Coney Island: Un clásico del verano (fotos y audio)

La diversidad de sus habitantes, unido a sus múltiples atracciones, hacen de esta lugar uno muy atractivo

Los colombianos Jorge Gómez y Zoraida Ayala, y, de izquierda a derecha, los guatemaltecos  Antonio Mejía, Víctor Hugo De León y Ricardo Bámaca.
Los colombianos Jorge Gómez y Zoraida Ayala, y, de izquierda a derecha, los guatemaltecos Antonio Mejía, Víctor Hugo De León y Ricardo Bámaca.
Foto: Gerardo Romo / EDLP

@JoaquinBotero

Para muchos neoyorquinos, Coney Island es pasión de un día o de una temporada: se bañan en sus aguas, toman su sol, pasean por su “boardwalk” y se entretienen con sus juegos mecánicos y luego se van. Los casi 50,000 residentes permanentes—afroamericanos, latinos, ucranianos, rusos—saben que su barrio es objeto de deseo y de placer: Luna Park, Dreamland, el acuario, el estadio de los Cyclons, atracciones circenses, tiendas y puestos de comida.

En 1880, el escritor y patriota cubano José Martí la retrató en una crónica memorable, que esencialmente describe lo mismo que se ve ahora: un centro de entrenamiento popular a la vera del mar. Coney Island fue Disney World, fue Miami Beach, antes que éstos fueran lo que son.

Originalmente una isla, los rellenos de tierra la unieron hace mucho al condado de Brooklyn. En su malecón se mezclan corredores, ciclistas, lugareños y visitantes en busca de un día de esparcimiento.

La pareja de oaxaqueños Yadira Gómez e Ismael Hernández vino con su bebé. No visitaban el área desde antes del huracán Sandy y era la primera vez que pudieron hacerlo en el verano ya que coincidieron sus días libres e Ismael no estaba pegado del televisor viendo el Mundial. “Nos parece que después de los arreglos y con los nuevos juegos más modernos, todo está mejor. Además nos gusta esta época porque está menos caliente y lleno de gente”, dice Yadira, la de la voz cantante.

En la playa, una pareja de Medellín y un trío de hombres guatemaltecos, conversan en confianza y parecen que hubieran venido juntos. Se acaban de conocer. Los “guates”, es la cuarta vez que han aparecido en este verano, mientras que la pareja de Medellín es la primera vez que se moja en las aguas de Norteamérica. Están de vacaciones en North Bergen y vinieron en bus y en tren. “Preferimos acá que a las playas de Nueva Jersey por los juegos mecánicos y porque nos dijeron que allá cobran la entrada”.

Este barrio de contrastes es un perfecto rectángulo: de la calle 12 hasta la 37 y desde el paseo marítimo hasta Neptune Avenue. Al occidente está el exclusivo barrio privado Seagate y al oriente Brighton Beach, la “Pequeña Odessa” de inmigrantes rusos. Alejándose de la playa hay edificios de alquiler, casas, negocios familiares y talleres de mecánica. Los hispanos se concentran cerca de Mermaid Avenue.

Allí, un jardín comunitario que sobrevivió a Sandy es la mejor muestra del espíritu latino del barrio: resistiendo a los más duros embates, la vida vuelve siempre a renacer.

Edwin Cosme (54) nació, creció y no piensa moverse de Coney Island. Un hombre que ha tenido empuje para correr maratones, también lo ha tenido para empezar negocios y ser líder comunitario. Ha sido propietario de bodegas, tiendas electrónicas, peluquerías, entre otros. Lo atestigua la foto con un antiguo presidente del condado, Howard Golden, cuando le entregó un premio por impulsar negocios familiares. Ha corrido varias maratones y hasta ultra-maratones de 33 millas. Tiene otra foto cruzando la meta de la maratón de Nueva York, detrás de Greta Waitz, la noruega que ganó nueve veces. Ahora Cosme promueve las carreras atléticas en Coney Island.

¿Cómo lo afectó a usted la tormenta Sandy?

A los pequeños negociantes la ciudad nos apoya menos que a los grandes. Estoy cansado de las nuevas regulaciones. Después de Sandy, vinieron a reevaluar mis propiedades y los impuestos y seguros se triplicaron. Todo es una carga financiara. Por eso muchos negociantes se mudaron.

¿Qué le molesta a usted de su barrio?

Las atracciones traen millones de dólares, pero nada de ese dinero se reinvierte en nuestra comunidad. Este es un como un vecindario deprimido en el que sólo aparecen trabajos por la temporada de verano y la mayoría no calificados.

¿De qué carece el sector?

Esta zona carece de zonas de recreación. Coney Island es una tierra aislada en sí misma. No hay suficientes programas para niños, jóvenes ni personas de la tercera edad. Me gustaría ver más negocios, más oportunidad de educación superior.

¿Qué cambios ha visto en la población?

Siguen viviendo los rusos y los chinos; también los mexicanos. Hay más tiendas mexicanas que hace quince años.

¿Cuéntenos de la Coney Island Sports Fundation?

Organizamos varias carreras para niños, jóvenes y adultos. Los entrenamos y luego realizamos dos carreras de aficionados. Junto a otra que se realiza en Prospect Park, formamos una triple corona como en la hípica, y luego hacemos un banquete a fin de año y damos chaquetas y trofeos.

Joaquin.botero@eldiariony.com

El nombre salió del holandés antiguo “Conyne” por los conejos que abundaban en la isla y que encontraron los primeros colonizadores. Luego el nombre se transformó a Coney.

Por su cercanía con Manhattan, en el siglo 19 venían los recién casados a pasar la luna de miel. Nuevas vías y barcos a vapor redujeron las jornadas que antes tomaban más de 12 horas.

En 1949, el mandamás urbanístico de la ciudad Robert Moses reconstruyó el malecón más alejado del agua e inició las obras del acuario.

Fred Trump, el padre de Donald Trump, luchó por más de veinte años por construir edificios de lujo en la zona, pero triunfó la iniciativa de la vivienda pública de Moses, que levantó 18 projects.

El Club de los Osos Polares nada en el mar durante los meses fríos, principalmente el día de Año Nuevo. Varios curiosos se les unen ese día.

En “Annie Hall”, de Woody Allen, el protagonista vivía debajo de una montaña rusa en Coney Island. El padre manejaba el puesto de los carritos chocones.

Un restaurante: Grimaldi´s en Surf Avenue. Es una de las pizzerías más famosas de la ciudad con cien años asando pizzas en hornos de piedra y al carbón. Precios muy accesibles.

Transporte público:

Los trenes D, F, N, y Q llegan a la renovada estación Stillwell Avenue.

Los buses B68, B74, B64 y B82 conectan con barrios vecinos. El B36 lleva hasta el barrio privado Sea Gate. El bus expreso X28 funciona de lunes a viernes.

Para arrendar:

Se encuentran estudios por alrededor de $900.

Apartamentos de dos habitaciones varían entre $1,400 y $1,600.

Apartamentos de tres habitaciones se consiguen entre $1,800 y $2,200.

Para comprar:

Condóminos de dos habitaciones entre $400,000 y $600,000.

Casas de dos habitaciones promedian $500,000.

Casas de cuatro habitaciones están alrededor de $800,000.

Estación de Policía:

Precinto 60

2951 West, calle 8

(718) 946-3311

Biblioteca Pública

Coney Island Library

1901 Mermaid Ave

(718) 265-3220

Oficina de correo

1208 Surf Ave

(718) 372-5159

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