El mito de los diez años

El mito de los diez años
El notario explicó que, debido a que mis padres habían estado en los EE.UU. por 10 años y tenían dos hijos estadounidenses, calificaban para una tarjeta verde. Pero lo que parecía simple se convirtió rápidamente en una pesadilla financiera y emocional. /ARCHIVO
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A finales de los años 90, las redadas de la agencia federal de inmigración (en ese entonces INS), llenaron a mis padres con el temor a ser deportados. Mis padres, no queriendo ser separados de mis hermanos y de mi, solicitaron asesoramiento legal. Los recuerdo diciendo que sólo querían vivir en paz; querían conducir, trabajar, y planificar para el futuro de nuestra familia sin el temor de fuéramos separados. Así, en el 2001, se encontraron con un notario que les prometió exactamente eso, paz, en la forma de la residencia permanente.

El proceso pareció sencillo a primera vista. El notario explicó que, debido a que mis padres habían estado en los EE.UU. por 10 años y tenían dos hijos estadounidenses, calificaban para una tarjeta verde. Todo lo que tenían que hacer era pagarle para presentar una solicitud. Pero lo que parecía simple se convirtió rápidamente en una pesadilla financiera y emocional. Después de ser entrevistados por un oficial de asilo, se les informó a mis padres de que su solicitud de asilo – que no estaban al tanto de que se había presentado en su nombre – fue denegada y que ahora estaban en proceso de deportación.

A partir del año 2001, mis padres estaban dentro y fuera de corte, luchando por la oportunidad de permanecer en este país – todo por la falsa promesa de un hombre codicioso. Durante once años, vi a mis padres tener dificultades juntando dinero que no tenían, y tuvimos conversaciones familiares sobre lo que sucedería si se vieron obligados a salir del país. Era difícil crecer sabiendo que podían ser retirados en cualquier momento, pero también me inspiró a seguir una carrera legal para que pudiera ayudar a otros como nosotros.

Todavía hay muchas personas que siguen siendo víctimas de esta estafa hoy. Como voluntaria legal en Se Hace Camino Nueva York, he conocido a varios neoyorquinos que, al igual que mis padres, solicitaron asesoramiento legal con el fin de encontrar la seguridad y han pagado miles de dólares a los que venden la misma solución “simple”. Un residente de Staten Island que conocí llegó a Nueva York en el año 2004 y tiene tres niños estadounidenses. Ella y su marido fueron a un abogado en Manhattan que les dijo que calificaban para una tarjeta verde “por el tiempo”. El abogado no les dio detalles y solo les dijo que tuvieran “confianza”.

Después de ir a un taller sobre el fraude, estos padres conectaron los puntos. A pesar de que el proceso les consiguió permisos de trabajo temporales, el documento que recibieron de inmigración con respecto a su aplicación aún pendientes decía “asilo”, serán puestos en proceso de deportación en el que tendrán que defenderse. Si hubieran sido debidamente asesorado, nunca hubiesen tomado el riesgo.

Estos son solo unos casos de muchos. Con las nuevas redadas del ICE y sin una decisión favorable sobre DAPA, las condiciones son propicias para que los malos agentes se aprovechen de las familias que buscan vivir en paz.

No podemos dejar que nadie nos engañe. Si usted o sus conocidos necesitan una consulta legal migratoria, haga una cita gratis con el nuevo programa de la Ciudad, ActionNYC por internet (aquí) o tras llamar a 311.

-Denia Pérez es una pasante legal con el Departamento Legal de Se Hace Camino Nueva York.