La “reina de la abstinencia” que Trump eligió para educación sexual

Valerie Huber tiene además un historial de negligencia en organizaciones civiles
La “reina de la abstinencia” que Trump eligió para educación sexual
Valerie Huber es una de las activistas de la abstinencia más activas en Estados Unidos.
Foto: abstinenceassociation.org

A principios de este mes, la administración Trump nombró a Valerie Huber, una conocida defensora de la educación sexual basada en la abstinencia, como jefa de personal de la Oficina del Subsecretario General del Departamento de Salud y Servicios Humanos del Gobierno, una decisión que puso en evidencia la visión conservadora que los republicanos iban a tener sobre este tema.

El nombramiento de Huber vino acompañado, además, de la aprobación de un nuevo presupuesto de $277 millones de dólares que serán destinados a promover metodologías educativas centradas en la abstinencia, lo que confirmó de forma definitiva que la ideología del “Just Say No” (“Simplemente Di No”) había regresado a la Casa Blanca.

Sin embargo, el expediente de la nueva empleada de la administración Trump no es tan sobresaliente ni tan ejemplar como muchas voces afirman, ya que, según The Daily Beast, su experiencia profesional es bastante limitada y su pasado esconde varios escándalos que ponen en duda su honradez.

Huber se opone rotundamente a la educación sexual que promueve el uso de preservativos.

Curiosamente, el interés de Huber por las políticas públicas comenzó después de que su hijo afirmara un día que en el colegio le habían explicado que, si quería mantener relaciones sexuales, el preservativo era imprescindible.

Indignada ante lo ocurrido y con el fin de acabar con este tipo de mensajes, la activista decidió fundar REACH, una entidad sin ánimo de lucro destinada a apoyar las metodologías que promueven la importancia de la abstinencia en la educación sexual de jóvenes y adolescentes.

“Mi objetivo inicial era marcar la diferencia en la vida de un niño (mi hijo), pero Dios tenía planes mucho más ambiciosos para mí“, aseguró Huber, quien siempre ha sido muy criticada por no tener clara la frontera entre la religión y la ciencia.

Ante el éxito de sus proyectos, la activista decidió abandonar en 2004 el liderazgo del grupo que había fundado para ocupar el puesto de coordinadora del sistema educativo basado en la abstinencia del Departamento de Salud de Ohio (DHS), un cargo que le permitió supervisar la educación sexual de más de 144,000 estudiantes a nivel nacional.

Sin embargo, durante este tiempo Huber fue muy criticada por los activistas del VIH de dicho estado, quienes aseguraban que sus discursos excluían a la comunidad LGBT, evitaban hablar del uso de preservativos y solo destacaban la importancia de esperar hasta el matrimonio para intimar.

Además, miles de personas también aseguraron que la funcionaria estaba utilizando fondos federales para comprar materiales que contenían “información falsa, engañosa o distorsionada” sobre asuntos como los anticonceptivos y el aborto.

Pese a que Huber no logró disminuir el número de embarazos adolescentes en Ohio, la activista continuó en su puesto de supervisora varios años más, aunque su integridad comenzó a ponerse en duda en enero de 2006 después de que se abriera una investigación sobre su colaboración ilícita con una empresa de marketing para desarrollar una campaña a favor de la abstinencia.

Finalmente, Huber fue declarada culpable de un cargo de negligencia y su actitud fue duramente criticada por el entonces director del Departamento de Salud de Ohio, Nick Baird, que aseguró en una carta que la actitud de su empleada “había atacado la confianza de los ciudadanos al crear una imagen impropia del departamento”.

La pérdida de confianza en su trabajo y las críticas recibidas hicieron que Huber dimitiera de su puesto en enero de 2007 para dedicarse por completo a la creación de la Asociación Nacional de Educadores para la Abstinencia (NAEA), un grupo de presión que después pasaría a llamarse Ascend.