Jóvenes “dreamers” deportados continúan llegando a México

La administración del Donald Trump puso en riesgo a los "soñadores"

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Jóvenes “dreamers” deportados continúan llegando a México
Luis Fernado Ortiz López estuvo a un paso de obtener DACA poco antes de su deportación.

MÉXICO.- Luis Fernando Ortiz López, de 22 años, cursaba el primer año en Bluegrass Community and Technical College en Kentucky, cuando aplicó para DACA con miras a obtener alguna ayuda en su carrera de administración de empresas y marketing mientras trabajaba como entrenador de caballos para mantener a sus tres hijos.

A la par buscaba la nacionalidad a través de su esposa estadounidense pero unos meses antes de que le dieran la respuesta del programa para los jóvenes dreamers un error de conducta lo regresó a México, el país del que emigró a los 10 años junto con sus padres.

“Un día tuve una discusión fuerte (no violenta, afirma) con mi esposa. Estábamos en nuestra casa en Lexintong. Los vecinos alertaron a la policía, y cuando estos fueron a revisar me pidieron identificación o permiso”, cuenta en entrevista con este diario.

“Al ver que no la tenía me esposaron y llevaron a la cárcel del condado. En detención estuve peleando mi caso alrededor de un mes. No logro resolver nada, migración pasa por mí y me encierran siete meses hasta que me deportaron en los primeros días del gobierno de Trump”.

Desde que arrancó su administración, el presiente estadounidense, Donald Trump, ha sido claro en sus amenazas de retirar de DACA a los jóvenes que hayan cometido delitos  aunque sean menores como en el caso de Luis Fernando.

Así mantiene en vilo a los 800,000 beneficiados a pesar de que recientemente decidió que el programa se mantiene. De acuerdo con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por su sigla en inglés), alrededor de 1,500 de esos jóvenes han perdido su estatus de DACA desde 2012 por actividades criminales, casi el 80% mexicanos.

La organización New Comienzos brinda talleres de capacitación múltiple para deportados que buscan adaptarse a México.
Foto Gardenia Mendoza

La organización New Comienzos brinda talleres de capacitación múltiple para deportados que buscan adaptarse a México.

Entre ellos, el también mexicano Juan Manuel Montes, de 23 años, el primer dreamer expulsado a su país de origen. Tenía su protección válida hasta 2018 pero la perdió porque, según ICE, salió de Estados Unidos sin permiso y al intentar volver fue capturado; los abogados argumentan que fue detenido en la frontera cerca de la ciudad de Calexico y, al no tener sus documentos en la mano, fue obligado a salir del país.

Mi oportunidad de vida se fue a la basura cuando llegué a migración: vieron mis papeles, los ignoraron, no tomaron nada en cuenta y me convirtieron en un delincuente más, sin darse cuenta de lo que aporté y aún podía aportar a su país”, lamenta Luis Fernando, deportado de Kentucky, quien en cinco meses desde su repatriación no ha podido adaptarse.

Hiram Angel, investigador de políticas publicas y dreamers de retorno en la Universidad de Jalisco, observó que la adaptación de estos muchachos es muy compleja debidoa que estuvieron fuera desde niños, regresan con incertidumbre, miedo, pocas pertenencias y desorientados”.

Además, detalla, su estancia como estudiantes en México se vuelve casi imposible debido a que las escuelas publicas mexicanas no están capacitadas para incorporar a jóvenes binacionales a pesar de que ya hay algunos intentos por hacer una revalidación de estudios más ágil.

Luis Fernando ni siquiera ha tenido tiempo de analizar cómo podría continuar sus estudios aquí. Pasó de ganar 2,500 dólares a la semana en Estados Unidos a poco menos de 100 dólares (unos 2,000 pesos).

“El pensamiento de haberlo perdido todo en un momento deja secuelas psicológicas. Además no conozco mi cultura, el idioma me cuesta trabajo y moverme por la ciudad no me es fácil. Me siento sólo sin mi familia. He tenido que ser fuerte para no caer en vicios o depresión”.

La organización civil New comienzos, creada por jóvenes deportados en la Ciudad de México ha sido un colchón para conectarse entre ellos, pero aún adolece de presupuesto y la proyección de un programa integral nacional que sólo podría empujarse con apoyo del gobierno.

Jill Anderson, fundadora de la organización Los Otros Dreamers en Acción, señala que hace falta que las autoridades tomen en serio que hay miles de jóvenes dreamers que pueden regresar a México porque Daca sólo ha sido una proteccion a medias; no representa la “salvación”.