Muere su hermana por coronavirus, médico aprende de errores y sigue “al pie del cañón”
Una familia de médicos atrapada en un brote de COVID 19 en Coahuila, México
Raúl Amaya en uno de los dos hospitales para los que trabaja Crédito: Raúl Anaya | Cortesía
MÉXICO – En menos de 48 horas, el mundo de los Amaya se vino abajo. Pasó de ser una familia orgullosa de su profesión, valiente y convencida de su pasión por la medicina a tener una hermana muerta, dos más sospechosas de tener COVID-19, varios sobrinos en observación, un cuñado grave y uno más que debe volver pronto a los servicios de urgencia para atender la epidemia.
? No se conoce bien a la enfermedad y, a ratos, estoy aterrado? confiesa Raúl Amaya, médico especializado en el traslado de emergencia del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y jefe de urgencias del Hospital Salvador Chavarría en Piedras Negras, Coahuila.
El estado de Coahuila se convirtió en los últimos días en uno de los focos rojos del país con el mayor número de casos de COVID-19 por número de habitantes, incluso por arriba de la Ciudad de México, por lo que algunos médicos, comenzaron a llamar de manera dramática a la entidad la “Wuhan mexicana” en referencia a la ciudad china donde inició la pandemia.
Particularmente en Monclova, donde se desató una crisis sanitaria tras el arribo del paciente cero a la Clínica 7 del IMSS. Era un chofer de tráiler que había viajado a Chicago.
El hombre llegó con los síntomas de la enfermedad, fiebre, tos seca, dificultad para respirar, atravesó todo el hospital hasta la zona donde fue atendido y desató la tormenta que hasta el último corte sumaba nueve muertos y 172 casos positivos en una ciudad de 230,000 habitantes.
“El paciente cero”, como se le conoce en región, falleció una semana después de su arribo, el 15 de marzo, y dejó 32contagios entre el personal médico centre ellos, Mario Trejo, subdirector administrativo, y Gualberto Reyes, urgenciólogo, quienes murieron los siguientes días con el diagnóstico, y Elisa María, quien daba consultas de primer nivel y miembro de la familia Amaya integrada por seis miembros y parientes dedicados a la medicina.
“Ingresó el viernes 3 de abril y para el domingo siguiente ya había muerto por insuficiencia respiratoria (el acta de defunción dice oficialmente COVID-19)”, precisa Raúl Amaya.
Los Amaya no tuvieron tiempo de nada. Ni siquiera tenderle la mano a su propia hermana moribunda. ¡Ellos, que son especialistas en temas de salud!

Elsa María no tuvo síntomas hasta el viernes 3 de abril, cuando ella misma condujo su coche para entregarse en el hospital por un ataque incontrolable de tos. Mandó un mensaje por whatsapp a la familia, dejó a su hija de 10 años con su hermana Olga Icela y no habló más.
Olga Icela Amaya, quien es jefe de enfermería de la Clínica 7, comenzó a sentir los síntomas del Covid días después y los síntomas aún no bajan: tiene tos, fiebre. Está con su esposo y dos hijas. En las últimas horas, el cuadro del marido ha empeorado y están en alerta. María Celina Anaya, los hijos y la hija de Elsa María, ya dieron negativo en la prueba.
“Lo grave de este virus es que puedes estar enfermo, ir contaminando y no darte cuenta”, destaca Raúl Anaya de vuelta a sus labores como encargado de urgencias en Piedras Negras, una ciudad aledaña a Monclova, donde esperan un brote comunitario derivado de los contagios y la falta de precaución en la calle: a pesar de que el estado es una alerta roja en el mapa mexicano, muchos siguen su vida como cualquier cosa.
Entre el dolor y el deber
Hace nueve años que Raúl Anaya tiene la patria potestad de su hija Fulana. Pero una vez que se desató la pandemia decidió enviarla a Saltillo, la capital del estado donde vive su ex mujer, para mantener a la niña a distancia de la profesión de su padre, y comenzó un ritual personal al volver casa desde cualquiera de los hospitales para los que trabaja.
Entra por le patio, se quita la ropa, mete en un líquido sanitizador todo y con un aspersor purifica el suelo que pisó.
