Ecatepec: la tierra que olvidó la Iglesia y ahora visita el Papa

Ningún jerarca ha alzado la voz contra las injusticias en este municipio que recibirá al Pontífice en su gira por México
Ecatepec: la tierra que olvidó la Iglesia y ahora visita el Papa
Obreros trabajan en el sitio donde el Papa Francisco oficiará una misa multitudinaria en el municipio de Ecatepec.
Foto: EFE

MÉXICO

En los primeros meses de 2002, el sacerdote católico Fernando Uribe tomó una decisión drástica. Así lo denunciaron pobladores de Santa Marta Coatitla, la comunidad donde se encuentra una de las 99 parroquias de la Diócesis de Ecatepec, el municipio más poblado del país conurbado de la capital mexicana.

“No habrá más misas de cuerpo presente porque apestan”, dijo a quienes lo solicitaron.

Días después ya no había muertos en su iglesia ni iglesia en activo. Durante dos semanas el obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda, al mando de la diócesis, decidió cerrarlas como un mecanismo de presión contra los feligreses que exigían la renuncia del cura Uribe por “grosero”.

–       Se tienen que aguantar porque no lo voy a quitar- alegaba Cepeda en público-. Así es la jerarquía católica, si no, cualquiera vendría a hacer un mitin y yo tendría que quitar a los curas.

La suspensión de los servicios religiosos doblegó a los quejosos que aceptaron a regañadientes la permanencia del párroco, aunque con un ánimo resentido. Algunos de ellos, como el comerciante Napoleón Ramírez, amenazaron con mudarse de religión a otra menos autoritaria o más cercana a la gente.

Quienes se quedaron vieron caer día a día la proximidad de los representantes de la Iglesia Católica con los pobres  e incrementar la simpatía con la clase política al punto de que al cumpleaños del obispo Cepeda en 2010 sólo acudieron políticos y famosos del nivel del entonces gobernador Enrique Peña Nieto o el hijo y heredero del empresario más rico del mundo, Carlos Slim.

A la par, las condiciones de seguridad se fueron complicando con la llegada de grupos del crimen organizado que agudizaron la violencia por narcomenudeo, secuestros, feminicidios, extorsiones y robos ante la mirada y la boca silenciosa de la iglesia católica aún cuando cambió de representante en Ecatepec tras la renuncia de Cepeda en 2012,

Pero los delincuentes no respetan sotanas ni templos.

Para la víspera de Navidad de 2013, un grupo armado tomó por asalto la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en la comunidad de Altavilla, municipio de Ecatepec, y dejó sin nada a 30 feligreses; un año después, el sacerdote del vecino municipio de San Benito, Cuautitlán Izcalli, Israel Garrido, quedó malherido con dos disparos en el abdomen durante un asalto callejero.

Muy cerca de las mismas calles que llevarán al papa Francisco el próximo 13 de febrero a la Unidad de Estudios Superiores de Ecatepec para ofrecer una misa ante los devotos ansiosos de paz y justicia porque quienes han abogado otros sacerdotes mexicanos de regiones lejanas a Ecatepec, donde han perdido la vida 50 desde 1990.

Entre quienes han logrado sobrevivir, el sacerdote Alejandro Solalinde arremete contra políticos locales, estatales y federales de la frontera sur con nombre y apellido; en Coahuila, el arzobispo Raúl Vera es ampliamente conocido por su defensa a favor de migrantes, mineros y prostitutas frente a abusos del gobierno o delincuentes es ampliamente conocida. En Michoacán, al menos hay tres curas que dan la cara.

Pero nadie en Ecatepec, el municipio más peligroso de México.

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