Coaliciones de Queens tejen una gran red para ayudar a “curar” las heridas que deja el coronavirus

Más de 50 organizaciones sin fines de lucro, con el soporte del Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York, son los primeros "andamios de la reconstrucción" de vecindarios que continúan devastados anímica y económicamente

Coaliciones de Queens tejen una gran red para ayudar a “curar” las heridas que deja el coronavirus
Desde el "día cero" un ejército de voluntarios ha sumado su hombro para ayudar en esta tragedia de salud pública.
Foto: Fernando Martínez / Impremedia

Los vecindarios de Corona, Jackson Heights y Elmhurst, en Queens, que se ubicaron en el mapa de la Gran Manzana como el “epicentro del epicentro” del coronavirus, todavía están tratando de “curar” sus profundas heridas, cuando la infección viral sigue siendo una amenaza.

Entre marzo, abril y mayo las estadísticas de muerte e infectados por el nuevo virus crecía como en ninguna otra área de Nueva York e incluso del país, casi a la par, se agudizaba la tragedia de la pérdida de empleos e ingresos económicos. Allí, en el corazón de estas localidades en donde más del 60% de población es de origen hispano.

Pero en el núcleo de estas comunidades castigadas surgieron iniciativas que muestran cómo la integración comunitaria puede transformar el dolor en oportunidades, en un momento en el cual existe la certeza que todas las sombras de la pandemia tardarán en desaparecer

En el peor momento de la crisis, como una reacción instantánea en cadena,  más de 50 organizaciones comunitarias empezaron a tejer una extensa y poderosa red que hoy es pilar fundamental para la reconstrucción anímica de miles de familias. Y un alivio para las personas para las cuales esta emergencia de salud pública no tuvo compasión.

La distribución de comida enlatada y fresca, conexiones para aplicar a programas sociales y de salud mental de la Ciudad, asesoría legal y vías para navegar en el agitado mar de secuelas que sigue causando la pandemia es solo una parte de la dinámica diaria a la cual tienen acceso miles de familias, con el apoyo de renovadas coaliciones comunitarias, que cuentan con el respaldo técnico del Departamento de Salud e Higiene Mental de la ciudad de Nueva York (DOHMH).

María Cornejo, presidente de ECP: encaramos grandes retos para ayudar a estas comunidades. (Foto: Fernando Martínez)

“Salió lo mejor de nuestra gente”

La organización comunitaria Elmhurst Community Partnership (ECP), que por muchos años se ha enrumbado en iniciativas de empoderamiento femenino y apoyo a los niños, es apenas una de las coaliciones clave que ante la emergencia de salud, repensó su alcance en los vecindarios más afectados por el COVID-19.

María Cornejo, presidente de ECP, explica que lo más trascendente es que este movimiento de empoderamiento, ayuda y asesoría, tiene su principal motor en las propias comunidades.

Esta tragedia sacó lo mejor de nuestra gente. No es que los vecinos se acercaban solo a pedir ayuda, sino que la gran mayoría en medio de su calamidad personal, quería saber cómo ofrecer sus manos y sus hombros. Identificamos a un liderazgo en nuestros vecindarios. Y eso es maravilloso”, narró Cornejo.

Durante los días más oscuros de la pandemia en la ciudad de Nueva York, particularmente en la segunda y tercera semana del mes de abril, estos vecindarios de Queens empezaron a mostrar números rojos en cuando a contagios y decesos.

Y casi de inmediato, surgieron explicaciones razonadas de esa tendencia.

De acuerdo con un cruce de datos del Comité de Ciudadanos para Niños de Nueva York (CCC) y la Universidad Johns Hopkins, el predominio de hispanos en situación de hacinamiento habitacional, con bajo nivel de inglés, sin seguro médico, con miedo a acudir a centros asistenciales y ocupados en trabajos esenciales, fueron los combustibles que atizaban el fuego de los altos niveles de infección, en uno de los principales ejes de la inmigración latina en la Gran Manzana.

La activista de ECP reseña que la pandemia derrumbó la vida de miles de familias, quienes empezaron a enfermarse, a perder familiares y trabajos. Ese fue el momento, en medio de una especie de zona de guerra, que se activaron potentes lazos de solidaridad entre las organizaciones, con la energía de los más castigados, en su inmensa mayoría inmigrantes latinoamericanos.

Martha Sánchez: “Lo peor de la pandemia no ha pasado”. Foto: Fernando Martínez

Una pandemia que sigue viva

Por su parte, la mexicana Martha Sánchez, con más de una década de trabajo comunitario en Queens, hoy es una embajadora de ECP que ayuda a enlazar a familias con programas disponibles en la Ciudad. La inmigrante ha sido testigo de primera línea, de cómo el miedo sigue siendo el primer enemigo a vencer en las comunidades, particularmente cuando son indocumentados.

“Hoy tenemos centenares de familias con tres meses atrasados de renta, que perdieron no solo sus fuentes de ingresos, también vieron morir a padres, hijos o abuelos por el COVID-19. La pandemia para ellos no ha pasado, sigue muy viva. Muchos de ellos, aún tienen pánico de buscar ayuda. Y en esta etapa de reconstrucción, es cuando la integración comunitaria y las coaliciones que hacen vida en Queens se siguen integrando para decirles que hay algunas salidas”, dijo Sánchez

Sobran los ejemplos. El trabajador de la construcción ecuatoriano, Miguel Lorenzo de 55 años, residente de North Corona confiesa que se mostró incrédulo cuando una vez el Alcalde Bill De Blasio, al inicio de la pandemia dijo en  televisión que en Nueva York “nadie pasaría hambre”.

