Una renta estabilizada muy necesaria

La expresión más común que escuchamos estos días entre nuestra gente es: “Vivir en Nueva York se ha convertido en un lujo”. Y lo dicen con justa razón porque informes demuestran que desde el 2000 hasta 2012 los hogares que están pagando un alquiler que cuesta más del 30% de sus ingresos han pasado de ser el 40.5% a sumar el 50.6% del total.

Por eso es tan crucial que la Legislatura estatal se ponga del lado del inquilino ahora que estamos a un mes de que venzan las leyes de renta regulada. Los cambios en la ley deberían preservar el casi millón de viviendas de renta regulada, crear viviendas asequibles en las nuevas construcciones y eliminar beneficios fiscales en una industria que sólo los necesita para crear vivienda asequible.

Desde el 2011 se han perdido un promedio 35,000 unidades de renta controlada debido a leyes arcaicas y débiles que afectan a inquilinos de bajos recursos.

Al menos 2.5 millones de neoyorquinos con unos ingresos medios por hogar de $36,600 se benefician actualmente de estos alquileres. El clamor de esos inquilinos ha resonado fuerte estos días en diferentes vecindarios.

La batalla para fortalecer las leyes de renta estabilizada tiene varios frentes. Uno de los puntos que requiere urgente atención es la necesidad de establecer nuevas reglas de juego a los desarrolladores inmobiliarios para expandir y garantizar un número considerable de vivienda asequible. Resulta ilógico que sigamos dando alivio fiscal a estas empresas sin que estén obligadas a dotar vivienda digna para la gente de bajos ingresos.

Tampoco podemos permitir que caseros abusivos castiguen a los inquilinos pasándoles las facturas de las reparaciones a las que están obligados, y lo que es peor, el hostigamiento para obligarlos a dejar esos departamentos con el único objetivo de poder aumentar en un 20% el alquiler. Esto tiene que parar. Nueva York debe ser una ciudad para todos, no sólo para los pudientes.

Hay varias propuestas sobre la mesa de debate para reformar la ley de alquileres. Necesitamos que los legisladores y el Gobernador Andrew Cuomo inclinen la balanza para proteger mejor a los inquilinos. No forcemos a nuestra clase trabajadora a huir de Nueva York.