Más tropas de EE.UU. para Irak

El envío de 450 soldados para entrenar y ayudar a las tropas iraquíes en la recuperación de terreno perdido, a manos de los combatientes de ISIS,  es un paso incómodo y potencialmente peligroso para el Presidente Barack Obama, quien desde el principio ha tenido el propósito de dar fin a la presencia estadounidense en Irak.

 

La reticencia de Obama es comprensible. No hay nada más deseado por los extremistas islámicos que enfrentarse a los soldado estadounidenses. La presencia de estos soldados en la región será un importante argumento en la campaña para reclutar combatientes. El peligro es el escalamiento del conflicto ante situaciones incontrolables desde Washington, como la captura o la ejecución pública de soldados.

 

Estos asesores militares se unirán a otro 3,000 que ya están en Irak bajo la misma misión. Según el Pentágono, los 450 establecerán una nueva base militar para entrenar a los efectivos que participen en la recuperación de la ciudad de Ramadi. El jueves, un día después del anuncio del nuevo envío de asesores militares, el jefe del Comando Conjunto de la Fuerzas Armadas, general Martin E. Dempsey, dijo que esto podría conducir a la  creación de más bases estadounidenses, con un presunto aumento de tropas para ocuparlas.

 

El avance de ISIS en Irak despierta gran preocupación por su efecto desestabilizador e impredecible en la región, ademas de su brutalidad. Este sentimiento es compartido por los europeos que también sienten el éxodo migratorio de quienes huyen del caos. La coordinación con ellos es importante en esta guerra.

 

Hay quienes como el senador y precandidato presidencial republicano, Lindsey Graham, que propone enviar hasta 10 mil soldados para combatir ISIS, que creen que las tropas estadounidenses pueden ganar la guerra. Esta es una receta para un escalamiento sin un plan claro, lamentablemente algo demasiado conocido.

 

Una estabilidad que perdure en la región solo puede obtenida por los países del área. El enfrentamiento entre chiitas y sunis no será resuelto por nadie más que ellos. El mismo plan estadounidense de ayudar a que las guerreros de las tribus sunis se incorporen al ejército chiita de Irak, es tan solo un ejemplo de una misión difícil de alto riesgo y visibilidad que requiere en Washington cautela.