“Yo de verdad que tenía semanas sin ingresos, nunca en mi vida de mis 32 años en este país, había tenido que acudir a la caridad para buscar comida. Y te puedo decir que en mi casa que somos seis, nunca pasamos hambre. Vimos un aviso de la Alianza Ecuatoriana, aquí en Corona y de allí en adelante todo siguió siendo horrible, pero por lo menos con el estómago lleno”, confiesa Lorenzo.

Así mismo, la colombiana Claudia Niño de 35 años, residente de Jackson Heights, opina que aunque hay alternativas de ayuda, cuando no se “tiene papeles”, todo termina siendo muy complicado.

“Para mi esta pesadilla no termina. Mi papá murió en el Hospital de aquí de Queens, luego de 20 días sin poder verlo. Esta es la fecha en que todavía no hemos podido enterrarlo, ni cremarlo. Todos en mi casa perdimos el trabajo. El restaurant donde era mesonera abrió, pero no me llamaron. Seguiré dependiendo de los bancos de comida”, dijo preocupada.

La coordinadora del DOHMH para enlaces comunitarios, Martha Hernández, indica que siguen identificando nuevas prioridades  (Foto: Fernando Martínez)

Recuperando la zona cero

Cuando las autoridades de salud de la ciudad de Nueva York empezaron a poner en balance el peso de las estadísticas en el comportamiento del coronavirus, dirigieron la mirada más firmemente a algunos códigos postales que ya mostraban desproporcionadamente números rojos.

Durante las cuatro semanas de abril, las zonas postales de Queens, el 11368 (Corona) y el 11369 (East Elmhurst), cerca del 76.7% de las pruebas de coronavirus practicadas resultaron positivas, el Hospital Elmhurst estaba colapsado y una población en donde 1 de cada 5 personas trabajan en la industria de los restaurantes, daban cuenta de una clara devastación económica.

La coordinadora de la Unidad de Respuesta de Elmhurst-Corona del DOHMH, Martha Hernández, explica que para los efectos estratégicos resulta vital que decenas de organizaciones sin fines de lucro, hayan estado desde el “día cero” al frente de esta emergencia.

“Desde hace muchos años la Ciudad ha venido generado relaciones orgánicas con más de 3,000 coaliciones que actúan en diversos ámbitos. En medio de la pandemia, se generaron otros frentes y nuevas prioridades”, acotó Hernández.

En palabras de la funcionaria del DOHMH, esta dinámica ha permitido identificar problemas más específicos y adecuar programas de información y asesoría, a través de líderes en los cuales las comunidades confían.

“Esta crisis de salud empeoró todos los problemas socioeconómicos históricos y sistémicos. Ahora estamos estructurando respuestas que trasciendan programas puntuales, como las ayudas nutricionales. La visión es tener a futuro otra dimensión en el acceso a la salud como derecho humano. Ese es el reto del DOHMH”, explicó Hernández.

El próximo mes de septiembre el programa NYC Care, llegará a Queens. Se trata de un plan de acceso a cuidado de la salud a personas independientemente de su estatus migratorio y capacidad de pago, propiciado por la Alcaldía de Nueva York , coordinado por la red de hospitales y clínicas públicas de la Ciudad (NYC Health + Hospitals).

Además, DOHMH está ofreciendo adiestramiento a organizaciones como Elmhurst Community Partnership (ECP) para que tengan acceso a plataformas tecnológicas que le permitan hacer un mejor manejo estadístico y seguimiento a las solicitudes de programas sociales.

Jessica Chacha: “Como activistas el coronavirus nos tomó por sorpresa”. (Foto: Fernando Martínez)

Paraguas contra la tormenta

En los vecindarios del condado más multiétnico del país, siguen apareciendo algunos “paraguas” cuando la tormenta del coronavirus sigue siendo una realidad en la ciudad.

La activista comunitaria mexicana Jessica Chacha de la coalición “Together we can”, dirige parte de la logística de una dispensa de comida, distribución de pañales y fórmulas infantiles que funciona temporalmente en un ala del Museo de Queens, en Corona. Empezaron beneficiando a 200 familias por semana, ahora el número ascendió a 1,000.

“El coronavirus nos tomó por sorpresa. No teníamos experiencia en este tipo de programas. Hemos afinado la estrategia y ahora hacemos la entrega por cita para evitar aglomeraciones. Hay muchas historias tristes aquí en Corona, pero también muestras de una solidaridad infinita”, narra Chacha.

Los líderes de este programa de provisión alimentaria lograda por donaciones privadas, comentan que gran parte de las familias que han recuperado sus ingresos, reportan inmediatamente que ya no necesitan más el soporte nutricional, para abrir el paso de ayuda a otras personas.

“Ha aflorado un espíritu de ayudar a los demás. Es reconfortante ver cómo surgieron voluntarios para llevar comida a los ancianos, por ejemplo. Pero ahora tenemos la buena noticia que podemos seguir funcionando hasta diciembre aquí en la sede del Museo. Creo que este trabajo de recuperación apenas comienza”, concluyó la organizadora de “Together we can”.

Durante los meses de abril y mayo el vecindario de Corona en Queens era una especie de “zona de guerra” con miles de personas esperando ayuda por alimentos. (Foto: AFP)

El epicentro del coronavirus, en números: