Un futuro más fuerte comienza en el hogar

Grand Street Guild ha servido a residentes del Lower East Side por más de cuatro décadas

Jalen, Jason, Jason Jr., Deborah, y Jaylin.

Jalen, Jason, Jason Jr., Deborah, y Jaylin. Crédito: Caridades Católicas | Cortesía

Para Jason y Deborah, criar a su familia ha significado enfrentar desafíos extraordinarios. Vivir con condiciones crónicas de salud mientras cuidan a tres hijos —incluyendo un hijo con autismo— ha puesto a prueba su fortaleza emocional, física y económica. Sin embargo, gracias al apoyo de Grand Street Guild y Catholic Charities of New York, la familia ha encontrado mucho más que vivienda asequible en el Lower East Side de Manhattan: ha encontrado estabilidad, compasión y esperanza.

Grand Street Guild, una de las comunidades de vivienda asequible de larga trayectoria de Catholic Charities, ha servido a residentes del vecindario por más de cuatro décadas. Además de ofrecer vivienda, la comunidad brinda servicios integrales, apoyo educativo y asistencia alimentaria que ayudan a las familias a mantenerse estables y conectadas.

“Hemos enfrentado serios problemas de salud,” expresó Deborah, quien vive con lupus y fibromialgia. Jason enfrenta diabetes, artritis reumatoide y una condición nerviosa que limita su movilidad. “Hay días en que apenas podemos movernos, pero todavía tenemos un techo sobre nuestras cabezas, y eso significa todo.”

Para esta familia, la vivienda asequible no se trata solamente de pagar renta. Representa la diferencia entre sobrevivir o caer en una crisis. Sin ella, tendrían que escoger entre alimentos, medicamentos o vivienda.

Su apartamento también les ha dado a sus hijos algo igualmente importante: seguridad.

“Yo crecí en este vecindario y ahora nuestros hijos también están creciendo aquí,” dijo Jason. “Conocen a sus vecinos, se sienten seguros y saben que este es su hogar.”

Su hijo, Jason Jr., quien está dentro del espectro autista, también se ha beneficiado enormemente de los servicios de Catholic Charities. Como muchos niños con autismo, enfrenta dificultades con la regulación emocional y la sensibilidad sensorial. Sus padres recuerdan momentos en los que se sentían abrumados y sin saber cómo ayudarlo.

Catholic Charities ayudó a conseguirle un perro de apoyo emocional, algo que, según ellos, transformó su vida.

“Ahora está más tranquilo, más enfocado y menos ansioso,” explicó Deborah. “Ese perro trajo paz a su mundo y también al nuestro.”

Junior también participa en el programa extracurricular y de ayuda con tareas de la organización, donde el personal le ofrece apoyo individualizado y paciente.

“Ellos hacen que aprender se sienta seguro,” dijo Jason. “Está logrando un verdadero progreso.”

Las hijas de la familia, Jalen y Jaylin, también están sobresaliendo. Jalen, estudiante de excelencia académica y reconocida frecuentemente como Estudiante del Mes, sueña con convertirse en pediatra. Jaylin espera algún día ser enfermera.

Ambas niñas reconocen que el programa extracurricular ha sido clave para mantenerse enfocadas en sus estudios, especialmente cuando sus padres están demasiado enfermos para ayudarlas.

“Cuando tengo dificultades, sé que hay alguien a quien acudir,” compartió Jalen. “Eso hace toda la diferencia.”

Catholic Charities también apoya a la familia mediante distribuciones semanales de alimentos saludables y productos frescos.

“No es solo comida,” dijo Deborah. “Es dignidad, bondad y saber que alguien se preocupa.”

Para Jason y Deborah, el apoyo recibido ha cambiado el rumbo del futuro de su familia.

“No solo nos dieron recursos,” expresó Jason. “Nos devolvieron la capacidad de respirar nuevamente.”

Su historia demuestra que cuando las familias reciben vivienda estable, apoyo compasivo y la oportunidad de permanecer en sus comunidades, los niños pueden soñar más alto, las familias pueden sanar y la esperanza puede crecer.

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