Esta cárcel en México parece un hotel y, sus reos, clientes VIP (fotos)

Cuatro años después de la riña entre miembros de Los Zetas y el Cártel del Golfo al interior del penal Apodaca, en Nuevo León, que dejó 44 muertos, hallan televisores, celulares, videojuegos, drogas, armas, y hasta saunas
Esta cárcel en México parece un hotel y, sus reos, clientes VIP (fotos)

Elementos de la Policía Estatal de Nuevo León realizaron un operativo en el penal de Apodaca donde encontraron toda clase de lujos en las celdas de los reos, así como distintas dosis de droga, dinero en efectivo y todo tipo de armas.

El Gobierno de Nuevo León, que encabeza Jaime Rodríguez Calderón, detalló en un comunicado de prensa que elementos policiales acudieron desde la mañana del miércoles a hacer una revisión al Centro de Readaptación Social (Cereso). Informó que, tras el operativo, se encontraron celdas acondicionadas con pisos cerámicos, aires acondicionados, pantallas de televisión, videojuegos, espejos panorámicos y cortinas.

También informó sobre el decomiso de 12 celulares, 169 películas, 24 USB, 23 mil 245 pesos, 483 “dosis de hierba seca, al parecer marihuana”; 123 “dosis de polvo blanco” y 107 “dosis de piedra en color blanco”. Además fueron hallados otros objetos como: 83 tijeras, 56 martillos, 38 cuchillos, 12 arcos de segueta y 9 seguetas, 37 desarmadores, 29 pinzas de metal, 122 objetos con punta de metal, 3 navajas, 2 serruchos, entre otros.

Este operativo se suma al ocurrido en días pasados en el penal de Topo Chico, donde el pasado 11 de febrero un enfrentamiento entre dos fracciones pertenecientes a Los Zetas dejó 49 muertos. En esa ocasión, los dos grupos criminales se enfrentaron con cuchillos y martillos.

En el Ceseso de Topo Chico se encontraron celdas con minisplits, frigobars, servicio de televisión de paga, baños privados e incluso un acuario. Decenas contaban con aire acondicionado y microondas. En uno de los patios del penal se localizó un establecimiento que fungía como bar. Además uno de los edificios contaba con baño sauna.

En ambas revisiones, las autoridades destruyeron los objetos no permitidos, entre los que habían colchones de gran calidad y otros lujos.

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El relator especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Juan E. Méndez, pidió esta semana al Gobierno de México una investigación ”imparcial y exhaustiva” sobre el motín en Topo Chico. Además, exigió “garantías de no repetición” de los hechos, que se traduzcan en una “mejora sustancial” en las condiciones de detención del penal donde, dijo, se dieron cuenta de los “privilegios” que tenían algunos de los líderes del crimen organizado recluidos.

En la visita del relator de la ONU al penal en 2014, Mendez constató la “flexibilidad excesiva” del régimen penitenciario, así como las condiciones de superpoblación del penal, que ronda el 35 %. Asimismo, en el informe que entonces realizó se refirió a la infraestructura deteriorada, las malas condiciones sanitarias, la mala calidad de la comida y los tratos “crueles, inhumanos y degradantes” a personas con discapacidad, entre otros aspectos.

No obstante, estas condiciones no son únicas al penal de Topo Chico. En octubre del año pasado, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dieron a conocer sendos reportes sobre las condiciones precarias, de hacinamiento y corrupción en las que se encuentran las cárceles de México.

James Cavallaro, relator de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre los derechos de las personas privadas de la libertad, denunció que durante su visita a cuatro penales estatales y federales México, realizada entre el 22 y el 24 de septiembre de 2015, observó “un ambiente de extrema represión”.

“La Comisión Interamericana advierte que en reclusorios federales y estatales en México se presentan patrones comunes y estructurales, tales como hacinamiento, corrupción, indebida atención médica, falta de privacidad, ausencia de oportunidades reales para la reinserción social, maltrato por parte del personal penitenciario a cargo de la custodia de las personas privadas de libertad, e imposibilidad de éstas para presentar quejas ante un órgano independiente”, denunció la comisión independiente de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

El Relator de la CIDH visitó el Centro Federal de Readaptación Social Número 1 “El Altiplano” (CEFERESO No. 1), así como el Centro Femenil de Readaptación Social Santa Martha, el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente y el Centro de Ejecución de Sanciones Penales Varonil Oriente.

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Por su parte, la CNDH denunció que existe un problema de superpoblación en los penales en el país, lo cual afecta no sólo la rehabilitación y reinserción de internos, sino que además les mina la posibilidad de una vida digna y no permite generar buenas prácticas en el sistema penitenciario.

En el documento llamado “La Sobrepoblación en los Centros Penitenciarios de la República Mexicana. Análisis y Pronunciamiento”, la CNDH expuso que actualmente hay una superpoblación penitenciaria del 25.4 por ciento, lo que significa que en las 388 prisiones mexicanas hay capacidad para 203 mil 084 personas, pero habitan en ella 254 mil 705 internos.

Ruth Villanueva, Tercera Visitadora General de la CNDH, advirtió que la sobrepoblación en las cárceles “es resultado del uso desmesurado de la prisión, que incluye rezago judicial, el cual se refleja en que casi el 50 por ciento de la población interna es procesada, así como la imposición de penas excesivas, a veces sin la posibilidad de medidas cautelares, o el otorgamiento de libertades anticipadas, y la falta de utilización de penas alternativas o sustitutivas de la pena privativa de libertad”.

Además pidió a las autoridades de los tres niveles de gobierno atender esta con políticas públicas esta problemática, pues ”para abatir la sobrepoblación se requieren programas integrales, más allá de la construcción de más prisiones”, dijo.

El papa Francisco, quien realizó una visita de cinco días a México, se refirió ayer al uso desmesurado de la prisión. El Pontífice se reunió este miércoles con internos del Centro de Readaptación Social (Cereso) número 3 de Ciudad Juárez, Chihuahua, donde manifestó que el problema de la inseguridad no se agota encarcelando “sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales que afectan a todo el entramado social”.

“A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos más que promover los procesos de rehabilitación que permitan atender los problemas sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona a determinada actitud. El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando, sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social”, dijo el Obispo de Roma.

El religioso pidió a los reos del penal de Juárez hablar con los suyos y contarles su experiencia, y así ayudar a frenar el círculo de la violencia y la exclusión. “Quien ha sufrido el dolor al máximo, y que podríamos decir experimentó el infierno, puede volverse un profeta en la sociedad. Trabajen para que esta sociedad que usa y tira no siga cobrándose víctimas”, dijo.

Francisco dijo que la reinserción no comienza en las paredes de los centros penitenciarios, sino en las calles de la ciudad. Habló de un sistema “de salud social” que busque no contaminar las relaciones sociales. “Un sistema de salud social que procure generar una cultura que actúe y busque prevenir aquellas situaciones, aquellos caminos que terminan lastimando y deteriorando el tejido social”.