Joven dreamer discapacitada de Chicago enfrenta dura batalla para superarse

Aunque está amparada con el programa DACA, Monserrat Morán asegura que le resulta difícil conseguir trabajo por su discapacidad. Pero ella lucha con decisión para salir adelante. Usted puede apoyarla
Joven dreamer discapacitada de Chicago enfrenta dura batalla para superarse
Monserrat Morán no tiene completas sus extremidades pero esto no ha sido impedimento para que cultive su pasión por el arte y prepare deliciosos tacos.
Foto: Belhú Sanabria/La Raza

Enfrentar obstáculos se ha convertido en una constante en la vida de Monserrat Morán, una joven mexicana que nació con algunas extremidades incompletas.

Haber nacido con brazos pero sin antebrazos ni manos y tener dos piernas de diferente tamaño no ha sido impedimento para que Morán, de 28 años, desarrolle su pasión por el arte y prepare deliciosos tacos en su vivienda del barrio de La Villita.

Monserrat estudió la primaria en Kanoon Elementary Magnet School y se graduó de la secundaria Marie Sklodowska Curie Metro. La joven recibió atención médica en el Shriners Hospitals for Children en Chicago hasta los 21 años.

Los maestros de la escuela Kannoon se percataron de su pasión por el arte y le recomendaron a la estudiante seguir estudios en la secundaria Marie Sklodowska Curie Metro. “A través de su programa de arte me enseñaron a dibujar, ahí es donde desarrollé mi talento”, comentó Morán quien se graduó de esa secundaria en 2007.

Monserrat Morán, de 28 años, residente del barrio de La Villita, se ha beneficiado con el programa de Acción Diferida para los llegados en la Infancia (DACA).
Monserrat Morán, de 28 años, residente del barrio de La Villita, se ha beneficiado con el programa de Acción Diferida para los llegados en la Infancia (DACA).

“Siempre me ha gustado el arte, nací con el talento para dibujar”, comenta Monserrat mientras escribe su nombre en una cartulina blanca.

Morán dijo que su experiencia en la escuela fue difícil porque el idioma inglés que no era su lengua natal y porque “en México no fui a la escuela para evitar el ‘bullying’. Llegar a Chicago a los 13 años y aprender todo de sopetón me costó trabajo y otra desventaja fue que yo era muy tímida”, detalló.

“Me quiero sentir útil, no una inútil”

Monserrat, última de seis hermanos, se benefició del programa de Acción Diferida para los llegados en la Infancia (DACA), un amparo legal que libra temporalmente a jóvenes indocumentados de la deportación y les permite tener un permiso de trabajo.

Jovita Gutiérrez, madre de Monserrat y natural de Matamoros, Puebla, guarda la esperanza de un mejor futuro para Monserrat, pero reconoce que pese a los esfuerzos su hija no ha conseguido empleo.

Monserrat Morán (izq.) y su madre Jovita Gutiérrez caminan por las calles del barrio de La Villita.
Monserrat Morán (izq.) y su madre Jovita Gutiérrez caminan por las calles del barrio de La Villita.

La ansiedad, frustración y depresión no han sido ajenas en la vida de la joven inmigrante. “Tengo depresión y migraña de forma frecuente. Me estresa no encontrar trabajo, no desenvolverme en lo que me gusta… Estoy en la casa sin poder hacer nada cuando no tengo material para pintar y dibujar”, comenta.

Morán quiere trabajar, estudiar dibujo y diseño gráfico pero no tiene los recursos económicos. “Voy a solicitar empleo pero no me dan el trabajo, asumo que es por mi discapacidad… Yo quiero trabajar, me quiero sentir útil, no una inútil”, reitera la poblana.

Necesita una silla de ruedas

Debido a que una de sus piernas es más larga que la otra, Monserrat usaba una prótesis en la pierna más corta que luego fue cambiada por un zapato ortopédico. “Me cambiaron la prótesis por el zapato ortopédico porque era incómodo caminar y para subirme a los carros era muy trabajoso. Pensé que sería mejor con el zapato ortopédico, sin embargo igual me duele la cadera y la cintura por el esfuerzo, es que está pesado el zapato y tampoco puedo amarrarme las agujetas”.

Monserrat Morán dice que el zapato ortopédico que usa es muy pesado y le produce dolor en la cadera y en la cintura. Ella necesita una silla de ruedas eléctrica para movilizarse y no depender de nadie.
Monserrat Morán dice que el zapato ortopédico que usa es muy pesado y le produce dolor en la cadera y en la cintura. Ella necesita una silla de ruedas eléctrica para movilizarse y no depender de nadie.

Monserrat tenía una silla de ruedas eléctrica operativa con la que se podía movilizar sin depender de nadie, pero se malogró. “La silla de ruedas manual que tengo ahora a mi madre le resulta difícil empujarla”.

“Estoy mal de la rodilla, a veces no aguanto el dolor y casi no puedo empujar la silla de ruedas”, mencionó Jovita a La Raza.

Jovita, viuda de 69 años, espera que un buen samaritano le tienda la mano a Monserrat porque ella dice no tener los recursos para ayudarla. “Monserrat no trabaja, el único sustento del hogar es su hermano, pero no es suficiente. Mi hija necesita una silla de ruedas eléctrica para que pueda movilizarse sola. Quisiera que Monserrat también tenga una orientación y ayuda para poder estudiar y desarrollar su talento que es el dibujo y trabajar para salir adelante”.

Ayude a Monserrat

Para ayudar a Monserrat Morán a comprar su silla de ruedas eléctrica, conseguir trabajo o apoyarla con recursos para que continúe sus estudios llame al teléfono: (773) 574-1302.

Discapacidad en cifras

La Oficina del Censo de Estados Unidos calculó en 2010 que hay más de 54 millones de personas en Estados Unidos que viven con alguna clase de discapacidad.