¡Cría hermanos bien hermanos!

Psiquiatra asegura que es tarea de los padres fomentar fuertes lazos de hermandad

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¡Cría hermanos bien hermanos!

Edificar unos lazos fuertes de hermandad entre los hijos es uno de los retos que los padres tienen en el proceso de la crianza, ya que, lo que más desea todo progenitor es que siempre todos sus retoños se lleven bien.

Y es que no hay cosa más frustrante para un padre que el tener unos hijos que no se apoyan, no se buscan entre ellos mismos y solo se la pasan peleando.

“Todo padre desea que sus hijos sean hermanos bien hermanos”, dice el psiquiatra Luis Sandoval, vinculado a Kaiser Permanente. “En otras palabras, que entre ellos se la lleven bien”.

¿Cómo se logra? Sembrando entre ellos, desde muy temprana edad, los sentimientos de cariño, compresión, respeto, compasión, amistad, confiabilidad, acompañamiento, cooperación, empatía y demás valores característicos de la hermandad.

Y es que como dice el Dr. Sandoval, la relación de hermanos “es una relación única y profunda al estar cimentada por los lazos de sangre, algo muy diferente a la relación que se lleva con algunos amigos” que queremos y sentimos como si fueran nuestros hermanos.

El manejo de la competencia y el conflicto

Aunque las peleas son normales entre los hermanos, el galeno señala que es misión de los padres controlarlas y, a la vez, reforzar entre los hijos el cariño, el respeto, el apoyo, la ayuda y la cooperación mutua.

“En algunas familias las peleas [entre los hermanos] están a la orden del día y esto no es saludable para la relación, ni para la dinámica familiar, sobre todo cuando se deja que su intensidad crezca y llegue al nivel del irrespeto y la violencia”, resalta el Dr. Sandoval. “Los padres deben estar atentos a ellas y controlarlas, enseñándole a los niños que deben aprender a solucionar los conflictos entre ellos mismos usando la técnica de la negociación y la comunicación”.

La sana competencia

La competencia entre los hermanos también es normal y, hasta cierto punto, saludable porque indirectamente motiva al reto y mejoramiento personal, pero debe controlarse cuando uno de los hijos es siempre el ganador y la estrella y, ante esto, se da en la relación de padre a hijo la comparación.

“La comparación que conlleva a estar celebrando siempre las habilidades sobresalientes de un solo hijo puede llegar a afectar la seguridad y la autoestima del hijo que siempre pierde, y esto no es saludable”, señala el experto en comportamiento humano. “Es misión de los padres descubrir las habilidades de cada uno de sus hijos y celebrarlas a la par y nunca permitir que uno de sus hijos se sienta superior al otro, ni menos que se presente entre ellos el acoso promovido por el complejo de superioridad”.

Prohibida las preferencias

La acción consciente o inconsciente de preferencia que algunos padres tienen hacia uno de sus hijos — ya sea por ser el mayor o el menor, por ser la mujercita o el hombrecito o por ser el más inteligente o más parecido al abuelo o la abuela— puede crear resentimientos entre los hermanos, algo que interfiere en la misión de fomentar la estrecha hermandad entre los hijos.

“Es normal que la personalidad de un hijo compagine mejor con la personalidad del padre o la madre y, por ello, se cree la preferencia”, explica el Dr. Sandoval. “Pero, como padre, hay que estar consciente que la acción de preferencia hacia determinado hijo lastima a los otros y crea celos, inseguridad y resentimiento entre ellos, sentimientos que en vez de unirlos los alejan, debilitando los lazos de hermandad”.

“Como adultos pensantes, los padres también tienen que acordarse que ellos son los padres de todos sus hijos y, por ello, tienen que tratarlos por igual”, agrega el galeno.

Y para lograr un trato equitativo de padre a hijo se requiere hacer un análisis consciente de la personalidad de cada hijo y tratarlos de acuerdo con sus gustos y  forma de ser.

“El trato equitativo de los padres con todos sus hijos es fundamental”, repunta el Dr. Sandoval. “Cuando éste no existe, los hijos pueden llegar a irrespetar a sus progenitores incitados por los celos y el resentimiento que se crean tras la preferencia hacia un solo hijo”.