Extracto de novela: Bienvenido, Dr.
Bendición Abuelas y Abuelos…
Cuando la limosina llegó a su destino, el chofer bajó las ventanas para que el aire frígido de la madrugada despertara a su pasajero, quien estaba perdido en un sueño trastornado por el cambio de horario-granadas, aviones, y ratones.
-Ésta es la casa, Doctor, dijo el chofer, dándo la vuelta para ver aquella super-afeitada cara desarmarse al ver la casa decrépita. Era la cara aquileña de los tipos de hombres que habían sido tan hijos de sus madres con él en Santo Domingo, sólo para llegar a encontrarse ciegos en sus primeras visitas a Nueva York, donde el chofer había trabajado por décadas como perro lazarillo. Así que el chofer se lamió los labios cuando el pasajero pestañó violentamente al ver aquella horrible casa-ventanas rotas, un vagabundo tirado en las escaleras, el safacón cuyo hedor obligó al chofer subir las ventanas de nuevo.
-Bienvenido a Brooklyn, Doctor, dijo el chofer, y hasta aquel placer le sabía a galletitas de perros.
-Ay, mi madre, murmuró el pasajero. Dejé mi mansión en el Tercer Mundo para venir a esta cobacha en el Primer.
El chofer se echó a reir.
El pasajero se asomó hacia el cuello del chofer.
-Ven acá, chofercito, ¿es que tengo carita de payaso?
-¿Usted quiere la verdad, Doctor?
El pasajero lo llamó ‘perro’ en tres lenguas romances.
Cuando el chofer soltó otra carcajada, el pasajero suspiró.
-Mira, ésta cobacha no tiene pinta de clínica. ¿Estás seguro de la dirección?
En camino desde el aeropuerto, el pasajero se había alardeado con cuentos de su pasado como médico en Angola con las tropas cubanas. Este idiota, pensó el chofer, es uno de esos dominicanos comunistas de sillón que ni siquiera es digno de cuadrar las fechas históricas con su edad.
El chofer apagó el motor y prendió las luces para mejor fijarse en el pasajero a través del espejo retrovisor.
-Mire, Dr Narciso Abreu, dijo el chofer, ésta dicha cobacha es la clínica del famoso Dr Tomás Torres. Si lo quiere conocer, despierte al vagabundo acostado en las escaleras.
-Anda el diablo, murmuró el pasajero y se desmontó.