Nuestros Barrios: La nueva cara de Parkchester

Un tranquilo y diverso lugar de El Bronx
Nuestros Barrios: La nueva cara de Parkchester
Un lugar que empezó a construirse durante la Segunda Guerra Mundial
Foto: Víctor Matos

Parkchester es como una casa grande que se construyó de una vez y a partir de ahí se fue expandiendo alrededor. Así, la comunidad planeada compuesta de 171 edificios cuya primera gran fase de construcción empezó durante la Segunda Guerra Mundial, se fue complementando en los últimos sesenta años con otras viviendas y una gran zona comercial.

Sus primeros pobladores fueron familias de trabajadores irlandeses, italianos y judíos, que dos generaciones después fueron reemplazadas por afroamericanos, hispanos y asiáticos. La misma casa, distintos ocupantes.

La avenida Metropolitan parte en semicírculo los edificios de terracota originales. Aún en los meses fríos es una delicia caminar entre ellos y ver las esculturas pegadas junto a las entradas o en lo alto en cualquier vértice.

Estefanía Hernández (18) y Elsie González (24) son dos primas de origen mexicano que viven cerca de los edificios, pero recorren y disfrutan de sus caminos arbolados, al igual que de los parques y fuentes.

“La gente se conoce, es un vecindario amigable. Hay mucho hispano y afroamericano, también indios y guyaneses”, dice Hernández.

“Pero a veces en las noches se siente inseguro, sobre todo cuando está muy frío y deshabitado. Ha habido robos de celulares”, complementa González.

La puertorriqueña Lidia Hernández (56) vive en los edificios desde hace 15 años. “El transporte es bueno con el tren 6 y conecta bien con los buses, aunque la caminada hasta el apartamento me conviene”, dice y agrega que sus vecinos son “dominicanos, puertorriqueños, ecuatorianos, indios e iraquíes”.

El vecindario está delimitado al sur por Westchester Ave., al norte por el vecindario de East Tremont, al oriente por White Plains Road y al occidente por Castle Hill Ave.

Según el Censo de 2010 tiene alrededor de 25 mil habitantes: 43% afroamericanos, 38% hispanos, 13% asiáticos y 4% blancos.

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Con todos los cambios y expansiones un 70% de los edificios son para arrendar y un 30% son condominios.

La hondureña Karen Argueta (33) vive desde 2009 en un apartamento de una habitación con su esposo y sus dos hijos pequeños, donde paga $900 de arriendo. “Este barrio me gusta por la tranquilidad. Los niños disfrutan de las zonas verdes sin miedo a los autos”, dice.

Karen toma el bus desde la estación Parkchester y otras veces camina 10 minutos hasta su vivienda. No necesita de Manhattan para hacer sus compras: Además del Macy’s y Marshalls, a distancia caminable también cuanta con negocios como Kmart, Gap y Old Navy

Bienes raíces

Comprar:

Condominios de una habitación fluctúan entre $110,000 y $130,000. Los de dos habitaciones promedian $150,000. Los de tres habitaciones desde $180,000.

Arrendar:

Apartamentos de una habitación empiezan desde $1,200. Los de dos habitaciones desde $1,400. Una casa de dos habitaciones, entre $1,500 y $1,600.

Cómo Llegar

Nueve rutas de buses, algunos expresos, recorren el vecindario o lo conectan con Manhattan y Queens.

El tren 6 tiene estaciones en Parkchester y Castle Hill Ave.

Un restaurante

Premium Sweets & Restaurant.

Dulcería y restaurante de Bangladesh. 2104 de Starling Ave. Sabores caseros para educar el paladar.

Un negocio

Ervin Vélez Real Estate

Este agente inmobiliario lleva 17 años trabajando en el barrio cerca al enclave comercial y residencial de inmigrantes de Bangladesh en la Avenida Starling.

Estación de policía

Cuartel 43. En el 900 Fteley Ave. Tel. (718) 542-0888.

Oficina de Correo

En el 1449 West Ave. Tel. (718) 931-1739.

Bibliotecas Públicas

En el 1985 Westchester Avenue. Tel. (718) 829-7830.

Parkchester fue construido entre 1939 y 1942 por la aseguradora Metropolitan Life con el mismo modelo que Stuyvesant Town–Peter Cooper Village y Riverton Houses en Manhattan. Luego el nombre se aplicó a todos las construcciones alrededor.

En 1974, un tercio del complejo fue convertido a condominios. Pero perdió valor por el abandono y el crimen. En 1998 empezó la renovación de la zona.