No hay que dejar de soñar
Recuerdo la primera vez que vi los fuegos artificiales en vivo y no en la televisión. Ya tenía por lo menos 12 años. Mi familia y mis amigos estaban de pasadía en Riverside Park y las barcazas estaba en el río Hudson. Una vez que la noche cayó y los fuegos artificiales comenzaron, me sentí transportada a un lugar mágico. Los diamantes brillantes en el cielo se lanzaban hacia mí como rayos láser. Las centelleantes estrellas brillaban a la tierra después de estallar como una flor floreciente me parecían las lágrimas de los ángeles. Con cada explosión de luz mi corazón se precipitaba y se llenaba de maravilla al ser testigo de tal belleza.
Hoy en día los fuegos artificiales me afectan del mismo modo. Siento la maravilla del espectáculo.
Es fácil para los niños disfrutar de la magia que la vida ofrece. Los niños ven los fuegos artificiales y les despierta su imaginación. Le trae maravilla a sus vidas, y todos necesitamos un poco de maravilla.
Pero a medida que envejecemos se nos hace difícil y nos cuesta más creer que todavía la vida tiene cosas maravillosas para compartir con nosotros. Es más difícil aferrarse a nuestros sueños y creer que se harán realidad. Pero debemos hacerlo.
Hay que aferrarse a la maravilla de la vida y la esperanza de que las cosas buenas son todavía posibles. C.S. Lewis dijo, nunca eres demasiado viejo para establecer otra meta o para soñar un nuevo sueño. Vamos a soñar.
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-La Dra Vasthi Acosta es directora de Amber Charter School