Editorial: No al muro

Darle el dinero para el muro solamente alimentará el ego de Trump
Editorial: No al muro
Trump insiste en invertir milles de millones en la frontera.
Foto: OMAR MARTINEZ / Getty Images

Donald Trump parece empujado por un hechizo, o por un maleficio. El Presidente, como él mismo se quejó en un mensaje de Navidad, quedó solo en la Casa Blanca. Después de las recientes renuncias de su jefe de gabinete y del secretario de Defensa y un total del 65% de su gabinete inicial, el Presidente comenzó 2019 con el pie izquierdo.

Las explicaciones de su conducta son siempre insuficientes, porque la naturaleza de su inestabilidad es que cambia constantemente. Las variantes son muchas y lo permanente, casi nada.

Pero lo que no cambia es una vanidad enfermiza y una sed de dominio inagotable. Es un ser que no aprende nada, que no simpatiza ni compadece ni escucha.

Si se tratara de un particular, o incluso de un individuo meramente famoso y millonario, este sería un caso para los sitios noticias sexies y virales.

Pero se trata del Presidente de Estados Unidos.

Y que en su mal, Trump está arrastrando a todo el país hacia una crisis política, caída económica, y enfrentamientos inminentes.

Como su mal lo hace incapaz de aceptar errores, insiste en ellos. Es una situación peligrosa.

Sí, porque ahora ha hecho saber que el cierre de su propio gobierno, que él mismo ordenó, podría durar años si no le dan lo que quiere: $5,600 millones para “el” muro.

Ignorando que como se cree gran negociador ha “aumentado el precio” inicial de $5,000 millones, se trata de una falsa idea de campaña que ni él tomaba en serio en 2016.

Indigna aún más que casi el 40% del país lo sigue apoyando a pesar de su política claramente destructiva, irracional y de la sarta diaria de mentiras obvias.

Como todos los líderes de tendencias absolutistas y populistas, apela a los sentimientos más negativos para mantener y extender su hechizo.

¿Cómo contrarrestar este espectáculo lastimero antes que sea demasiado tarde?

Es tan difícil. Sí, hay varios intentos de respuesta. Y sí, la nación debe mantener la racionalidad y la esperanza.

Pero una respuesta es directamente inválida e inaceptable: la de aceptar sus demandas.

La de entregarle miles de millones a cambio de promesas de solucionar problemas que él mismo ha creado para luego negociar, como la crisis migratoria y de los Dreamers.

Darle el dinero para el muro solamente alimentará el ego de Trump. Aumentará su popularidad en la población que ya lo sigue ciegamente. Abrirá su apetito para más. Le servirá para declarar victoria. Será usado para levantar un muro absolutamente innecesario y para pagar a contratistas con variados contactos con la familia del mandatario.

A expensas de todos los habitantes.

La Cámara de Representantes debe entregarse a la tarea legislativa, y en el Senado se debe buscar incansablemente una mayoría que frene los peores caprichos de Trump.

Los próximos días y semanas serán – una vez más – cruciales. El gobierno debe reabrir sus puertas y volver a la normalidad. Los Dreamers deben ser admitidos como parte orgánica de nuestra población. Pero no a riesgo de someterse – y por años – a los designios del peor presidente de Estados Unidos que se tenga memoria.