El culto a la Virgen de la Bala enfrenta a la Santa Muerte

Conoce la historia de los feligreses en un barrio popular de la Ciudad de México
El culto a la Virgen de la Bala enfrenta a la Santa Muerte
Virgen de la Bala durante una peregrinación por los barrios de Iztapalapa.

MÉXICO – Si los delincuentes y narcotraficantes tienen a la Santa Muerte como estandarte de fe; su contraparte, los ciudadanos de ley, potenciales víctimas y vulnerables tienen en la Virgen de la Bala, una imagen religiosa que se encuentra en un pequeño rincón del Templo del Señor del Sepulcro, ubicado en una de las zonas más peligrosas de la capital mexicana: Iztapalapa.

Son las 11:00 de la mañana de un día que desde temprano promete lluvia y desde temprano Hermelinda Hernández llegó para pedir milagros para los suyos.

La iglesia cuenta con ocho santos y vírgenes para todo tipo de devotos pero Hermelinda  viene particularmente a ver al Sagrado Corazón de Jesús para que sane a su hija y a la Virgen de la Bala para que cuide a su esposo, quien sale a trabajar todos los días a las 4:00 de la mañana, cuando las calles de la colonia Campestre son una boca de lobo, cuando los malandrines se esconden en la oscuridad.

“Lo han asaltado unas ocho veces, varias veces para quitarle el celular, la cartera, lo que pueden, aunque nunca le han hecho nada gracias a que se lo encomiendo a esta virgen”, dice a las puertas del templo, sentada en una banca en la que espera que a su hija le hagan la diálisis y su esposo regrese con bien. “Si los malos tienen a la Santa Muerte, nosotros tenemos a Nuestra Señora de la Bala”.

Hermelinda Hernández frente al templo que alberga la Virgen de la Bala
Hermelinda Hernández frente al templo que alberga la Virgen de la Bala

Los orígenes del culto a esta imagen dista mucho de los favores por la que ahora es aclamada con tanto éxito: en un día común la visitan entre 15 y 20 personas, según cuenta Eduardo Madrid, el sacristán, y la cofradía mandó hacer una réplica que peregrina de casa en casa para proteger durante un mes a quienes se sientan más vulnerables en la región.

La delegación Iztapalapa –una de las más pobladas de la capital mexicana- documentó en el último año de manera oficial 27,380 delitos, la mayoría (un 80%) de bajo impacto; el resto, secuestros, asesinatos, extorsiones, venda de droga al menudeo.

“Si uno pasa por aquí nunca está de más pedirle por nuestra seguridad”, dice Sofía Ramírez, una ama de casa de 52 años que pasó a rezar con su hijo unos minutos antes de seguir a casa con el mandado.

En otros sitios del país, sitios de internet locales promueven la devoción de la Virgen de la Bala como en Michoacán, una de las zonas que no puede controlar la presencia del crimen organizado. “¿En quién más se puede confiar?”, se pregunta en un artículo del sitio web noventagrados.com. “Si hasta personajes importantes del gobierno están involucrados en actos de violencia”

Similar pensamiento tienen policías y soldados quienes, según el párraco Miguel Ángel Cruz, “han adoptado” a esta imagen como protectora. “En realidad debería llamarse la Virgen Antibala”, precisa el historiador de arte Nain Alejandro Ruiz.

Sofía Ramírez en el rincón que alberga a la Virgen de la Bala
Sofía Ramírez en el rincón que alberga a la Virgen de la Bala

Las necesidades de estos tiempos marcaron la evolución del perfil de la devoción a la Virgen de la Bala que inició en el siglo XVII cuando un español que vivía en la zona acusó a su esposa de infidelidad y durante una discusión le disparó.

La mujer no tuvo otro objeto con qué defenderse más que el busto de la virgen y ahí mismo se incrustó  como prueba de la inocencia de la mujer, describe la historia católica escrita en un retablo a lado de la figura de alrededor de 30 centímetros, vestida de rojo y azul con incrustraciones de oro y plata falqueada por cuatro veladoras.

Desde entonces se le llamó la Virgen de la Bala y era adorada principalmente por mujeres que querían retener o buscar marido o gestar y parir sin dificultades hasta que la iglesia sorteó la imagen entre todos los templos de la ciudad y la el hospital de un hospital para enfermos de lepra.

Al cerrarse éste se trasladó a otro donde fue robada y no se supo de ella hasta que un cura la encontró y rescató de una casa de empeños y regresó a Iztapalapa, donde la gente la empezó a relacionar con su seguridad debido al nombre.