Los Abarca hacían el súper y viajaban en taxi en la Ciudad de México
Surgen más revelaciones sobre el caso Iguala
México – El ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y su mujer, María de Los Ángeles PinedaVilla, tenían una vida casi normal durante los dos meses en que fueron la pareja más buscada del país por permitir el tráfico de droga del cártel Los Guerreros Unidos desde le municipio de Iguala y de ser los autores intelectuales de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos, de Ayotzinapa.
Iban al súper en un coche Spark azul y tomaban taxis como cualquier hijo de vecina en la colonia Los Tenorios de la delegación Iztapalapa, donde finalmente fueron capturados gracias a una llamada anónima de una persona que los vio de compras en la Comercial Mexicana, una de las cadenas de abarrotes más importantes de México.
Fue un viernes 24 de octubre de 2014 cuando la Policía Federal recibió “el pitazo”. El informante anónimo incluso se dio a la tarea de tomar el número las placas y darlo con santo y seña, según la averiguación previa PGR/SEIDO/UEIDMS/871/2014 que la Procuraduría General de la República hizo pública esta semana.
Durante los siguientes meses al ataque de la policía municipal de Iguala y de Cocula en contra de los estudiantes, la pareja fue una de las más odiadas del país.
Al tener en la mano el número de placas, los agentes pidieron a la base de operaciones investigar el nombre del propietario del automóvil y resultó ser de Noemí Berumen Rodríguez, una amiga que la hija de los Abarca conoció conoció en la Universidad Anahuac del Sur, una de las más prestigiosas del país.
Los agentes comenzaron a seguir los movimientos de las personas cercanas a los Abarca y así dieron con el el domicilio que tenían prestado en la calle de Cedros 50, donde se postraron hasta tener una oportunidad para la captura que ocurrió una madrugada del día 5 de noviembre, dos semanas después de que se les vio en la Comercial Mexicana.
Un taxi pasó por la pareja y, al percatarse de que había policías, huyo para dejar a la vista a los inculpados. Moreno, cubierta del rostro con una mascada negra y dorada, intentó sobornarlos con 2,000 dólares, la promesa de otros 45,000 y un Mercedez Benz. “Jamás volverán a vernos·”, dijo antes de que le pusieran las esposas.