ébola y la seguridad nacional

El brote internacional de ébola está generando suma inquietud en el país. El Presidente Obama lo definió como “una prioridad de seguridad nacional”, aunque recalcó correctamente que “las probabilidades de un brote o epidemia aquí son extraordinariamente bajas”.

El caso de Thomas Eric Duncan, hospitalizado en estado crítico aquí después de llegar desde Liberia portando el virus, ilustra los problemas. Al entrar Duncan omitió mencionar que había estado en contacto con un enfermo de ébola. Se le dejó entrar. Alarma también que ya hay al menos una persona – una enfermera en España – que contrajo ébola fuera de África.

Pero en su lugar de origen en el África Occidental, los casos confirmados y las muertes son ya miles. Ese es el epicentro del mal.

Se trata de una terrible enfermedad para la cual no existe cura, y que es mortal en el 50% a 90% de los casos.

Es, pues, una cuestión de importancia y urgencia para la población.

Debemos impedir, sin embargo, ser presa del pánico y la ignorancia, que nos pueden llevar a ideas erróneas.

Hay que mencionar que el ébola no se transmite por aire, sino por contacto directo con los fluidos de un enfermo declarado. Las actuales medidas médicas correctamente aplicadas deben alcanzar.

Algunos sugieren cerrar las fronteras de aquellos países donde el mal se ha asentado. Al revés. La mejor manera de contener al ébola es controlándolo allí donde está, ubicando a los enfermos, aislándolos y atendiéndolos. Se requiere entonces un esfuerzo internacional de grandes proporciones.

Pero el mayor error es tratar el ébola como un tema electoral y dedicarse a minar la confianza en los encargados de la salud.

Se perciben preocupantes tendencias, cuando influyentes políticos se entrevistan para demandar sus propios planes de acción, con el propósito de catapultarse ante la atención pública y exacerbar inquietudes existentes sobre el funcionamiento de nuestro ejecutivo.

La lucha contra el ébola debería quedar fuera del proceso partidario.

Debemos dejar que sean las consideraciones médicas, científicas, las que nos guíen en la lucha mundial contra esta amenaza, y evitar que razones políticas del momento interfieran en el proceso