Venezolanos emigran a México para “huir” de Maduro

Conoce la historia de Néstor Eduardo Ibáñez, de 36 años que tiene “regada” a su familia por toda América Latina
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Venezolanos emigran a México para “huir” de Maduro
Nestor Eduardo Ibáñez muestra la bandera venezolana mientras pasea por las calles de la Ciudad de México.

MÉXICO.-  Néstor Eduardo Ibáñez, de 36 años, tiene “regada” a su familia por toda Latinoamérica. La mamá y la hermana menor, en Perú; el hermano mayor, en Colombia; otra hermana en Venezuela y para diciembre próximo el padre vendrá a vivir con él a México como una ancla de salvación ante la crisis política y económica que vive su país.

En la Ciudad de México no conocía a nadie, sólo había escuchado que es un lugar “que acoge” y por eso vino con un poco de dinero, casi con una mano adelante y otra atrás, a pesar de que en Mérida (Venezuela) era dueño de una licorería y de contar con estudios de contaduría y una maestría con especialidad en pequeñas empresas.

“Estaba harto”, cuenta en tanto pedalea la bicicleta por las calles de la capital mexicana donde comenzó de cero pero ya está integrado: tiene un trabajo, se casó y espera un hijo. Está feliz aunque con un dejo de amargura por lo que ocurre en su país.

Hace tiempo que Venezuela se encamina hacia un régimen dictatorial sin contrapesos a la cabeza de Nicolás Maduro.

Maduro, quien llegó a la presidencia tras la muerte de Hugo Chávez  encarceló a sus críticos como Leopoldo López o Henrique Capriles; disolvió la Asamblea Nacional porque tenía mayoría de oposición y a pesar de  que había sido elegida democráticamente por 14 millones de venezolanos.

En los últimos meses se apropió del tribunal supremo, una maniobra que le ha permitido controlar el sistema judicial y manipular elecciones hasta la instalación de una constituyente para encaminar al país rumbo al socialismo.

El resultado ha sido un éxodo masivo que ha mirado a México como una alternativa de vida. Datos de la Secretaría de Gobernación dan cuenta de la entrada de 837, 709 venezolanos a este país entre el 1de enero de 2011 al 1 de agosto de 2017. El pico más alto fue en 2012 con casi 130,000 arribos tras la reelección de Hugo Chávez. En   2015 hubo 129,195 y en lo que va del 2017 van 50,732.

“El crecimiento ha sido realmente acelerado: hace ocho años, la migración de Venezuela a México era de apenas unas 300 personas al año”, advierte Carlos Hernández, experto en asuntos internacionales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Néstor Ibañez huyó en julio de 2012 cuando aparecía en todos los rincones de Venezuela arrasando con las empresas privadas y la economía empezó a cobrar la factura al país con inflación y desempleo aunque aún no con la escasez de alimentos y medicinas que provocan actualmente los saqueos y la emigración en masa.

En fechas recientes huyeron a Colombia alrededor de 120,000 personas hambrientas en dos días; otro tanto a emigrado a Brasil, Ecuador, Argentina…

En México, Ibañez sabía que tenía que cambiar de hábitos: levantarse a las 5:00 de la mañana y dormir a las 11:00 si quería sobrevivir a la jungla de la capital del país. Se metió a estudiar fianzas y así consiguió un trabajo en Intellego, una compañía de consultoría

especializada en soluciones para la gestión de la información, procesos y TI.

Ingresó como Analista de Centro de Propuestas y un año después como consultor financiero para pequeñas empresas con proyectos de gobierno hasta encabezar el área de Staffing Operations para diferentes proyectos tanto en público como en privado. “Aquí hay que dar más del 100%, es la única manera de competir en el mercado laboral.

La migración venezolana a México se caracteriza por tener en promedio un alto nivel académico que se inserta en diversas áreas de los servicios, principalmente, aunque hay un exótico sector que busca abrirse campo en la actuación de telenovelas o como edecanes y acompañantes.

En el mundo del espectáculo, Onasis, un estilista profesional de 43 años cuyo apellido prefiere reservarse, encajó perfectamente desde que emigró en 2012 .

Mientras come una arepa de frijol y bebe un jugo de “parchita” para bendecir la nostalgia en una improvisada fonda venezolana de la colonia Roma cuenta que Univisión (la televisora para la que trabajó) lo apoyó para conseguir la nacionalidad y ahora se siente orgulloso de ser mexicano, aunque su acento, cultura y raíces jamás saldrán de Venezuela, aunque le duela porque su madre y cuatro hermanos aún están allá.

“Están sufriendo y tienen miedo y no se sabe qué va a pasar”, lamenta. “Es muy triste porque desde acá podemos hacer muy poco. O nada”.