Nueva York ignora la toma de posesión

La ciudad prepara marchas anti Trump como protesta
Nueva York ignora la toma de posesión
Los dueños de La Morada, Natalia Méndez, y su esposo Antonio Saavedra en su restaurante de El Bronx, la morada./ Mariela Lombard

Nueva York quedó en estado de shock en noviembre tras la sorprendente victoria de Donald Trump, un candidato que esta ciudad, profundamente azul demócrata, rechazó. El tiempo ha secado muchas lágrimas, no todas, y ha dado paso a un enfado que se ha transformando en un espíritu combativo, en ganas de protesta pero también una cierta resignación e incluso, para algunos, una confusa esperanza.

Este era el caso de Susan Witzel, una masajista terapéutica, que aprovechó su día libre para ir a Times Square y esperar bajo las inmensas pantallas de ABC la ceremonia de juramento a las 9.30 de la mañana. Witzel no votó por Trump pero dice que su filosofía y espiritualidad la llevan a esperar y desear lo mejor por parte del nuevo presidente. “Y estoy tratando de mantener mi energía, aunque es duro”, reía.

En esta céntrica plaza de Manhattan donde se han reunido multitudes durante años para celebrar y hacer seguimiento de eventos trascendentales había menos tránsito que de costumbre. Es algo que no se le pasó por alto a Weitzel, “pensé que iba a estar llena pero no lo está, en realidad estoy orgullosa de que no haya nadie aquí, es un mensaje. ¡Buen trabajo, Nueva York!”.

Ciudadanos protestanto en la calle 57 con la Quinta Avenida, en las inmediaciones de la Torre Trump./Mariela Lombard
Ciudadanos protestanto en la calle 57 con la Quinta Avenida, en las inmediaciones de la Torre Trump./Mariela Lombard

La ciudad que vivió marchas la noche anterior y tiene previstas otra anti Trump para el sábado, no se volcó en la ceremonia, más bien la ignoró como señal de apatía y enfado.

En algunos bares estaban planeadas fiestas anti-inauguración con actos destinados a recaudar fondos para organizaciones como Planned Parenthood. En el centro de Manhattan, muchos de los bares y restaurantes tenían la televisión en un canal deportivo. En el Museo Whitney el precio de la entrada se dejó a la voluntad de los visitantes (como en otros centros de arte) y había una exposición sobre “My America,” sobre, inmigración, etnias y la complejidad de la identidad americana.

En Times Square apenas había unas 200 personas en el momento del juramento y el tráfico fluyó con normalidad en todo momento. Amy, una estudiante afroamericana de Brooklyn de 19 años, estuvo allí desde primera hora para verlo en el espacio público. “Quiero tener la mente abierta, no me gusta, pero no hay nada que podamos hacer ya”, explicaba, “Quiero darle una oportunidad porque todo el mundo la merece aunque espero que no hable en serio cuando dice todo lo que dice de las mujeres”, explicaba esta joven.

El Panel de ABC anuncia la presidencia de Donald Trump en una casi desolada Times Square al mediodia./ Mariela Lombard
El Panel de ABC anuncia la presidencia de Donald Trump en una casi desolada Times Square al mediodia./ Mariela Lombard

Quien decidió boicotear el evento fue otra joven mexicana, Yajaira Saavedra. Sus padres, Natalia Méndez y Antonio Saavedra, dueños del restaurante La Morada, tenían la televisión prendida mientras hacían los preparativos para el almuerzo y ella la apagó. “Es un acto simbólico, quiero boicotear el miedo que ha promocionado estas elecciones”, explicaba esta mujer de 28 años.

Los dueños de La Morada son mexicanos e indocumentados y llevan 25 años viviendo y trabajando duro en Nueva York “pagando impuestos”, explicaba Antonio Saavedra.

“Mi esperanza está en la comunidad y con ella vamos a seguir luchando contra las deportaciones o el oleoducto de North Dakota”, explicaba Yajaira. “Los políticos nos defraudan”, dijo antes de recordar las deportaciones durante la presidencia de Barack Obama y el hecho de que no hubiera aprovechado la mayoría demócrata en el Congreso para hacer más.

Yajaria Saavedra, hija de los dueños mexicanos del restaurante La Morada, apagó la televisión durante el acto de posesión./ Mariela Lombard
Yajaria Saavedra, hija de los dueños mexicanos del restaurante La Morada, apagó la televisión durante el acto de posesión./ Mariela Lombard

Sus padres admitían que ellos se han tomado con más calma la elección de Trump. Sin miedo porque dicen que para ellos la vida siempre ha sido difícil y en quien creen es en Dios. “Puede deportarme y matará las ilusiones de muchos pero no a la gente”, decía Natalia Méndez. Esta madre y empresaria explicaba que ningún político se ha portado bien con ellos, ni Bill Clinton ni Obama, “ahora al menos este señor dice las cosas abiertamente”.

“En guerra avisada no mueren soldados”, explicaba Natalia. Tanto ella como su marido dicen estar fuertes ante un presidente que ha anunciado un muro con México, deportaciones y acusado a los mexicanos de ser criminales. “Como pueblo estamos unidos y somos un muro más fuerte que el que quiere construir”. Esta mujer, de sonrisa fácil, explicaba que no teme ser deportada y que no han hecho nada malo “solo hemos creído en el sueño americano”.

Su esposo, que recalcaba estar espiritualmente fuerte, explicaba que muchos negocios están a la baja porque “mucha gente tiene miedo, hay un poco de tensión”.

 

Lorena Ambrosio protesta en frente de Trump Tower en el dia que Donald Trump asume presidencia de los EEUU./ Mariela Lombard
Lorena Ambrosio protesta en frente de Trump Tower en el dia que Donald Trump asume presidencia de los EEUU./ Mariela Lombard

Y pocos, muy pocos clientes se veían en las tiendas alrededor del fortín en el que se ha convertido la torre Trump en la Quinta Avenida. Allí, Lorena Ambrosio, era una de las apenas 50 personas que seguían protestando. Descendiente de peruanos pero nacida en Brooklyn esta mujer dijo estar esperanzada porque “la gente se está despertando y ve que esto no es un juego, va a haber un cambio”. Ambrosio cree que con Trump “ha caído la máscara de la supremacía blanca”. “La gente sin papeles, los afroamericanos y otras minorías ya lo sabían, ahora la máscara ha caído para todos”.

En la Iglesia Presbiteriana, a escasos pasos de la torre Trump, el mensaje de la puerta era un consejo de apenas dos palabras: “Ahora, serenidad”.