¿Vale la pena ser infiel?

Es fácil dejarte llevar por tu instinto animal, pero en el camino puedes perder muchas cosas
¿Vale la pena ser infiel?
Dopamina es la hormona que provoca sensaciones amorosas.
Foto: Shutterstock

La necesidad constante de amar y sentirnos amados a veces nos empuja a caer en tentaciones como lo es una infidelidad. Pero cuando en las relaciones de pareja se involucra una tercera persona, generalmente, la historia no tiene un final feliz.

“Debemos entender que por disposición genética todos venimos con la inclinación de ser infieles, que es lo que nos dictan unas áreas del cerebro y neurotransmisores que llevan a uno a la etapa del amor romántico, del apego y el desapego. Esas son las tres fases que tiene una relación o vínculo de pareja, independientemente de la identidad”, explica la sexóloga Carmita Laboy en entrevista.

Según la educadora, el modo de satisfacer esa necesidad de amar y ser amado dependerá de la cultura y los valores que rigen la sociedad en que se vive. Para Laboy, las personas casadas o comprometidas –sin importar la inclinación sexual– caen con facilidad en la tentación de buscar a un tercero en su relación, algo que en un principio se basa en entusiasmo y excitación.

“Los seres humanos, por satisfacer nuestras necesidades, estamos dispuestos a hacer lo que sea”, dice. Durante ese tipo de conducta “está rondando en mi cerebro la hormona del amor, que es la dopamina y me provoca todas esas sensaciones amorosas.

“Otra hormoma es la oxitocina, que es tan adictiva como la cocaína. El cerebro entra en otra región que provoca que me quiera con esa persona y pareja. Ese vínculo y sexo me lleva a esa relación para procrear y quedarme quieta, aunque la parte animal se manifiesta”, detalla.

A manera de ejemplo, explica que, “por eso, de repente una mujer está en la fila del banco, pasa este hombre y ella se estremece. Claro, ella no salió a ser infiel, pero las circunstancias y rutinas entran, y se pierde en el camino ese contexto de vínculo”.

Insiste en que la razón por la que mujeres y hombres flaquean en su compromiso es que pasan precisamente por esas etapas del apego y desapego porque atraen esas tentaciones de infidelidad. Y la triste realidad es que con ese comportamiento negativo lo que buscan es “subsanar su realidad y eso se llama triangular: porque A y B no compenetran y viene C, que puede ser el trabajo, el alcohol o una persona”.

Con la espontaneidad que la caracteriza, agrega que “lo peor que tiene la infidelidad es el engaño y la mentira. Claro, a menos que sea un consorcio de tres en un matrimonio o relación abierta. Si es acordado, no hay problema, pero si es infidelidad, es mutismo, engaño, mentira y violación a las pautas decididas”.

¿Se puede sanar la herida?

No todo está perdido cuando se comete la infidelidad. Laboy asegura que se puede realizar el ejercicio de autoanálisis siempre y cuando se sea honesto.

tristeza

“Una vez estás en eso, tienes que ver qué te llevó a hacerlo y qué provocó que pusieras tu atención en el tercer elemento. La persona que tiene ese tipo de relación lo primero que tiene que hacer es observar e identificar durante uno o dos días y anotar en un papel todo lo que piensa y siente. Van a aparecer unas variables y unas tendencias de qué es lo que necesitas para saber cuándo me debo salir de ese tipo de relación”, diserta.

Como investigadora y experta en el campo de la salud sexual, indica que “el síndrome me señala que esa tercera persona no se va a quedar con esa otra parte y habrá un desapego, un duelo, y esa persona infiel se irá a otro lugar”.

Destaca que “con quien es infiel la tercera persona también va a pasar un proceso de duelo y desapego. Hay que tomar en cuenta que el problema es de tres y la tercera persona no es necesariamente la culpable, porque puede ser la víctima”.

“La tentación siempre va a estar ahí, pero viene el dominio propio (para no caer) basado en la educación, los valores y todo lo que la sociedad me impone”, sostiene.

Para Carmita Laboy, es importante que las personas busquen ayuda profesional durante el conflicto. No avala que en medio de una crisis sentimental la gente recurra a buscar a “un o una amante, un vibrador, un negligé, o un perfume para revivir la llama del deseo sexual y amor”.

“Esto que te digo está evidenciado; se van a gastar mucho dinero y no buscan ayuda, se gastan $300 en esas cosas y no $100 en ayuda profesional”.

En tanto, exhorta que las personas hagan el ejercicio de analizar cómo quieren amar y ser amados. Recalca que ante las tentaciones, debes cuestionarte para qué quieres esa aventura.

– Frances Tirado

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