Irma Camacho, una bisabuela en la batalla contra el crimen

Es la mujer que tomará las riendas del municipio de Temixco tras el asesinato de la alcaldesa Gisela Mora
Irma Camacho, una bisabuela en la batalla contra el crimen
Irma Camacho, alcaldesa de Temixco.
Foto: Gardenia Mendoza / Impremedia

México – Hace unos días, cuando el calendario marcaba los primeros minutos de 2016, no había dos guardaespaldas prestos a disparar sus largas AK47 ante cualquier amenaza al largo muro que divide la calle de la casa de dos pisos pintada de naranja y amarillo con un frondoso mandarino al frente.

Tampoco había sido asesinada Gisela Mota horas después de asumir la alcaldía de Temixco (el 2 de enero), ni Irma Camacho, de 65 años, dueña de la colorida vivienda, profesora de primaria jubilada, madre de cuatro hijos, abuela de seis nietos y dos biznietas, imaginaba que sustituiría a la mujer de 33 años que meses atrás la había invitado a ser su suplente.

“Nunca vimos riesgo: en campaña salíamos solas, Gisela y yo, a recorrer las calles tocando puerta por puerta”, recuerda sentada en un sillón que es parte de la sala puesta en el patio, donde penden ocho piñatas. “No sé por qué la matarían”, afirma. “Me enteré porque alguien me llamó por teléfono, me dio mucho coraje, ¡cómo van a asesinar a una mujer trabajadora! Exijo justicia para ella y los que han muerto así”.

Irma Camacho y su hija Marita

Hace tiempo que las cosas no iban bien por el rumbo porque había muertos aquí y allá, cuerpos colgando de puentes, secuestros, extorsiones, pero no creyeron que serían atacadas por Los Guerreros Unidos y Los Rojos (dos células derivadas del cártel de Los Beltrán Leyva) aunque otros malandrines han atentado contra unos 100 ediles del país en los últimos años.

Graco Ramírez,  el gobernador del estado de Morelos, donde se encuentra el municipio de Temixco con sus 100, 000 habitantes, insinuó que el crimen está relacionado al apoyo que Mota dio al Mando Único, integrado por policías federales y estatales en sustitución de la seguridad municipal presuntamente cómplice del crimen.

– ¿Aceptará el Mando Único?- se le pregunta a la maestra Camacho. Muchos alcaldes se oponen por considerar que éste se puede volver un arma política dependiente del gobernador y de todos modos el crimen puede corromper a cualquiera.

– Aún no lo sé. Esa decisión que se tomará en cabildo, en equipo cuando entre en funciones.

Nada para el crimen

Son las 11:00 de la mañana y algo muy sabroso se cuece en la cocina. Se deduce por el aroma a cebolla frita y porque Marita Hiromoto (hija de Camacho; madre de Suyuco, la nieta consentida y enlace de prensa) está frente a la estufa y grita a alguien desde lejos. “Dile al poli que vaya por el epazote”.

El poli es uno de los vigilantes con armas largas que hoy cuidan a la maestra después de que un comando armado se metió hasta la recámara de su antecesora al grito de ‘¿quién es Gisela Mota?’ y la asesinó en la sala frente a sus padres por un asunto aún sin esclarecerse.

Irma Camacho 2

– Yo no quería esa guardia de seguridad, me fue impuesta- dice. Fíjate que no tengo miedo, tengo las manos limpias.

Irma Camacho “tiene sus propios mecanismos de protección”, cuenta en tercera persona. “Como Irma Camacho es muy creyente, todas las mañanas se persigna y camina hacia un pequeño altar en honor de la virgen de Guadalupe y se encomienda”.

Y más allá de su fe católica, también confía en las redes de protección social. En esa a quien dio clases durante 30 años, miles de ex alumnos que hoy son  empresarios, campesinos y hasta uno que otro famoso como el ex director del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales, Juan Manuel Delago.

Aún así acepta que debe ir a todos lados con vigilancia.

La familia

Irma Camacho riega sus plantas. A la izquierda, su hija Marita.
Irma Camacho riega sus plantas. A la izquierda, su hija Marita.

El ruido del portón se escucha chirriante y un hombre con rasgos asiáticos vestido de verde olivo entra con paso suave, justo cuando Irma Camacho, habla de su suegro, un médico oriundo de Osaka (Japón) a quien la Segunda Guerra Mundial empujó a Estados Unidos, donde no fue bienvenido por provenir de país enemigo, y luego a México, en un barco donde lo dieron por muerto y lo echaron al Mar de Cortés.

“Lo rescataron los delfines…”, afirma la maestra antes de interrumpirse. “Oh, te presento a mi esposo.

Manuel Hiromoto y la alcaldesa de Temixco están casados hace 45 años, todavía se llaman “mi amor” y hacen juntos las tres comidas. Se conocieron adolescentes poco después de que las familias de ambos hicieron de ese rincón de Morelos su hogar. La de ella, venía de Piripitio, Michoacán, en busca de una mejor economía; la de él, es más compleja.

Después de que “los delfines” sacaron al padre Hiromoto de las aguas, éste se unió como médico a un regimiento militar mexicano hasta el gobierno de este país lo reclutó en la Hacienda de Temixco junto con otros ciudadanos provenientes de Alemania, Italia y Japón. “Creían que eran espías (de la Triple Entente)”, dice Manuel.

Cuando al fin lo soltaron, sin pruebas, el abuelo Miramoto se quedóm se casó, tuvo hijos y enseñó a valorar la familia.

– ¿Apoya a su esposa como alcaldesa?

– Me preocupa por la responsabilidad que tendrá, pero todo va a salir bien.

Manuel no dice más. No quiere fotos ni más grabadora. Deja a su mujer con Marita que ya terminó de dirigir en la cocina a dos muchachas que ayudan en las tareas domésticas y viene a escuchar.

– ¿Qué hará si los criminales le piden que les dé el 10% de las obras públicas para lavar dinero o si le quiere decir qué hacer?- se le pregunta a la alcaldesa

– Cuando yo me sienta amenazada voy a recurrir al gobierno federal o estatal.

Irma Camacho se levanta del sillón. Alguien trae una frasco con agua, avena y chocolate: “Es para mi mono araña, me lo regalaron chiquitito, hace 21 años, es parte de la familia…  cuando tenía cinco años se peleó en el patio con mi hijo por un triciclo, como dos niños. “Ven te voy a mostrar”, comenta.

De camino se detiene frente a una fuente rodeada de flores y bonsáis. Levanta una maceta: “Mira, todos son tréboles de cuatro hojas: de la buena suerte. Tengo buena suerte”.