Avance de Trump pone al Partido Republicano en su peor crisis de identidad en medio siglo

Su virtual candidatura ha dejado boquiabiertos a muchos republicanos, algunos guardan silencio y otros han salido a expresar abiertamente su rechazo
Avance de Trump pone al Partido Republicano en su peor crisis de identidad en medio siglo
Foto: Justin Sullivan / Getty Images

WASHINGTON.- La virtual candidatura presidencial de Donald Trump ha acercado al Partido Republicano a su peor crisis de identidad en medio siglo, con profundas divisiones sobre el futuro rumbo de su ideario conservador.

Nada de lo que ha ocurrido hasta la fecha en la contienda por la nominación presidencial ha seguido el guión previsto por los jerarcas del Partido: el exgobernador de Florida, Jeb Bush, por ejemplo, se perfilaba como el favorito y, pese a su apellido y un sólido cofre electoral, abandonó la contienda en febrero pasado.

Trump fue dejando en la polvareda a cada uno de sus rivales, incluyendo a los dos que podrían haber hecho historia como el primer presidente latino en EEUU, los senadores de Florida, Marco Rubio, y de Texas, Ted Cruz, en ese orden.

Y lo logró pese a su retórica incendiaria y a sus ataques personales contra cada uno de sus rivales  -llegando a hacer alarde de su virilidad, incluso-, pero las millonarias campañas publicitarias de éstos no pudieron con él.

Esto ha puesto al Partido Republicano frente a una coyuntura de crisis interna, que ha fragmentado al partido en varios grupos: los que lo apoyan hasta el final; los que huyen con rapidez en dirección contraria, y los que por ahora guardan silencio para proteger su propia supervivencia política.

El presidente del Comité Nacional Republicano (RNC), Reince Priebus, ha dicho que, cuando llegue el momento, el Partido cerrará filas en torno al candidato presidencial, que quedó soló en la contienda tras la reciente salida de escena del ex gobernador de Ohio, John Kasich, y el senador Cruz.

Pero, hoy mismo, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, dijo que en la actualidad no puede respaldar a Trump.

“Simplemente no estoy listo en este momento”, dijo Ryan a la cadena televisiva CNN, aunque añadió que espera poder hacerlo en el futuro.

“Creo que muchos republicanos quieren ver que tenemos un abanderado que porta nuestros estándares”, precisó Ryan.

Pero eso es parte del problema porque Trump ha roto los esquemas y cimientos tradicionales del ideario conservador: aborrece acuerdos comerciales como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA); ha adoptado una postura aislacionista en política exterior, y ha tambaleado respecto a asuntos sociales como el rechazo al aborto.

Al Cárdenas, expresidente de la Unión Conservadora Americana y del Partido Republicano en Florida, reconoció que si bien el fenómeno Trump responde al descontento de la base con el “establishment” político en Washington,  ha habido poco tiempo para analizar el ADN político del magnate de Manhattan.

La esperanza, según Cárdenas, es que Trump demuestra que sí tiene madera para vencer a los demócratas en noviembre pero esa evolución “es todo un trabajo en progreso”.

Otros figuras prominentes del Partido, como los expresidentes George H. Bush, y Bush hijo,  y el excandidato presidencial republicano en 2012, Mitt Romney, han dejado en claro que no votarán por Trump en los comicios generales del próximo 8 de noviembre.

El comentarista ultraconservador, Bill Kristol, desde hace meses había venido exigiendo que el “establisment” político republicano frenara el avance de Trump, y ayer acudió ayer a Twitter para advertir del gran error que sería, a su juicio, votar por él.

Varios líderes republicanos del Senado, entre éstos la senadora Susan Collins de Maine, ha dicho que si Trump insiste en construir muro “tendrá que mejorar las relaciones”  con mucho, mientras otros  han expresado públicamente que no les interesa ser escogidos como compañero de fórmula de Trump.

La renuencia de muchos a apoyar al candidato presidencial del partido es bastante inusitado y refleja, sobre todo, el temor de los legisladores republicanos de verse arrastrados en una posible masiva derrota en las urnas por culpa de Trump.

Mientras, los demócratas, ávidos de recuperar el control de ambas cámaras del Congreso, hacen lo propio por aprovechar la aparente crisis dentro del Partido Republicano, remachando prácticamente a diario cómo Trump ha insultado a importantes bloques electorales, incluyendo las mujeres, las minorías y los inmigrantes..

Según Frank Sharry, director ejecutivo del grupo pro-inmigrante America´s Voice, la elección presidencial de 2016 será una “prueba de fuego” para el Partido Republicano, y advirtió que quienes apoyen a Trump “serán marcados para el resto de sus vidas como cobardes morales”.

“Esta es una prueba de fuego. Todo Estados Unidos está observando y tomando nota. ¿Aborrece el fanatismo y el autoritarismo y abraza nuestra creencia en E Pluribus Unum, o se queda con el nominado cuyas políticas y opiniones están sumergidas en el racismo?”, dijo Sharry en un comunicado.

Es la tormenta interior que afrontan ahora los republicanos.