Barrera del idioma y documentación compleja dificulta que agricultores en Puerto Rico cumplan con requisitos federales

El asunto fue discutido como parte de la conferencia anual “Agrohack Conference & Expo” en San Juan

Mesa redonda de mujeres agricultoras en Agrohack, Puerto Rico

Daniela Miranda Arroyo (al centro con chaqueta verde), dueña de DMA Food Labs, junto a otras agroempresarias en un evento previo a la conferencia anual Agrohack.  Crédito: AgroHack | Cortesía

NUEVA YORK – Las barreras del idioma y lo especializado y técnico del papeleo son algunas de las trabas que complican que los agricultores en Puerto Rico cumplan con el marco regulatorio de agencias estadounidenses para poder expandir sus negocios más allá de las fronteras de la isla.

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Así lo confirmó en entrevista con El Diario Daniela Miranda Arroyo, agrónoma licenciada y dueña de DMA Food Labs, empresa enfocada en el desarrollo de sistemas para ayudar a agricultores en el cumplimiento con la FDA (Administración de Drogas y Alimentos) y el USDA (Departamento de Agricultura de Estados Unidos) y para alcanzar mercados globales.

La conversación se dio en el contexto de la mesa redonda el pasado 6 de mayo con agroempresarias puertorriqueñas sobre retos y oportunidades en la industria como parte del evento anual “Agrohack Conference & Expo”.

Hay una barrera, no solo en el idioma, pero en el lenguaje. No es lo mismo español o inglés que el lenguaje que estamos utilizando que es muy técnico o especializado. Uno de los problemas en Puerto Rico es que tenemos unas generaciones de agricultores que son bien adultos, con más de 55 años, que llevan 30 años produciendo de la misma forma y no es tan fácil para ellos meterse en una computadora; no son tan tecnológicos como para sentarse a leer una regulación que, aunque esté escrita en español en las páginas de la FDA o el USDA, tiene tecnicismos, frases, oraciones que son difíciles de entender”, expuso la también científica de alimentos.

Miranda Arroyo argumentó que otro desafío que enfrentan muchos agricultores en la isla es el desconocimiento sobre cómo aplicar en la práctica la información adquirida en talleres con base en el producto particular que estén cultivando.

“Se dan capacitaciones y talleres todo el tiempo, pero, ¿cómo yo lo aplico a mi finca? Yo puedo dar un taller de dos horas, explicarte la regulación de rabo a cabo, y después la persona llega a la finca y está completamente perdida. No es solamente la barrera del idioma, sino el lenguaje regulatorio que es un poco complicado para ellos poder entenderlo, analizarlo y realmente aplicarlo a su empresa, porque esto es bien personalizado para cada finca o manufactura de alimentos”, reafirmó.

A juicio de la experta, graduada de maestría en Ciencias Agrícolas en la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Mayagüez, es importante que las autoridades incrementen los esfuerzos para proveer el material de una forma más clara.

“El acceso a la información tiene que darse de una forma más clara…(La solución) para mí sería que ese acceso a la información se hiciera de una manera menos técnica y especializada y que sea más fácil de implementar”, recomendó.

Miranda Arroyo también aconsejó al Gobierno a crear y promover más boletines informativos a través de las distintas redes sociales.

“Ahora mismo, yo estoy desarrollando un manual con toda esta información regulatoria para que ellos puedan cumplir de una forma sencilla, práctica, rápida, que no tenga todo este tecnicismo y todas esas palabras que no van a entender”, adelantó.

La agrónoma planteó que la documentación federal en ocasiones no se ajusta a las particularidades de Puerto Rico, que es un archipiélago, versus las de los estados.

“Hay regulaciones que quizás no le tendrían que aplicar tanto a un agricultor pequeño y le facilitaría la vida mucho (si los eximen), pero las están imponiendo bajo el marco de EE.UU.”, indicó.

La entrevistada aclaró que las regulaciones federales varían dependiendo el producto y la capacidad de producción.

