Gracias a Dios, estoy en casa: Cómo la vivienda de apoyo me ayudó a reconstruir mi vida
Project Renewal, una organización sin fines de lucro lleva adelante Bedford Green House II, un desarrollo de vivienda asistida
Edificio de apartamentos Bedford Green House II. Crédito: Michael Grimm Photography – ESKW/Architects | Cortesía
Lo primero que hago al pasar por las puertas del edificio de mi apartamento es una respiración profunda. Luego digo: «Gracias, Dios. Estoy en casa». Ya ni siquiera lo pienso. Simplemente me sale.
Mi edificio es un desarrollo de viviendas de apoyo en El Bronx. Antes de mudarme, honestamente no sabía que existían lugares como este. Pensé que iba a tener un apartamento y tal vez un poco de ayuda con las citas o el papeleo. Nunca imaginé que encontraría una comunidad que me ayudaría a reconstruir mi vida.
Había tantas cosas que no entendía sobre las viviendas de apoyo. Algunos escuchan esas palabras y piensan que eso significa que allí las personas son vigiladas. Algunas personas no quieren tener viviendas de apoyo en sus barrios porque asumen que los residentes son peligrosos o que estos edificios traerán problemas. Esa no fue mi experiencia.
Soy la primera en decir que mi vida no ha sido fácil. Ha habido muchos traumas y mucha inestabilidad en mi familia, y luego de perder a mi madre a una edad muy joven, todo cambió. Luché contra la depresión, las relaciones poco sanas, las adicciones y llegué a sentir que no tenía a nadie. Por mucho tiempo, no pensaba que las cosas pudieran mejorar.
Cuando me convertí en madre, quería que las cosas cambiaran. Quería darle a mi hijo la vida que yo no tuve cuando me crié, pero la recuperación no siempre es una línea recta. Tuve una recaída y eventualmente perdí la custodia de mi hijo. Ese fue el peor momento de mi vida. Me sentí avergonzada, incluso sin esperanzas. Sabía que quería tenerlo de nuevo, pero quererlo simplemente no era suficiente. Tenía que trabajar en mejorar.
Fue entonces que comencé el tratamiento y me contacté con Project Renewal, una organización sin fines de lucro que lleva adelante Bedford Green House II, el desarrollo de vivienda asistida en el que vivo ahora. Cuando llegué, esperaba un apartamento, pero me informaron que también tendría acceso a la terapia ocupacional y a una trabajadora social. También encontré una comunidad y personas a las que realmente les importo. Hay clases de arte, grupos de jardinería, noches de películas, clases de cocina y vecinos que se conocen entre sí. Por primera vez en mucho tiempo, no me siento sola, pertenezco a un lugar y me siento segura.
En ocasiones, las personas tocan a mi puerta simplemente para preguntarme: «Jackie, ¿estás bien? ¿Necesitas algo?» Para algunos puede parecer poco, pero cuando has pasado años sintiéndote sola, el apoyo como ese tiene importancia.
Una vez que tuve estabilidad y apoyo, fue hora de recuperar la custodia de mi hijo. El personal de Bedford Green House II me ayudó en cada etapa del camino. Allí me contacté con trabajadores de casos que coordinaron con los proveedores de mi hijo mientras me ayudaban a mantenerme concentrada en mi propia recuperación. Recuperé la custodia mucho más rápido de lo que esperaba porque tenía personas que me ayudaban y me recordaban que no debía darme por vencida.
Como madre soltera cuya lengua materna no es el inglés, tratar de que mi hijo tuviera todo lo necesario por mi propia cuenta hubiera parecido algo imposible. Pero el equipo me ayudó a atravesar las evaluaciones y servicios escolares y, juntos, logramos brindarle el apoyo extra que necesitaba para el desarrollo del habla y el aprendizaje.
Ahora, él tiene tres años, y está aprendiendo muy rápido y habla tanto inglés como español. Puedo imaginar un futuro para nosotros dos. Quiero seguir con mi educación y trabajar como asistente médico o asistente de cuidados domiciliarios, para poder ayudar a los demás.
Las viviendas de apoyo no solo les brindan un apartamento a las personas. Les dan la chance de sanar. Una vivienda estable lo cambia todo.
Hoy, cuando mi hijo y yo volvemos a casa al final del día, abro la puerta y siento algo que no había sentido por un largo tiempo: paz. Cada vez que paso por la puerta de Bedford Green House II, todavía digo lo mismo: «Gracias, Dios. Estoy en casa».
Yakelyn Rojas Aday es una residente de Bedford Green House II