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Hecho en Puebla

La sazón y la cerámica poblanas conquistan la Gran Manzana

Nueva York— En un vecindario con poca diáspora  mexicana, Blandie Medina conquista a sus vecinos rusos y paquistaníes con los platos tradicionales de las ciudades de Izucar de Matamoros y Atlixco, del estado mexicano de Puebla.

Mientras tuesta una variedad de chiles y especias para el mole poblano, según la receta de las mujeres de su familia, Blandie (39) explica que sólo uno de cada 10 clientes de su “rinconcito de Puebla” es mexicano.

Con orgullo comenta que su restaurante Blandies Place, en 2004 de la Avenida Bath, se convirtió en la cocina poblana del vecindario de Bath Beach. Los machetes (masa de maíz con frijoles) de Atlixco y el guaxmole (plato de Izucar de Matamoros y otras ciudades de Puebla) son los más solicitados.

Los cocineros de  Blandies Place son tan poblanos como la dueña.
Los cocineros de Blandies Place son tan poblanos como la dueña. Foto: Víctor Matos

“No vendemos comida mexicana, vendemos comida poblana”, sostuvo. “Al abrir la puerta, los clientes entran a una cocina tradicional de nuestros pueblos a las faldas del imponente volcán Popocatépetl”.

Medina destacó que establecer un restaurante mexicano en un área con pocos connacionales no representó un desafío. El apacible lugar, decorado con fotografías del Popocatépetl, pronto se hizo popular por su menú poblano. La cemita de Cholula -una ciudad en el valle de Puebla- rebosantes de salsa verde, queso de hebra y frijoles negros es la cena predilecta de los residentes de ascendencia asiática.

“Los cocineros son inmigrantes de Izucar de Matamoros y Atlixco”, dijo Blandie, original de Cholula. “Todos aquí somos orgullosamente poblanos”.

Además de rendirse a los sabores de Puebla, la Gran Manzana también se dejó conquistar por sus artesanías de colores vivos.

Pese a competir con grandes corporaciones, los artesanos y negociantes de Chignahuapan están ganando terreno en Nueva York con la comercialización de sus esferas navideñas de cristal.

Juan Carlos Torres vende las “esferas  navideñas” todo el año en la Gran Manzana. Foto: Mariela Lombard
Juan Carlos Torres vende las “esferas navideñas” todo el año en la Gran Manzana. Foto: Mariela Lombard

Juan Carlos Torres, un residente de Sunset Park y propietario de Hands of Mexico, importa desde 2007 las esferas decoradas a mano por unas 200 familias de su ciudad natal. Su meta, como miembro de la Asociación de Esfereros de Chignahuapan, es comercializar las frágiles artesanías a un precio justo.

Torres comentó que en el área triestatal vende al año entre 5.000 y 7.000 cajas de las frágiles artesanías, pero su mayor desafío es conquistar a la comunidad mexicana y latina.

“Aunque los estadounidenses aprecian el fino trabajo de nuestros artesanos, una gran parte de mis hermanos inmigrantes optan por esferas de plástico de las grandes compañías por ser más baratas”, se lamentó.

El comerciante es el enlace de los artesanos de su comunidad con los compradores del área metropolitana, pero también abrió mercado en California, Illinois y Florida. Con orgullo, Torres explicó que su ciudad natal, en el norte del estado de Puebla, produce hasta 70 millones de esferas al año que también se distribuyen en Europa y Canadá.

Los adornos navideños hechos por los esfereros de Chignahuapan tienen buena acogida entre los neoyorquinos. Foto: Mariela Lombard
Los adornos navideños hechos por los esfereros de Chignahuapan tienen buena acogida entre los neoyorquinos. Foto: Mariela Lombard

Las esferas de Chignahuapan llamaron la atención de los neoyorquinos en 2006, cuando Torres logró que el entonces alcalde Michael Bloomberg accediera a decorar la Mansión Gracie con las coloridas figurillas.

“Nuestros artesanos dejan un trozo de su alma en cada esfera. Los trazos delicados hablan de la dedicación y la inventiva poblana”.

Las artesanías de cristal se venden todo el año en Estados Unidos, pero los mayores ingresos se registran en la época navideña.

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