“Nos tratan como insectos”: repartidores de Nueva York se unen por mejores salarios y derecho de ir al baño

Dicen ser marginados por las industrias de comercio electrónico y restaurantes; los roban y tampoco tienen seguro médico

Son víctimas de asaltos y robo de propinas
Son víctimas de asaltos y robo de propinas
Foto: ANGELA WEISS / AFP / Getty Images

Recorriendo docenas de millas al día a pie, el Metro, bus, motos o bicicleta, cientos de repartidores alimentan a los neoyorquinos, especialmente desde que muchos restaurantes sólo pudieron sobrevivir con órdenes para llevar o entregas a domicilio durante el confinamiento.

La mayoría son de origen asiático o hispano, especialmente venidos de Guatemala y México, y muchos son indocumentados. Pero su preocupación diaria es algo tan básico como dónde ir al baño durante sus largas horas de trabajo.

“Trabajamos para los restaurantes”, resumió Williams Sian, un trabajador hispano de 28 años. “Somos los que impulsan sus ingresos en este momento. Pero nos discriminan. No podemos usar su baño. Nos dejan a un lado y nos ignoran… Nos gritan. Nos tratan como si fuéramos insectos”, se quejó a The City.

Los repartidores se han consolidado en una red informal dentro de una industria en auge que ha atraído diversas oleadas de trabajadores, en su mayoría inmigrantes, en un momento en que es difícil asegurar un sustento estable.

Estos trabajadores, hartos de las agotadoras horas en medio de la pandemia y del maltrato que dicen recibir a manos de las aplicaciones de celulares usadas para pedir comida, están actuando de acuerdo con sus anhelos de mayores protecciones y mejores salarios.

“Queremos que la ciudad finalmente nos trate como los trabajadores esenciales que somos”, insistió Sian, en español. “Cuando cerraron la ciudad, éramos nosotros los que dirigíamos los restaurantes, llevábamos esa industria sobre nuestras espaldas”.

Los trabajadores han realizado al menos una protesta y se han reunido con legisladores sobre su difícil situación con las industrias de comercio electrónico y restaurantes, pero todavía están discutiendo la causa principal por la cual unirse.

En la parte superior de su lista está asegurarse un salario digno; que las empresas tecnológicas los reconozcan como empleados; tener acceso a baños y áreas de espera seguras, especialmente durante la lluvia, el frío y el calor; y recibir apoyo de las fuerzas del orden locales para reprimir los robos y asaltos. Tampoco cuentan con seguro médico.

Antes de que la pandemia golpeara a Nueva York en marzo, los problemas con los restaurantes y las aplicaciones de entrega ya se estaban acumulando, según los trabajadores. Las rutas se alargaban de forma rutinaria y a los repartidores les preocupaba no estar recibiendo las propinas completas. Luego el COVID-19 aceleró los sinsabores.

Mientras los restaurantes luchaban por sobrevivir, los funcionarios de la ciudad y el estado instaron al público a apoyarlos pidiendo comida, y con ellos aumentaron los pedidos y las presiones por entregar a tiempo.

Las bolsas térmicas también son un requisito no oficial para mantener la comida caliente, especialmente en invierno. Algunos restaurantes se niegan a contratar a quienes no tienen empaques aislantes para conservar los pedidos, se quejó Jonán Huerta, un repartidor de Washington Heights.

Los trabajadores como Sian a menudo buscan entre ellos mismos, creando grupos de WhatsApp, el apoyo que no reciben de las aplicaciones de entrega. Esa sofisticada red de comunicación impresionó a Ligia Guallpa, directora ejecutiva del grupo organizador Workers Justice Project (WJP), quien comenzó a asesorar a los repartidores sobre su impulso laboral durante el verano. “Cuando empezamos a trabajar juntos ya estaban entusiasmados políticamente, con una lista de demandas y todo”, dijo. “Es casi como si ya estuvieran organizados”.

Cinco millones de “trabajadores esenciales” en todo EE.UU. son inmigrantes indocumentados, lo que equivale a casi el 72% de los 7 millones de adultos “sin papeles” en el país, según el último reporte del Center for American Progress (CAP).