La tragedia en alta mar

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Más de 1,500 inmigrantes murieron en lo que vale del año en su intento de cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa. Cada día cientos de personas se lanzan al mar huyendo de la pobreza y la violencia para encontrar la muerte; esta semana se buscan cerca de 700 náufragos.

El clamor y el sentir de estos inmigrantes es muy conocido por la comunidad latina de Estados Unidos. Las aspiraciones de quienes cruzan Libia para tomar un bote improvisado que los lleve a Italia, una puerta de entrada a la Europa comunitaria, son similares a las de quienes cruzan México para llegar a la frontera con Estados Unidos. Las diferencias de economías, la disparidad de oportunidades y la falta seguridad crean un fenómeno global migratorio que pone en aprietos a las naciones desarrolladas.

La inmigración que llega a Europa está impulsada por los conflictos en África y el Medio Oriente. La desestabilización creada por el extremismo islámico es un motivo importante para el éxodo. Las cruentas guerras  se multiplican, destruyendo una infraestructura en desarrollo y creando odios que perduran por generaciones.

África, por su parte, también tiene profundos problemas de desarrollo económico. Las riquezas naturales  desaparecen en una corrupción crónica. Mientras que, a diferencia por ejemplo de América Latina, la falta de recurso humano capacitado dificultan las inversione.

Al  mismo tiempo, Europa no sabe cómo lidiar con esta inmigración. Parece existir una responsabilidad colectiva de evitar las tragedias en el mar mediante rescates, pero hasta allí llega la respuesta.

La reacción es el surgir de los partidos antiinmigrantes en la Europa rica (Reino Unido, Francia y Alemania) en economías que no se recuperan. El racismo tiene su cuota en esto, como el ver a los africanos y los árabes como una amenaza al estilo de vida y la cultura europea.

La historia del mundo es un relato de migraciones, de cambios demográficos obligados por guerra y pobreza. Hoy las naciones desarrolladas tienen el desafío de responder a esta realidad. Lo mejor sería alentar el progreso económico y la estabilidad política de las regiones con emigración. Hasta que esto sea posible, Europa tendrá que mirar más allá del presente para hallar una respuesta positiva ante esta crisis humanitaria.