“El flamenco me salvó la vida”

Aparicio recibe reconocimiento a trayectoria profesional por parte del gobierno de España

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“El flamenco me salvó la vida”
El bailarín de flamenco salvadoreño, Edwin Aparicio, recibe hoy reconocimiento a su labor artística por parte del gobierno de España.
Foto: Steve Johnson / Steve Johnson

WASHINGTON.- El inmigrante salvadoreño Edwin Aparicio confiesa que, de adolescente, no le gustaba el flamenco “para nada”, pero el género musical no sólo le “salvó la vida” sino que ahora, décadas más tarde, por su talento en las tablas recibirá un reconocimiento oficial de España.

En entrevista con este diario, Aparicio se mostró “super contento” por recibir esta noche la “Cruz de la Orden al Mérito Civil”, de manos del embajador de España ante la Casa Blanca, Ramón Gil-Casares, en reconocimiento a su trayectoria profesional.

“Es un gran orgullo y estoy lleno de felicidad y agradecimiento”, dijo Aparicio, quien emigró a EEUU a los 11 años edad, durante la guerra civil en El Salvador en la década de 1980.

Aparicio encontró en el flamenco una vía para sacarse “el rencor, el odio, y la energía negativa” que cargaba entonces.

“El flamenco me salvó la vida literalmente, porque ser un joven en esa época era un poco peligroso, por todo el crimen en la ciudad. Para mi el arte, el flamenco me ayudaron a canalizar mis energías y evitar meterme en problemas”, observó.

Edwin Aparicio en una de sus presentaciones en Washington, DC
Edwin Aparicio en una de sus presentaciones en Washington, DC. Foto: Steven Johnson.

Sin ningún asomo de acento salvadoreño, Aparicio, de 40 años de edad, tampoco esconde su homosexualidad y destaca sus colaboraciones conjuntas desde 2013 con su esposo, Aleksey Kulikov, a quien conoció en un estudio de flamenco.

En un proyecto de 2015,  “Flamenco Men 2”, en el que todos los bailarines eran hombres, Aparicio explicó que quiso derribar los estereotipos sobre éstos porque “tienen muchos estilos y experiencias”.

Desde el “Teatro GALA”, su casa artística desde sus inicios en las artes escénicas y que hoy recibió la  “Placa de Honor ​de la Órden del​ Mérito Civil, Aparicio también ha coordinado el Festival Flamenco en los últimos siete años, con gran éxito.

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Sus pinitos, a regañadientes

Al recordar su paso por la escuela secundaria Duke Ellington, Aparicio agradece a un maestro que entonces lo despertó a la “dura realidad”: no estaba hecho para la danza contemporánea ni para el ballet clásico, pero lo animó a explorar el flamenco.

“Hablaba con el consejero de mi escuela y recuerdo que primero le respondí haciendo una cara fea… nunca había visto flamenco, pero fui a unas clases y me intrigó mucho las capas que tiene -el canto, el baile y la guitarra y cómo se incorpora todo-, y acepté intentarlo, ¿Por qué no?”,  observó el bailarín.

Aparicio, que aparte de emigrar de El Salvador jamás había estado en el exterior, recibió becas para estudiar “con los mejores” en España, pero no todo fue un “paseo de rosas” porque, según recordó, tuvo que superar un “enorme choque cultural y artístico”.

“Me miraban como un extranjero y, curiosamente no tanto como un salvadoreño, sino como un ‘americano’. Algunos me llamaban el ‘neoyorquino’ aunque yo les decía que era de la capital… pero trabajé duro y me di a respetar, y me quedan muy buenos contactos”, afirmó.

La universalidad del flamenco

Aparicio celebra que el flamenco, declarado hace cinco años patrimonio de la humanidad, se ha convertido en un fenómeno universal, poblando academias de baile en países como Japón, Puerto Rico, Argentina, Brasil, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua o Panamá.

“En Japón les gusta tanto que ofrecen contratos por medio año, y no he podido aceptar proyectos porque tengo acá mis raíces. Pero me dicen que es una maravilla, y tengo un amigo mexicano que se mudó de Madrid a Tokio, se casó con una japonesa, estableció una academia y le está yendo muy bien”, señaló.

Buscando nuevos referentes

Por otra parte, Aparicio lamentó que en la actualidad ya no queden muchos referentes internacionales en el mundo del flamenco, como lo fue el guitarrista Paco de Lucía, fallecido hace dos años.

“Se están muriendo, y hay algunas cuantas personas conocidos en el ámbito, pero no se han hecho tan famosas. Creo que lo que sucede es que están jóvenes y todavía están creando trayectoria y nombre”, dijo Aparicio, para explicar el “hueco de 20 años”.

Sin embargo, expresó admiración por Juan Manuel Fernández Montoya, mejor conocido como “Farruquito”, e hijo del cantaor Juan Fernández Flores, “El Moreno”, y la bailaora Rosario Montoya Manzano, “la Farruca”.

Cuando no está en los escenarios o de gira internacional con la compañía que lleva su nombre, Aparicio imparte clases de flamenco en la Washington School of Ballet, donde espera motivar a futuras generaciones de bailarines latinos.

Aparicio le repite a sus alumnos que, independientemente del país que le haya tocado en suerte a un artista para nacer o vivir, “el flamenco ya no solo es una expresión española, es para quien la quiera practicar… ya es una voz internacional”.