“Va a depender del sector. Si, por ejemplo, eres un productor de huevos y tienes gallinas ponedoras, 3,000 gallinas o menos, no tienes que cumplir con cierta regla, pero siempre tienes que cumplir con las cosas básicas, que son las buenas prácticas agrícolas, las prácticas de manufactura; siempre se va a tener que cumplir con algo. Hay regulaciones que son un poco más rigurosas a medida que vas escalando y subiendo de nivel en cuanto a capacidad de volumen que vas a poder vender”, contrastó.

Otro problema que la especialista ha identificado en consultas de asesoría a clientes es que, en el caso de incentivos para producción agrícola, varios son manejados a través de varias agencias en la isla y, en ocasiones, no hay coordinación.

“Un problema que veo mucho en la industria y por el que me contactan a mí es porque van muchas veces a las agencias y no les tienen una contestación clara; una agencia dice una cosa y la otra agencia otra y no está ese enlace entre agencias”, mencionó.

Lo anterior es reflejo de procesos burocráticos sobre los que muchos miembros del sector llevan quejándose desde hace años y que a su vez están relacionados con la poca eficiencia de los “arcaicos” sistemas de recopilación y procesamiento de datos.

“Los permisos son difíciles de sacar para cualquier emprendedor en cualquier industria. Es complicada porque no hay información clara, porque las agencias no están integradas y tienen sistemas arcaicos que se caen, envían errores o la documentación no llega. Hay veces en que hay que imprimir los documentos y llevarlos directamente a distintas agencias. Imagínate un agricultor de Jayuya que tiene que llegar a San Juan para llevar un papel”, planteó.

La especialista aconsejó que, cualquier agricultor que quiera expandir su alcance, debe contar con un plan de contabilidad en el que se registren costos operativos, depreciación de activos, entre otros elementos.

“Muchos de estos agricultores están enfocados en sembrar, no en sentarse a trabajar sus números para ver dónde estoy fallando, dónde puedo ahorrar…”, alertó.

Miranda Arroyo resaltó que, como parte del análisis, la estructura es clave.

“Desafortunadamente, si no tienes estructura, no consigues financiamiento. Esto es como comprar una casa. Si yo no tengo mis planillas al día, si no precalifico, yo no puedo comprar una casa…Conocer sobre el proceso que vas a estar haciendo y para qué lo vas a estar haciendo y tener todo siempre bien transparente. Otra cosa son los planes de negocios. Muchas veces los damos por sentado. ‘Yo estoy produciendo esto y solamente está en una carta. A las agencias les gusta ver que estás planificando algo, que estás planificando un proyecto real que va a producir”, abundó.

El hecho de que un agricultor se certifique como bonafide también es importante, ya que facilita que estos puedan beneficiarse de incentivos y exenciones contributivas, principalmente a nivel local.

Para ser agricultor bonafide, se requiere que la persona genere más del 50% de ingresos por actividad agrícola.

El Departamento de Agricultura de Puerto Rico (DA) ofrece varios incentivos, como el subsidio de hasta un 50 % en costos de semillas y fertilizantes, reembolsos salariales, y hasta $250,000 en fondos para mejoras.

El fin es, de acuerdo con material informativo del DA, estimular el desarrollo de las diferentes empresas agropecuarias y proveer las herramientas necesarias para que logren una producción agrícola que se traduzca en un aumento en la exportación.

Los incentivos también persiguen atender el grave problema de inseguridad alimentaria en Puerto Rico, donde se importa más de 80% de lo que se consume.

En ese reglón, la agrónoma destacó que los agropecuarios deben empezar a explorar nuevas maneras de maximizar sus productos a través de métodos más resilientes como la agricultura urbana.

“Por ejemplo, lo que tiene que ver con el cambio climático…Nosotros ahora mismo importamos más del 80%, ya casi 90% de lo que nos comemos. Ante una situación como lo que fue el huracán María, yo creo que nos debemos enfocar más en innovar en lo que es la agricultura en vagones que sería una agricultura más controlada, de hidropónicos, que si viene un huracán, las lechugas se quedan intactas completamente”, aconsejó.

En la misma mesa redonda en la que participó Miranda Arroyo, estaban Carlos Cobián, productor de Agrohack; Wanda Otero, microbióloga y propietaria de Quesos Vaca Negra; Érica Reyes, propietaria de Hacienda Moraica (café y agroturismo); Brenda Ayala y Rosely Hernández, Las Finqueras; y Rafael Vélez, director comercial de Puerto Rico Farm Credit.

