Puerto Rico: ¡Después de la Tormenta… la Estadidad!

OpEd por Alfonso Aguilar, presidente del Latino Partnership for Conservative Principles y miembro “en la sombra” del Congreso de EE.UU. (R-Puerto Rico)
Puerto Rico: ¡Después de la Tormenta… la Estadidad!

La gran devastación causada por el huracán María en Puerto Rico ha llevado a muchos a través de los Estados Unidos a expresar un noble y genuino interés por el futuro de la isla.  A raíz de esta terrible tragedia, como nunca antes, se ha tomado consciencia de que Puerto Rico no es un lejano país extranjero, sino un territorio de los Estados Unidos y que los 3.4 millones residentes de la isla son ciudadanos americanos.  Durante los pasados meses hemos visto como, en un espíritu de verdadera hermandad, ciudadanos de los cincuenta estados han alzado su voz para pedirle al Congreso y al presidente Trump que no se olviden de Puerto Rico y que ayuden a sus conciudadanos a levantarse.

Este sentimiento de solidaridad con el pueblo de Puerto Rico debe llevar al Congreso a reconocer que la isla no puede recuperarse plenamente de esta lamentable catástrofe bajo el actual status territorial en el que se encuentra y que ya ha llegado el momento de encaminarla hacia la admisión como un estado más de los Estados Unidos.

Hay que entender que, como territorio americano, Puerto Rico no tiene representación proporcional y con voto en el Congreso y que sus ciudadanos no pueden votar por el presidente en las elecciones generales; lo que significa que la Isla no tiene el poder político para que el Congreso y la administración de turno le preste la atención debida a sus asuntos.  La realidad es que Puerto Rico está a la merced del Congreso y este con frecuencia se olvida de la isla.

Como estado, Puerto Rico tendría cinco miembros en la Cámara y dos senadores que defenderían los intereses de la isla y se asegurarían que el gobierno federal atienda las necesidades de los puertorriqueños de la misma manera que lo hace para los ciudadanos del resto de la nación.

Por otra parte, el actual régimen territorial de la isla también impide que su economía pueda reponerse enteramente.  El limbo político de Puerto Rico, en el cual algunas leyes y regulaciones federales aplican y otras no, crea un ambiente de incertidumbre que aleja la inversión.

La estadidad, en cambio, le brindaría a Puerto Rico la estabilidad política necesaria para lograr un crecimiento económico sostenido y robusto.  Puerto Rico probablemente tendría un boom económico como el que Alaska y Hawái experimentaron después de ser admitidos como estados a mediados del siglo pasado.

La situación de desigualdad de los ciudadanos americanos de Puerto Rico, que mantiene a la isla rezagada económicamente, es insostenible.  A los cien años de la concesión de la ciudadanía americana a los residentes de la isla, aniversario que apenas terminamos de conmemorar el pasado 2 de marzo, los puertorriqueños reclaman que se les otorgue la plenitud de derechos que la constitución garantiza a todo ciudadano.  La mayoría de estos votó a favor de la estadidad en el 2012 y nuevamente el año pasado.  El Congreso ahora debe actuar para que después de la tormenta, Puerto Rico experimente la calma del progreso y la igualdad que solo la estadidad puede proveer.

 

 

El autor es presidente del Latino Partnership for Conservative Principles y miembro “en la sombra” del Congreso de EE.UU. (R-Puerto Rico).