Una batalla legal sobre el peligro de los microplásticos en Baltimore podría sacudir a todo Estados Unidos

Dos abogadas boricuas lideran un litigio que podría tener impacto en cómo agencias federales enfrenten a este contaminante emergente

Apenas la ciencia y las autoridades ambientales de Estados Unidos están tratando de entender los efectos de estos agentes tóxicos en los seres humanos.

Apenas la ciencia y las autoridades ambientales de Estados Unidos están tratando de entender los efectos de estos agentes tóxicos en los seres humanos. Crédito: Gemini | Impremedia

Una nueva amenaza ambiental, caracterizada por su invisibilidad y cuya magnitud aún no se comprende plenamente, ha comenzado a judicializarse en los tribunales de los Estados Unidos. Se trata de los microplásticos, partículas ínfimas derivadas de la degradación de materiales plásticos, las cuales han sido detectadas en niveles alarmantes en el suministro de agua potable. En la actualidad, la comunidad científica se encuentra en una etapa preliminar de investigación respecto a su impacto real en la salud humana.

Ahora, un grupo de abogadas puertorriqueñas, Coral Odiot Rivera y Verónica Vásquez, especializadas en litigios ambientales, socias de la firma Napoli Shkolnik, impulsan en Baltimore una nueva ofensiva judicial que podría sentar un precedente nacional, replicando el camino que años atrás siguieron las demandas a la espuma AFFF, un producto altamente contaminante que utilizan los departamentos de bomberos para combatir incendios. 

Por esa batalla legal liderada por este mismo despacho de abogados se comprobó que estos elementos contaminantes están presentes en más del 90% de los cuerpos acuíferos del país, especialmente cerca de áreas donde se ha utilizado ampliamente la AFFF, como bases militares y aeropuertos.

En este momento, este grupo legal son parte fundamental del equipo de una estrategia en curso que apunta a identificar los responsables concretos dentro de otra cadena de contaminación compleja y que todo indica puede ser extendida a todos los sistemas acuíferos del país.

La puertorriqueña Coral Odiot Rivera es abogada experta en derecho ambiental. (Foto Cortesía Napoli Shkolnik Office)

“No son biodegradables”

La ciudad de Baltimore ha demandado a fabricantes de cigarrillos como R.J. Reynolds, Philip Morris y Liggett, bajo el argumento central que los filtros de cigarrillos hechos de acetato de celulosa, un tipo de plástico, fueron promocionados durante décadas como biodegradables, pero investigaciones recientes confirman que no lo son.

La documentación y las investigaciones que fundamentan esta querella judicial determinaron que estos filtros se acumulan masivamente en el entorno urbano, contribuyen a la contaminación por micro plásticos y generan elevados costos de limpieza.

Vásquez sostiene que las empresas sabían que sus productos no se degradaban como afirmaban, pero aun así los comercializaron de esa manera. Incluso, aseguran que se descartaron alternativas biodegradables porque resultaban menos atractivas para los consumidores.

“Luego de varios años que todos estos filtros se están acumulando, varias urbes y en este caso la ciudad de Baltimore se ha encontrado con la situación que causan lo que se conoce como el littering, se acumulan y le cuesta a esa municipalidad y a los contribuyentes anualmente alrededores de $32 millones solamente en atender el problema de limpiar estos filtros”, expuso la jurista.

En paralelo, la municipalidad de Baltimore también ha iniciado acciones legales contra gigantes como Frito-Lay, PepsiCo y Coca-Cola.

En este caso, la acusación se centra en la producción masiva de envases plásticos de un solo uso, que de acuerdo con la demanda “terminan en ríos, lagos y otros cuerpos de agua”.

Lejos de desaparecer, estos materiales se fragmentan en partículas microscópicas que logran atravesar los sistemas de filtración convencionales.

“Estos casos que estamos llevando, se tratan básicamente de la contaminación que causan estas partículas en el agua. Así como el año pasado hablábamos que nos estábamos bebiendo las AFFF. El caso de microplástico está evolucionando. Está en pañales aún. Y cuando te digo esto es porque la ciencia todavía está investigando en cuanto a cuáles son los efectos que tiene ingerir estos elementos tóxicos en el cuerpo humano”, agregó Odiot.

Los microplásticos provienen de la fragmentación de productos cotidianos: botellas, bolsas, envases y otros materiales plásticos. Su tamaño les permite infiltrarse en prácticamente todos los ecosistemas, especialmente en fuentes de agua.

Aunque la ciencia aún investiga sus efectos en el organismo humano, estudios recientes ya han confirmado su presencia peligrosa en el útero y en el cerebro.

“Todavía estamos entendiendo las consecuencias para la salud, pero lo que sí sabemos es que están en todas partes y que su eliminación representa un desafío enorme para las ciudades”, explican.

Estas gigantes corporativas desde hace varios años defienden a capa y espada sus procedimientos y alegan con gran pericia que no son responsables directos de los eventuales daños ambientales con los cuales se les vincula.

El caso de microplástico está evolucionando. Está en pañales aún. Y cuando te digo esto es porque la ciencia todavía está investigando en cuanto a cuáles son los efectos que tiene ingerir estos elementos tóxicos en el cuerpo humano”

Coral Odiot Rivera Socia Napoli Shkolnik

En el mapa federal

La estrategia legal en curso apunta a identificar responsables concretos dentro de una cadena de contaminación compleja y extendida.