En el encuentro, con motivo del Año Internacional de la Mujer Agricultora de la Organización de Naciones Unidas (ONU), las boricuas relataron sus experiencias liderando empresas agrícolas tradicionalmente dominadas por hombres.

En términos generales, para las mujeres es más difícil emprender, pero, en el tema agrícola, encuentran dos retos principales. Primero, la cultura de muchos trabajadores agrícolas que no están acostumbrados a que una mujer haga ciertas labores duras en el campo, porque lo ven como tema de hombres. La otra es que, en el caso mío de cultivo de café, hay maquinaria agrícola pesada y sí, puede ser duro operarla, pero nos ingeniamos para hacerlo. Yo soy de una tercera generación de caficultores en mi familia y veo cada vez más mujeres insertándose en la agricultura”, declaró Reyes, también dueña de Café Cola’o en El Viejo San Juan.

Otero, cuyo negocio ubica en Hatillo, narró cómo una crisis se volvió oportunidad.

“Yo daba servicios de análisis de leche a los ganaderos y para el 2008 enfrentaban una crisis económica de exceso de producción que provocó que se atrasaran en sus pagos. Les propuse que me intercambiaran la deuda con leche y, tras experimentar y tomar seminarios con expertos, comencé a hacer quesos maduros. En 2017, ampliamos la producción a yogures probióticos con sabores como coco, papaya, guayaba y piña colada, entre otros, que se distribuyen en los supermercados. Continuamos con la producción de queso maduro y talleres de crear tu propio queso, una actividad agroturística en Hatillo. Ha sido complejo, costoso, una universidad de aprendizaje muy satisfactorio. Creo que las oportunidades están disponibles para mujeres o caballeros, es cuestión de tener la visión y la dedicación”, contó Otero.

Miranda Arroyo validó el testimonio de sus pares.

“Casi todas las muchachas que estaban acompañándome en la mesa redonda hablaron de sus experiencias como agricultoras y que ven eso bien marcado (el sexismo). Erica que cultiva café nos dijo que ellos tienen un negocio de generaciones. Cuando ella estaba entrando en ese negocio, tenías al papá, al abuelo y al tío (cosechando) y a las mujeres le tocaba lo administrativo. ‘Tú no puedes estar en la tierra’; ‘tú no puedes sembrar’; ‘tú no puedes tomar las decisiones’… Hasta que ellos fueron saliéndose del negocio y ella tomó cartas en el asunto y ahora ella es la más que ha expandido su negocio. Algo que yo digo mucho es que las mujeres somos planificadoras. A nosotras nos das cuerda y nos vamos a quedar con el canto y lo vamos a diversificar de distintas maneras”, aseguró.

Añadió que “otro punto que se trae es que, sí tenemos muchos hombres que dirigen fincas, pero sus esposas siempre están metidas en la finca. Se toma como que el agricultor es él porque es el del negocio, pero él tiene a su esposa atrás y el negocio es de los dos, porque ella está administrando todo lo demás. Eso no se toma mucho en consideración en la métrica porque el agricultor es él y la finca es de él”.

Los datos que manejan los organizadores de Agrohack apuntan a que cada vez son más el número de mujeres agricultoras en Puerto Rico.

En Puerto Rico, hay 7,602 operadores de fincas, de los cuales 87% son hombres y 13% mujeres, según el censo agrícola de 2022. En el censo previo, de 2018, la totalidad de operadores de fincas era 8,230; 92% de estos eran hombres y solo 8% mujeres.

“Hay señales de que la proporción de mujeres en la agricultura aumentaría en el nuevo censo cuyos resultados se conocerán en el 2027, pues cada vez son más visibles las agricultoras. En mi caso la mayoría de mis estudiantes de agricultura son mujeres”, resaltó el profesor de economía agrícola Javier Pérez Lafont, otro de los conferenciantes.

Todas estas agroempresarias comparten la meta de expandir su participación en el mercado local con miras a exportar.

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