Chelsea, donde distintas comunidades conviven en armonía

Entre restaurantes, galerías de arte, gimnasios y boutiques, se mueve una creciente población trabajadora

@JoaquinBotero

MANHATTAN – Con su ritmo acelerado, pero acogedor, Chelsea es un lugar que respeta y lucha por sus habitantes: bien sea la clase trabajadora, la nutrida comunidad gay, las personas de la tercera edad, o los muchos turistas de paso.

Y, por supuesto, también los hispanos, aunque había más después de la gran migración puertorriqueña posterior a la Segunda Guerra Mundial, que han envejecido y han visto partir a sus descendientes.

José Román (50) lleva casi toda la vida en este vecindario al oeste de Manhattan, desde que llegó de Puerto Rico a los cinco años. El carnicero de profesión dice que el barrio es amable y tolerante por su diversidad. “Por acá la gente realmente se toma el tiempo para responder cualquier pregunta y ayudar”. Román ha vivido todos los cambios recientes y no le molestan. “Nueva gente, nuevos edificios, el High Line y yo sigo acá”, dice el hombre soltero que vive con su tío en un edificio de renta estabilizada.

La maravillosa vía elevada High Line, que se inauguró su primer tramo, supone un mirador sinigual para el antiguo barrio que va de la calle 14 hasta la 34 y de la Sexta avenida hasta el río Hudson. Ocupa un área de dos kilómetros cuadrados. Tiene alrededor de 72,000 residentes.

Pese a ser famoso por sus restaurantes, galerías de arte, gimnasios, boutiques y condominios de lujo que han crecido los 15 años, el barrio sigue albergando a una gran población de clase trabajadora. Hay dos complejos de la Autoridad de Vivienda y 10 enormes edificios de la cooperativa South Penn, entre otros edificios de renta estabilizada.

Bonnie Williams (79), quien se jubiló como bibliotecaria en la 23 con la Séptima y ahora lidera una organización que ayuda a las personas de la tercera edad, lleva 16 años en un apartamento cooperativo y estuvo en una lista de espera por 14.

“Vivir acá es lo mejor que me ha pasado”, dijo. “Mi familia vive por todo el país y no quiere molestarlos. Ellos no se preocupan si tengo problemas porque acá me dan la mano. Esto me parece como una villa. Tengo los médicos al lado y llego fácilmente a donde quiero”.

César Durán (40) administra el restaurante Tequila’s Mexican Bar y Grill en la calle 23. Trabaja desde hace ocho años en el sector y le parece más tranquilo que en la calle 14, donde trabajó por 10 años.

“El restaurante se mueve, pero en la noche más el bar. Acá vienen muchos turistas, gente que va al Chelsea Hotel o que viene de los Chelsea Piers. El área es segura. Hay muchos vecinos que son personas mayores”, cuenta el nativo de Colombia, quien labora al lado de Olga Ramínez.

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Cómo llegar

Los autobuses M7, M10, M11, M12, M14, y M23 recorren el vecindario. Al igual que los trenes 1, 2, A, C, y E.

Estación de policía

Cuartel 10

230 West 20th Street

(212) 741-8211

Oficina de correo

US Post Officev217 West 18th Street

(212) 675-0548

Biblioteca pública

209 West 23rd Street

(212) 924-1585

Bienes Raíces

Para comprar

Un condominio de una habitación fluctúa entre 880,000 y 1,000,000.

Un apartamento de una habitación, 498,000

Un apartamento de una habitación en un edificio cooperativo, $460,000

Para alquilar

Los estudios promedian $2,000.

Apartamento de una habitación, $2,500 y $3,000

Un apartamento de dos habitaciones, $3,800

Historia

El militar británico Thomas Clarke compró la propiedad en 1750. La llamó como el distrito en Londres.

En 1827, la Diócesis Episcopal construyó un seminario y un convento que compartieron espacio con establos de animales. A mediados de siglo, se construyeron las manufactureras y destilerías de licor; también las primeras casas residenciales.

La industrialización de Chelsea trajo a muchos inmigrantes que trabajaron en factorías, en los puertos y en el tren de carga.

Carmen Matías

55 años

Nativa de Long Island City

Padre de Bayamón, madre de Caguas, Puerto Rico

Carmen Matías (55) trabajó como productora de televisión en los canales 5, 9, 13 y Bloomberg hasta jubilarse hace poco como empleada de la Autoridad de Vivienda. Ahora pertenece a la junta directiva de la cooperativa de viviendas Penn South, fundada por el sindicato de la costura en 1962. Vive en uno de los apartamentos, desde 2002, y estuvo 19 años en una lista de espera.

—¿Puede describir este complejo?

—Consta de 2,800 apartamentos. Sus habitantes reflejan toda la composición de la ciudad en la que vivimos. Hay profesores y empleados de la autoridad del transporte. Es un vecindario seguro, todos seguimos las reglas. Tenemos clubes de cerámica, de jardinería, de LGBT. Las edades de los ocupantes fluctúan entre cero hasta 102 años.

—¿Cómo es la rotación?

—Para poder heredar tienes que estar en composición original de la familia y residir en el lugar. Para aspirar a un espacio tienes que mandar una postal que si es recogida de una urna, eso te pone en una lista de espera.

—¿Qué no le gusta de Chelsea?

—Se está haciendo muy costosa para algunas personas. Hace poco fui a comprar unas pantuflas que costaron $100, y mientras las pagaba, pensé que mi papá ganaba $100 a la semana cuando trabajaba en una factoría. Son aplastantes todos estos cambios para gente de la clase trabajador.

—¿Qué es lo difícil de trabajar en estas cooperativas?

—No todos cooperan con los demás. Sería maravilloso si ocurriera. Por lo menos nuestro patrimonio son nuestros viejos, que son muchos. La gente que llegó joven en los años 60. Tenemos servicios sociales para ellos y les ayudamos con sus necesidades.

—¿Cómo era Chelsea hace 30 años?

—Muy de clase trabajadora, muchos irlandeses y también puertorriqueños. Gente que trabajaba en la industria de ropa. La comunidad se ha transformado.