor se fue pa’ el monte, como digo yo”. O sea, cerca de Pennsylvania. Las amigas tienen todo lo que quieren en la zona de la que siguen disfrutando como quinceañeras. Van poco a Nueva York, “excepto a ver una que otra obra en Broadway“, dicen.

Según el Censo de 1980, el 32% de los residentes de Union City era de origen cubano. En el Censo de 2010, componían el 10%. Los exiliados cubanos llegaron a ser tantos en Union City que ahora cuesta entender dónde se han ido. Algunos especulan: que se cansaron del frío y fueron a Florida o que sus hijos se progresaron y se los llevaron a otras partes del país. Su vacío fue llenado por emigrantes de Centro y Sudamérica.

Aunque muchos se hayan mudado, los cubanos siguen siendo la mayoría entre los hispanos, y mantienen su poder económico y político: Union City es la cuna de los más conocidos dirigentes cubano-americanos del noreste, como el senador Bob Menéndez, que empezó su carrera como alcalde de esta ciudad en los años 80.

Según el último censo, los latinos representan el 84% de la población, el más alto porcentaje de todo el estado. Los blancos forman el 5%, asiáticos el 2%, afroamericanos el 1%. El 17% de los residentes trabaja en NY.

Union City tiene una forma más o menos rectangular. La calle 49 es su límite norte con West New York. Kennedy Boulevard crea una frontera al oeste con North Bergen. Al oriente está Weehawken, que limita con el río. Al sur está West Hoboken, en lo que viene a ser la calle 1. Se cruza una calle y una avenida y se llega a otro pueblo.

A Jenny Rodríguez (34), colombiana, le gusta la ciudad porque todo queda cerca y no necesita auto para moverse. “Pero no me gusta que es superpoblado y congestionado”.

Félix Alfonso (46) hace doce años tomó de su padre y su tío las riendas del restaurante cubano El Artesano, fundado en 1974. Dice que trabaja desde los doce años en el establecimiento en la esquina de la calle 41 y la Bergenline. Se han adaptado a los cambios de la comunidad: agregaron al menú el mofongo puertorriqueño, rabo de res dominicano y desayunos abundantes. “Los cubanos acostumbramos apenas el café con leche y pan”.

Con humor habla de los choques culturales. Cuando llegaban los cubanos y hablaban duro entre sí y manotean, otros latinos pensaban que estaba a punto de explotar una pelea. Hasta que se acostumbraron a que aún con cariño son como actores sobre un escenario. Acredita al internet y a las buenas reseñas que la gente ve en Trip Advisor y Yelp el que vengan nuevos clientes.

Alfonso trabaja turnos de 12 horas durante cinco días a la semana. Se alterna el timón con su hermano y otro administrador que es como de la familia. “Me desconecto cuando llego a casa y estoy con la familia. Mi padre no fue así. “El se consumió acá día y noche. Se le volvió como un vicio, una obsesión”.

Joaquin.botero@eldiariony.com

Para arrendar

Los estudios promedian $950.

Apartamentos de una habitación se encuentran entre $1,000 y $ 1,200.

De dos habitaciones entre $1,200 y $1,400.
De tres habitaciones entre 1,600 y $2,000.

Para comprar

Apartamentos de una habitación $160,000.

Condominios de una habitación $200,000.
Condominios de dos habitaciones $400,000.
Edificios cooperativos de dos habitaciones $340,000.
Apartamentos de 4 habitaciones $600,000.

Un negocio

Si quiere una esmeralda incrustada en un anillo o un dije, vaya a la Joyería Sahara, propiedad de los hermanos Gustavo González (60) y Jhonson González (47) oriundos de Manizales, Colombia. También se especializan en oro de 18 quilates.

Los primeros habitantes del área fueron los indios Hackensack, que en el siglo XVII vendieron parte del territorio a los holandeses.

En los siglos 19 y 20, llegaron inmigrantes belgas, armenios, griegos, chinos, judíos, y rusos. Los alemanes siempre fueron mayoría y el idioma dominante.

Emigrantes de Europa del Este, del Medio Oriente y caribeños llegaron en los años sesenta y se ocuparon en la industria del bordado.

A través del túnel Lincoln, a dos kilómetros de Manhattan. Llegan los buses del NJ Transit y las “vancitas” que se toman sobre la calle 42.

El tren Hudson-Bergen Light Rail conecta varios poblados cercanos al río. La estación Bergenline se encuentra en la calle 49.

Estación de Policía

3715 Palisade Ave. (201) 865-1111

617 Bergenline Ave. (201) 863-4889

El actor Bobby Cannavale.
Alicia Menéndez, escritora, comentarista de radio y televisión.
El actor Oscar Núñez.

Víctor Bas (47)/Dueño de Waterloo

Bas heredó de su padre el negocio de ropa Waterloo. Aquel lo abrió en 1967 con mucho esfuerzo, después de trabajar en factorías de bordado. Les vendía a crédito a las oleadas de cubano exilados, y así impulsó su éxito. El lugar con nombre de batalla napoleónica es el indicado para conseguir las famosas guayaberas. Su madre y su esposa le ayudan a vender.

¿Quiénes son los clientes ahora?

Una mezcla: dominicanos, colombianos, mexicanos, ecuatorianos. Y por supuesto, los cubanos que siguen y los que vuelven. La gente viene mucho en el verano, les gusta la ropa de lino y las guayaberas.

¿Qué tan difícil es vender estas prendas tropicales?

Es más fácil que antes. La gente ahora es más liberal, les gustan los colores. Antes se usaban más los trajes. Pero las guayaberas de lino son las que han hecho a esta tienda famosa.

¿Cómo define este negocio?

Un negocio familiar, un negocio de pueblo. Tratamos de ayudar a que la gente se sienta feliz.

¿De dónde traen los productos?

La mayoría, desgraciadamente, es hecha en China. Algunas vienen de México o de Colombia y son de mejor calidad, pero algunas personas no quieren gastar $90, entonces gastan $40. El producto chino es más accesible.