Estudiante española es asesinada en Iowa sin suscitar denuncias de Trump y conservadores

La Administración Trump no ha comentado el asesinato de la joven española pero, hace dos meses, utilizó el asesinato de Mollie Tibbetts a manos de un inmigrante mexicano indocumentado para justificar un recrudecimiento de la lucha contra la inmigración ilegal.
Estudiante española es asesinada en Iowa sin suscitar denuncias de Trump y conservadores
La estudiante universitaria española, Celia Barquín Arozamena, fue asesinada en Iowa. Foto: captada de su equipo de golf en Twitter

WASHINGTON—La estudiante universitaria y estrella del golf española, Celia Barquín Arozamena, fue asesinada el lunes pasado en Iowa pero, salvo el luto de profesores, amigos y compañeros, su muerte aún no figura en el radar del presidente Donald Trump ni de líderes conservadores,  que sí politizaron el homicidio de Mollie Tibbetts a manos de un inmigrante indocumentado hace dos meses en el mismo estado.

Barquín Arozamena, de 22 años, cursaba su último año de ingeniería civil en la Universidad estatal de Iowa (ISU), donde se destacó como una talentosa golfista y miembro del equipo “Cyclone”,  al que ella bautizó como “Ciclonistas” para darle un toque hispano. La universidad ha organizado tributos durante toda la semana.

Durante una emotiva vigilia anoche en el recinto universitario, en la que abundaron abrazos de consuelo, lágrimas silenciosas, velas y listones amarillos –su color favorito-, su novio, Carlos Negrín Bolaños, y centenares de profesores, amigos y compañeros de equipo la recordaron como una joven talentosa, alegre, dulce y extravagante, que consideró Iowa su segundo hogar.

El director atlético de ISU, Jamie Pollard, le rindió tributo en Twitter, destacando su “sonrisa infecciosa” y “personalidad alegre”, al tiempo que lamentó “la trágica pérdida de Celia, una atleta estudiantil espectacular y embajadora de ISU”.

La joven fue nombrada “Mujer Atleta del Año” este año, y acababa de ganar en julio pasado el campeonato de atletas europeas aficionadas, representando a su natal España, además de que participó este verano en el Abierto de Mujeres de EEUU en Alabama, apenas la tercer golfista de ISU en lograr esa hazaña.

Barquín Arozamena murió temprano el lunes pasado tras un brutal ataque en el campo de golf de Coldwater en Ames (Iowa), en el que recibió puñaladas en la cabeza, cuello y torso. Su presunto asesino, Collin Daniel Richards, de 22 años, la dejó abandonada cerca de un estanque, con su bolso de golf tirado a la orilla de la calle.

Richards, un indigente de raza blanca, afronta cargos de homicidio en primer grado y, según documentos judiciales, tiene un largo historial de drogadicción, violencia contra las mujeres, y más de una veintena de casos criminales en los últimos cuatro años.

La muerte de Barquín Arozamena, oriunda de Puente San Miguel, ha acaparado portadas en los diarios de España y cobertura en varios medios de EEUU, pero prácticamente ha pasado desapercibida en los círculos políticos en Washington.

Violencia de género, pero caso distinto

De los dos senadores republicanos de Iowa, solo Joni Ernst, graduada de ISU, ha condenado la muerte de Barquín Arozamena, sin mencionar a Richards. El senador Chuck Grassley ha guardado silencio, lo que ha generado críticas de algunos de sus votantes.

El aparente silencio de los políticos contrasta con la politización de la desaparición y asesinato de Tibbetts, una estudiante de psicología de la Universidad de Iowa, el pasado 18 de julio.

Tibbetts fue asesinada mientras corría en un camino solitario en Brooklyn (Iowa) y su cuerpo fue descubierto un mes después, abandonado en unos maizales. Su presunto asesino, el mexicano Cristhian Baena Rivera, llevaba alrededor de cinco años trabajando en una finca cercana y resultó ser un inmigrante indocumentado.

Aunque Tibbetts y Barquín Arozamena fueron víctimas de violencia de género y murieron en condiciones similares haciendo deporte,  el homicidio de Tibbetts pronto se convirtió en un grito de guerra contra los inmigrantes indocumentados. El padre de Tibbetts, Rob, pidió en una columna de opinión no utilizar su muerte para promover agendas políticas o atizar el racismo.

Pero Trump, miembros de su Administración, sus aliados  en el Congreso -incluyendo Ernst y Grassley-, y medios conservadores como “Fox News”, han usado el caso de Tibbetts para exigir un mayor combate contra la inmigración ilegal y la presunta ola de crímenes de extranjeros. En otras ocasiones, han equiparado llanamente la criminalidad con la inmigración.

De nada han servido numerosos estudios que señalan que la tasa de criminalidad es menor entre los inmigrantes que entre la población en general, o que la mayoría de los inmigrantes contribuye al bienestar social y económico del país.

“Este acto horrendo más reciente no recibió atención del presidente ni de la Casa Blanca porque no le sirve a su agenda política de limpiar a la nación de todos los 11 millones de inmigrantes no autorizados o de recortar la inmigración legal”, dijo a este diario David Bier, analista político del Instituto Cato.

Por su parte, Marshall Fitz, analista político del grupo “Emerson Collective”,  dijo que la reacción casi enmudecida hacia la muerte de Barquín Arozamena por parte de esta Administración –pese a que ambas mujeres fueron violentamente arrancadas de sus familiares y amigos- sólo “envalentona” la narrativa de la derecha.

“Vemos la satanización de un grupo y explotación política en un caso (de Tibbetts) y un silencio ensordecedor en el otro. Esto sale de un guión autoritario: definir y atacar sin reparos a un grupo externo y minoritario al que se pueda culpar por todos los males sociales, para forjar solidaridad con un grupo mayoritario”, explicó el experto.

Desde el día en que Trump bajó las escalinatas de su hotel para anunciar su candidatura presidencial en 2015, “ha dejado en claro que los inmigrantes y las minorías serían ese grupo al que atacar frente a la mayoría blanca supuestamente bajo asedio”, puntualizó.