El domingo de la muerte de su hermana nada cambió, excepto que lo despertaron a las 4:00 de la mañana para darle la negra noticia y él salió corriendo hacia Monclova para pelear por las cenizas de su hermana a quien no le habían aplicado la prueba de COVID-19, pero sí querían deshacerse pronto del cuerpo.
“Una amiga abogada me puso en contacto con el gobernador Riquelme y sólo así se le hizo la prueba a mi hermana después de muerta y aún espero los resultados”.
Finalmente le entregaron las cenizas y él las llevó a casa de su hermana María Celina, donde comió pollo frito y convivió un momento con Macie Miranda, sobrina huérfana. A Olga Icela sólo la vio de lejos, no entró a la casa. En ambos casos, no pudo descargar el dolor: “No pudimos abrazarnos”.

Los Anaya, oriundos de Monclova, siempre han sido muy unidos, a pesar de que sus padres ya murieron. En especial, Elisa y Raúl tuvieron una relación aún más cercana porque coincidieron los mismos años de carrera en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Durango. Fue ella quien le ayudó con el papeleo de la cédula profesional y también era muy alegre.
Este año dos sobrinas cumplirían 15 años y las fiestas planeadas tenían tanto entusiasmo por organizar las fiestas que ya se veían bailando todo el año. “La vida da muchas vueltas”, comenta Raúl, quien ahora tiene el foco en sobrevivir, en proteger a su equipo y pelear por un equipo médico frente a la pandemia.
Aplicar la experiencia
En el hospital Salvador Chavarría de Piedras Negras logró como encargado de urgencias que la sala Covid se instalara en una zona diferente al resto del hospital donde se atienden otras enfermedades. “Lo que pasó en la clínica 7 de Monclova fue que los enfermos tenían que cruzar todo el hospital y fueron contagiando y yo no iba a permitir que pasara los mismo”.
Con el antecedente que le costó la vida su hermana, montó el área COVID-19 “muy fina” con todo el cuidado: hay un sala de choques con cuatro camas con equipo de reanimación y ventiladores para cuando los pacientes caen en paro respiratorio y, en tiene nueve camas más aisladas.
Hace días que tienen varios sospechosos, pero ninguno ha salido positivo. ¿Su principal temor? Los mismos que a nivl nacional: que se salga de control, que lleguen cientos, que tengan que llevarlos a otros hospitales de emergencias, a Ciudad Acuña, a Saltillo, a Monterrey. “No estamos exentos y están esperando un brote comunitario, no hospitalario como en Acuña, pero sí por la gente que desobedece.
Ahora cuenta con un equipo de 15 médicos en esa clínica del sistema de salud nacional. Antes, era 18, pero tres tuvieron que pedir permiso porque tenían enfermedades crónico degenerativas que podían ponerlos en riesgo. Por ahora tienen cubrebocas N95, lentes caretas, pero no tiene el overol blanco que sugiere la Organización Mundial de Salud.
“Estamos listos, pero necesitamos protección máxima”, advierte. “Sabemos de qué trata la enfermedad en la literatura, pero enfrentarla cara a cara es otra cosa”.
La indiferencia de mucha gente le molesta. El día que murió su hermana, Raúl Anaya pasó a comprar refrescos y vasos desechables a un mini súper. Estaba en la fila, listo para pagar, cuando observó a un hombre que tosió sin cubrirse la boca frente al cajero, luego pagó su consumo (una coca y un pastelito) con la tarjeta que salpicó al toser y el cajero la tomó con la mano, tecleó el botón verde de aprobación y siguió tan campante.
“Estamos pecando de inocentes y vamos a sufrir mucho”, advirtió el médico. “Esto no es una broma: quédense en casa”
Otros brotes en hospitales
Al menos 97 trabajadores del sector salud se han contagiado de coronavirus en hospitales adscritos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y tres más han fallecido, según reportes de la prensa local en varios estados.
Los trabajadores se encuentran en cuatro hospitales: Monclova, Coahuila -donde se registra la situación más crítica-; Los Cabos, Baja California; Cuernavaca, Morelos; y en Tlalnepantla, Estado de México.
Médicos de diversas entidades se han quejado por la falta de equipo a pesar de la disposición de enfrentar la pandemia.
Cifras oficiales al 11 de abril
- 273 muertos
- 4,219 enfermos confirmados
- 9, 983 sospechosos