Una brecha en la policía

La brecha entre la Policía de Nueva York y su jefe máximo, el alcalde Bill de Blasio, no se cierra. Una brecha similar a la del NYPD con la sociedad a la que sirve. Los abucheos y la vuelta de espaldas de algunos policías ante el alcalde demuestran que la división entre policía y sociedad no es sólo racial, sino que la desconfianza crece cuando la policía parece más preocupada de proteger algunos intereses que de servir mejor a la ciudad y a sus habitantes.

La grieta entre de las dos Nueva York —la rica y la pobre, la blanca y la de las minorías— que el alcalde prometió achicar, se abre de nuevo empujada por quienes tienen parte de responsabilidad para cerrarla.

Sólo la confianza y una colaboración abierta pueden ayudar a superar tragedias como el asesinato de los agentes Rafael Ramos y Wenjian Liu.

El alcalde alertó a los nuevos policías el día de su graduación: “Ustedes se enfrentarán a muchos problemas diferentes… problemas que ustedes no crearon”. De Blasio quiso cerrar heridas.

En la policía hay quien se exceden en sus demandas de un respeto para los uniformados que merecen todos los ciudadanos.

La actitud de algunos contrasta con la del líder de los policías latinos, Anthony Miranda, que ha recordado con buen sentido que “hay un tiempo y un lugar para todo”.

Cuando la policía da la espalda al alcalde y abuchea a quienes han elegido los ciudadanos para dirigir la ciudad las razones deben ser poderosas y transparentes.

Es hora de cerrar heridas tras el caso Garner y la muerte de dos agentes. El comisionado Bill Bratton tiene un enorme desafío para mejorar la policía y su relación con la administración y el pueblo.

Los manifestantes contra la policía deben ser respetuosos, los uniformados deben cumplir su deber con total respeto de todos y servir a los ciudadanos, y el alcalde debe cerrar las heridas de algunos comentarios poco afortunados para que el NYPD sea la policía de todos