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estancamiento daña esperanzas

Para millones de jóvenes latinos la educación superior a través de los colegios comunitarios ha sido desde hace generaciones la mejor vía para la verticalidad social, para subir en la escala económica, ubicarse en un futuro mejor que el de sus padres e integrarse a la sociedad estadounidense.

Esto es cierto tanto en Los Ángeles como el resto de California y a la larga, en todo Estados Unidos: nuestros hijos, sean inmigrantes, hijos o nietos de inmigrantes, pudieron combinar una vida productiva de ayuda a sus familias con el proceso por el que forjaban su futuro.

Cursados los dos años de rigor en las escuelas comunitarias – community colleges – y acumulados los puntos académicos necesarios, estos chicos tenían las puertas de la oportunidad abiertas para potencialmente transferirse a universidades de cuatro años.

Con el tiempo se fueron afianzando las ocupaciones de los portadores de estos títulos universitarios. Aquí están nuestros maestros y directores, escuela por escuela; aquí los profesionales de la ayuda social y la psicología, aquí los enfermeros, los peritos legales, los técnicos.

Los colegios comunitarios han sido una meta preferida de los latinos, además, porque, simplemente, las clases cuestan menos de la mitad que las de las universidads, y porque como más de ellos vienen de escuelas de menores niveles, tienen allí más flexibilidad para ir avanzando.

Un estudio reciente del Instituto Tomas Rivera establece que los hispanos en California favorecen las escuelas comunitarias más que los otros grupos: un tercio de nuestros graduados de secundarias lo hacen, contra un cuarto entre otras etnias.

Es por todo esto que la noticia de un estancamiento en las filas de estudiantes de los colegios comunitarios, sobre la que reportamos ayer en La Opinión, alarma tanto. En todo Estados Unidos, dice nuestra nota (“La educación hispana, estancada”), la cantidad de inscriptos a las escuelas comuinitarias cayó en 10%. Es el segundo año consecutivo en esta baja, según la oficina del Censo.

Desde hace años California ha rondado crisis económicas y masivos déficits presupuestarios, lo que se ensañó especialmente con el sistema universitario público. Los aranceles educativos subieron; la variedad de clases y disponibilidad de profesores, bajaron.

Esto incidió negativamente en la juventud hispana. No solamente porque al aumento de los costos se acopló la escasez de empleos y estancamiento de sueldos, sino porque muchos hispanos no cualifican a ayuda financiera, o simplemente optan por no pedirla por su estatus migratorio.

Debemos hacer sonar la alarma, antes de que esta tendencia hoy controlable se escape de las manos. Antes de que la promesa de un futuro mejor a través de la educación se aleje más, antes de que flaqueen nuestras esperanzas

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