Cómo eran de chicos Messi, Di María, Banega, Lavezzi y Guzmán, la conexión rosarina de Argentina

Rosario es la ciudad que más futbolistas aporta a la selección albiceleste
Cómo eran de chicos Messi, Di María, Banega, Lavezzi y Guzmán, la conexión rosarina de Argentina
Messi, Di María, Banega y Lavezzi, de chicos.
Foto: Foto: Fichas de clubes

El primer gol lo hizo una pierna con un tatuaje de Rosario Central. En la foto del segundo había uno de Newell´s. Angel Di María y Ever Banega, determinantes en el partido contra Chile, forman parte del selecto grupo que también integran Lionel Messi, Nahuel Guzmán y Ezequiel Lavezzi. En la semana donde Rosario fue noticia por los ajustes de cuentas entre barras, con vínculos políticos y policiales, ellos son la otra cara de una ciudad que en sus calles respira tanto fútbol como el aire del río Paraná.

Leo construyó a Messi en sus potreros, jugando en la esquina de su casa en la calle Lavalleja, en el colegio General Las Heras, en el club Grandoli y en donde pudiera. Si hasta cuando lo mandaban a hacer las compras iba con la pelota. A Di María, el vínculo con el barrio lo marcó tanto que en su piel se tatuó la calle donde se crió: “Nacer en La Perdriel fue y será lo mejor que me pasó en la vida”. Banega aprendió en el club Nuevo Horizonte del barrio Saladillo a cimentar jugadas, mientras su papá trabajaba como albañil en la obra y después lo dirigía como entrenador del club. La desfachatez del Pocho es la de sus calles, y la experiencia de Guzmán la de su historia. Todos ellos hacen que Rosario sea la cuna de la selección, la ciudad que más integrantes le aportó al equipo argentino en esta Copa América.

Cuando Messi hace un gol señala al cielo en agradecimiento a la abuela Celia, que falleció en 1998. Ella fue una de las personas que más presente estuvo en la infancia de Leo, que todavía recuerda cuando los domingos iban con sus hermanos y primos a la casa y mientras ella amasaba los fideos para toda la familia, ellos se mataban jugando un picado en la calle. Y si bien hace 15 años que vive en España, cada vez que puede vuelve a la ciudad. Lo hizo después del amistoso con Honduras, a pesar del fuerte golpe que sufrió en la espalda. Y lo hará siempre.

Los amigos de la vida de Di María: Alex, Nico, Diego, Mauri, Jeremías y Bryan llevan el mismo tatuaje de la Perdriel que él tiene en el brazo izquierdo. Esa amistad se forjó en el barrio El Churrasco, en el norte de Rosario, mientras el Fideo ayudaba a su papá en la carbonería y jugaba en el club El Torito. El pase a Rosario Central, que se hizo por 26 pelotas de fútbol, terminó de sellar el amor de Fideo por el Canalla, donde debutó en Primera en 2005. Por eso se hizo un tatuaje en la pierna con el escudo del club y un bufón azul y amarillo.

Messi y Angel Di Maria
Lionel Messi y Ángel Di María.

La infancia más dura entre los rosarinos de la selección la tuvo Banega. “Sólo nos faltaba comer barro mojado, me crié en un ambiente muy duro“, dijo alguna vez el volante que se convirtió en el cerebro de la selección. De chico, su club Nuevo Horizonte jugó varios partidos contra el Grandoli de Messi. “Yo soy 88 pero mi papá era el entrenador de la 87 y me ponía. Leo nos pintó siempre la cara, era una pulga, le quedaba grande la camiseta pero igual la rompía”, recordó la semana pasada en una entrevista con LA NACION.

La vida de Nahuel Guzmán y la de Newell´s siempre fueron por el mismo camino. El arquero que comenzó en el club Social Lux fichó de chico con uno de los dos grandes de Rosario, siempre con el apoyo de su papá Jorge y su mamá Patricia. Incluso sus hermanas, Candelaria y Paloma, siguen jugando al voleibol en el club donde el Patón debutó hace once años.

El caso del Pocho Lavezzi es particular. Se crió en el club Coronel Aguirre de Villa Gobernador Galvez, en los límites de Rosario, y luego estuvo en las inferiores de Central durante algunos años, hasta que lo dejaron libre. Desde aquella época se volvió un trotamundos del fútbol y nunca más volvió a vivir en la ciudad, aunque cuando puede regresa a visitar a sus amigos y familiares.

Recién llegados a Chicago, Leo, Fideo, Ever, Patón y Pocho no están en el bar El Cairo ni forman parte de la mesa de los galanes, como seguramente le hubiera gustado a Roberto Fontanorrosa, el escritor y humorista quien alguna vez dijo: “Rosario no tiene historia, tiene mitología“. Ellos se encargan de escribirla.