Papa pide no convertir en Mediterráneo en cementerio de migrantes

Hizo un llamado a los países europeos aceptar a los migrantes y crear fuentes de trabajo

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Papa pide no convertir en Mediterráneo en cementerio de migrantes
Foto: EFE

En uno de los discursos más esperados de su pontificado, en la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo, el papa Francisco llamó hoy a una Europa envejecida, “abuela” a no tener miedo y a redescubrir su “alma” e identidad humanista y cristiana. Entre otras cosas, instó a los 751 parlamentarios de los 28 países miembros de la Unión Europea, que representan a más de 500 millones de habitantes, a “afrontar juntos la cuestión migratoria” porque “no se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio”.

Recibido por una ovación al llegar al hemiciclo del Parlamento Europeo, Jorge Bergoglio, que habló en italiano, arrancó diciendo que se dirigía como “pastor” para dar “un mensaje de esperanza y aliento”.

Un mensaje de esperanza basado en la confianza de que las dificultades puedan convertirse en fuertes promotoras de unidad, para vencer todos los miedos que Europa – junto a todo el mundo – está atravesando“, explicó el Pontífice, que con su habitual estilo directo y claro enumeró, sin eufemismos, todos los problemas que enfrenta el Viejo Continente, que está en crisis.

Una de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la soledad, propia de quien no tiene lazo alguno. Se ve particularmente en los ancianos, a menudo abandonados a su destino, como también en los jóvenes sin puntos de referencia y de oportunidades para el futuro; se ve igualmente en los numerosos pobres que pueblan nuestras ciudades y en los ojos perdidos de los inmigrantes que han venido aquí en busca de un futuro mejor”, destacó, en un discurso que duró más de media hora y que fue varias veces interrumpido por aplausos.

Después de apuntar que esa soledad se agudizó por una crisis económica de consecuencias dramáticas, el Papa constató que ” junto al proceso de ampliación de la Unión Europea, ha ido creciendo la desconfianza de los ciudadanos respecto a instituciones consideradas distantes, dedicadas a establecer reglas que se sienten lejanas de la sensibilidad de cada pueblo, e incluso dañinas“.

“Desde muchas partes se recibe una impresión general de cansancio y de envejecimiento, de una Europa abuela que ya no es fértil ni vivaz. Por lo que los grandes ideales que han inspirado Europa parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones”, denunció. “A eso se asocian algunos estilos de vida un tanto egoístas, caracterizados por una opulencia insostenible y a menudo indiferente respecto al mundo circunstante, y sobre todo a los más pobres“, agregó, al reiterar que todo ello es resaltado inevitable de la «cultura del descarte» y del «consumismo exasperado».

Francisco aseguró luego que para volver a tener esperanza en el futuro hay que volver a abrirse a la trascendencia. “Una Europa que no es capaz de abrirse a la dimensión trascendente de la vida es una Europa que corre el riesgo de perder lentamente la propia alma y también aquel «espíritu humanista» que, sin embargo, ama y defiende”, aseguró. Y reafirmó la centralidad de la persona humana, así como el “fundamental” patrimonio del cristianismo para la formación cultural del continente.

“Estoy convencido de que una Europa capaz de apreciar las propias raíces religiosas, sabiendo aprovechar su riqueza y potencialidad, puede ser también más fácilmente inmune a tantos extremismos que se expanden en el mundo actual, también por el gran vacío en el ámbito de los ideales, como lo vemos en el así llamado Occidente, porque es precisamente este olvido de Dios, en lugar de su glorificación, lo que engendra la violencia, subrayó.

A este respecto, no podemos olvidar aquí las numerosas injusticias y persecuciones que sufren cotidianamente las minorías religiosas, y particularmente cristianas, en diversas partes del mundo. Comunidades y personas que son objeto de crueles violencias: expulsadas de sus propias casas y patrias; vendidas como esclavas; asesinadas, decapitadas, crucificadas y quemadas vivas, bajo el vergonzoso y cómplice silencio de tantos”, agregó, provocando otro fuerte aplauso en el hemiciclo.

Enumeró luego, como desafíos para un futuro mejor, la importancia de mantener viva la democracia de los pueblos de Europa, la familia “unida, fértil e indisoluble”, la educación, el compromiso en favor de la ecología. “Respetar el ambiente no significa sólo limitarse a evitar estropearlo, sino también utilizarlo para el bien. Pienso sobre todo en el sector agrícola, llamado a dar sustento y alimento al hombre. No se puede tolerar que millones de personas en el mundo mueran de hambre, mientras toneladas de restos de alimentos se desechan cada día de nuestras mesas”, aseguró, generando aplausos. “Además, el respeto por la naturaleza nos recuerda que el hombre mismo es parte fundamental de ella. Junto a una ecología ambiental, se necesita una ecología humana, hecha del respeto de la persona, que hoy he querido recordar dirigiéndome a ustedes”, precisó.

Luego de subrayar también la importancia de las políticas de empleo y de volver a la dignidad del trabajo, llamó a afrontar la cuestión migratoria. “No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio. En las barcazas que llegan cotidianamente a las costas europeas hay hombres y mujeres que necesitan acogida y ayuda“, clamó.

Luego de subrayar también la importancia de las políticas de empleo y de volver a la dignidad del trabajo, llamó a afrontar la cuestión migratoria. “No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio. En las barcazas que llegan cotidianamente a las costas europeas hay hombres y mujeres que necesitan acogida y ayuda”, clamó.

“Europa será capaz de hacer frente a las problemáticas asociadas a la inmigración si es capaz de proponer con claridad su propia identidad cultural y poner en práctica legislaciones adecuadas que sean capaces de tutelar los derechos de los ciudadanos europeos y de garantizar al mismo tiempo la acogida a los inmigrantes; si es capaz de adoptar políticas correctas, valientes y concretas que ayuden a los países de origen en su desarrollo sociopolítico y a la superación de sus conflictos internos – causa principal de este fenómeno -, en lugar de políticas de interés, que aumentan y alimentan estos conflictos. Es necesario actuar sobre las causas y no solamente sobre los efectos”, señaló.

Así como fue recibido por aplausos, el Papa también fue despedido por una ovación y varios minutos de aplausos de pie. Antes, tuvo un momento muy emocionante cuando volvió a abrazarse con Elma Schmidt, la nonagenaria alemana que le había alquilado un cuarto a Jorge Bergoglio en 1986, cuando vivió unos meses en Alemania.

En su segundo discurso, en el Consejo de Europa, el papa Francisco le recordó al Viejo Continente su “responsabilidad en el desarrollo cultural de la humanidad” y llamó además ante esta institución a que tenga una “correcta relación entre religión y sociedad“.

Ante los miembros de la Asamblea Parlamentaria de la institución, que representa a 47 Estados, repitió en parte el mensaje que dio al Parlamento Europeo: “Hoy tenemos ante nuestros ojos la imagen de una Europa herida, por las muchas pruebas del pasado pero también por la crisis del presente”.

En ese sentido, consideró que el Viejo Continente “ya no parece ser capaz de hacerle frente con la vitalidad y la energía del pasado. Una Europa un poco cansada y pesimista que se siente asediada por las novedades de otros continentes“.

Con la visita al Consejo de Europa concluyó la visita récord para un papa y Bergoglio tomó el avión que lo devolvería al Vaticano.