Qué pasa si mantienes abierta una tarjeta de crédito por más de 10 años
Mantener una tarjeta de crédito abierta por más de 10 años puede mejorar tu puntaje y tu historial, pero también requiere vigilar cuotas y beneficios
Una tarjeta contratada hace más de 10 años puede haber sido adecuada en su momento, pero podrían existir alternativas con mejores beneficios. Crédito: New Africa | Shutterstock
Conservar una tarjeta de crédito durante una década o más puede parecer un simple acto de costumbre, pero en realidad tiene implicaciones financieras que pueden jugar a favor –o en contra– de tu historial. Mantenerla activa no solo influye en tu puntaje crediticio, también impacta en tu capacidad de acceso a mejores productos financieros con el paso del tiempo.
Uno de los efectos más relevantes está relacionado con la duración del historial crediticio. En el modelo de calificación FICO, la ‘antigüedad del crédito’ representa aproximadamente el 15% del puntaje total.
Esto significa que, mientras más tiempo permanezcan abiertas tus cuentas, mayor será la edad promedio de tu historial, un factor que suele ser bien visto por las instituciones financieras.
Además, conservar líneas antiguas incrementa el crédito total disponible, lo cual puede ayudar a mantener bajo el índice de utilización –la proporción entre lo que debes y el límite total– otro componente clave en la evaluación crediticia.
No obstante, una tarjeta no es un producto estático.
Con los años pueden modificarse beneficios, tasas de acumulación de puntos, condiciones del contrato e incluso las cuotas anuales.
Estos ajustes pueden convertir una tarjeta que antes era atractiva en una opción poco conveniente.
El incremento de una cuota anual o la reducción de recompensas suelen ser las razones más comunes para replantear su permanencia.
También es importante considerar que las necesidades financieras evolucionan.
Una tarjeta contratada hace más de 10 años puede haber sido adecuada en su momento, pero con un mayor ingreso, mejor puntaje crediticio o cambios en los hábitos de consumo, podrían existir alternativas con mejores beneficios, como tarjetas de viaje de lujo o programas de recompensas más competitivos.
En estos casos, mantener la tarjeta antigua abierta podría seguir aportando estabilidad al historial, pero quizá ya no sea útil como herramienta principal de gasto.
Si la tarjeta tiene una cuota anual que ya no se justifica, cerrarla puede ser razonable.
Sin embargo, especialistas suelen sugerir hacerlo únicamente cuando el puntaje crediticio se encuentre sólido y se disponga de otras líneas activas con límites amplios, para evitar una caída repentina en la calificación.
Otra estrategia viable es solicitar una versión sin cuota anual del mismo producto, lo que permite conservar la antigüedad sin asumir costos adicionales.
En síntesis, una tarjeta con más de 10 años abierta puede aportar estabilidad y fortalecer la reputación crediticia, siempre y cuando sus condiciones sigan alineadas con la realidad financiera del usuario y no implique gastos innecesarios.
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