El impulso de estas demandas en curso desde 2026 coincide con un giro clave en cómo las agencias federales están poniendo en el mapa de los análisis ambientales a estos agentes.

La Agencia de Protección Ambiental (EPA) incluyó recientemente los microplásticos en su lista de contaminantes emergentes (CCL-6), un paso previo a su posible incorporación en programas obligatorios de monitoreo.

De concretarse, miles de sistemas de agua en el país deberán analizar la presencia de estos contaminantes.

Las estimaciones preliminares son alarmantes: entre el 80% y el 90% de los sistemas podrían dar positivo.

Para estas expertas en derecho ambiental, esto abriría la puerta a una ola de litigios a gran escala, similar a la que se produjo con los AFFF hace apenas cinco años.

¿Quién paga?

Uno de los ejes centrales de estas acciones legales es evitar que el costo recaiga en los ciudadanos.

“Las ciudades no son las responsables de que el agua esté contaminada. El responsable es quien introduce estos productos en el ambiente, sin advertir sus riesgos o tergiversando su impacto”, señalan.

El objetivo es trasladar la carga económica a los contaminadores y no a los consumidores, quienes de otro modo terminarían pagando por la limpieza a través de impuestos o tarifas más altas.

Más allá de Baltimore, el caso podría tener implicaciones nacionales.

Las expertas legales consideran que estas demandas representan la “punta del iceberg” de un problema mucho más amplio, dado que la presencia de microplásticos ha sido documentada en cuerpos de agua de todo el país.

“Esto podría abrir la caja de Pandora”, advierten en su camino a que eventualmente en medio de un largo litigio se puedan establecer por primera vez responsabilidades directas en torno a este tipo de contaminación.

Las abogadas en entrevista con El Diario subrayan que el litigio es solo una parte de la solución.

“El primer paso es saber que estos contaminantes existen y que los estamos consumiendo sin darnos cuenta”, explicó Odiot.

En paralelo, el creciente interés social  impulsado por documentales, redes sociales y nuevos estudios científicos está ayudando a posicionar el tema en la agenda pública.

La abogada boricua Verónica Vásquez es parte del equipo de documentación e investigación de este litigio que podría ser histórico para la historia ambiental del país. (Foto cortesía Napoli Shkolnik Office)

Una batalla que apenas comienza

El caso de Baltimore podría marcar el inicio de una nueva era en la regulación ambiental en Estados Unidos. Así como ocurrió con los AFFF, la combinación de evidencia científica, presión pública y litigio estratégico podría forzar cambios estructurales en todas las industrias que dependen del plástico para envasar sus productos.

Mientras tanto, existe la certeza que los micro plásticos, invisibles pero sin dudas omnipresentes, continúan fluyendo por los sistemas de agua del país, planteando una pregunta cada vez más urgente:¿quién se hará responsable de limpiar lo que nadie ve, pero todos consumen?

La mirada a los microplásticos no se limita a los tribunales, ni a los expertos ambientales. Producciones recientes como el documental de Netflix ‘The Plastic Detox’ han contribuido a llevar este debate al público al vincular la presencia cotidiana del plástico con posibles efectos en la salud humana, especialmente en la fertilidad y el equilibrio hormonal.

Este enfoque audiovisual de alguna manera coincide temporalmente con el avance de litigios como los impulsados en Baltimore, donde se investiga la responsabilidad de grandes industrias en la dispersión de contaminantes plásticos en el ambiente.

Ya el despacho Napoli Shkolnik ha liderado algunas victorias clave en el derecho ambiental en Estados Unidos tras lograr bajo el liderazgo de la abogada Coral Odiot, acuerdos multimillonarios alcanzados en litigios contra fabricantes de la espuma contra incendios conocida como AFFF, un producto ampliamente utilizado desde los años 60 en aeropuertos, bases militares y servicios de emergencia, pero que ha demostrado contener sustancias altamente persistentes y tóxicas.

El trabajo jurídico permitió que grandes corporaciones como 3M, DuPont, Tyco y BASF aceptaran acuerdos que superan los miles de millones de dólares para financiar la remediación de sistemas de agua contaminados con compuestos asociados a cáncer y otros efectos graves en la salud.

4 claves de una crisis medioambiental:

  • A lo largo de las últimas dos décadas, la crisis medioambiental en los Estados Unidos ha registrado una evolución caracterizada por la aparición sucesiva de contaminantes emergentes.
  • Esta progresión se inició con la proliferación de las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), comúnmente denominadas “químicos permanentes”, las cuales se hallan integradas en una vasta multiplicidad de productos de consumo masivo. 
  • Posteriormente, se documentó su dispersión a gran escala mediante el empleo de espumas extintoras de incendios, específicamente las AFFF, cuya utilización fue prolongada en instalaciones de carácter militar y aeroportuario. 
  • En la actualidad, la problemática se ha extendido a los microplásticos, partículas de dimensiones microscópicas que poseen la capacidad de infiltrarse en los recursos hídricos, los diversos ecosistemas y el organismo humano.

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