Qué es la hepatitis C, cómo se contagia y cuáles son los síntomas
La hepatitis C es una infección viral que afecta al hígado y muchas veces avanza sin dar señales. El testimonio de Pamela Anderson ayuda a tomar conciencia
Pamela Anderson, sobre la hepatitis C que padeció: "Era una sentencia de muerte, mi médico me dijo que me quedaban unos diez años de vida" Crédito: Scott A Garfitt | AP
La reciente revelación de Pamela Anderson sobre su experiencia con la hepatitis C volvió a poner el foco sobre una enfermedad que puede acompañar a una persona durante años sin que lo sepa.
A diferencia de otras infecciones que provocan síntomas rápidamente, muchas personas con hepatitis C se sienten completamente bien durante mucho tiempo. Esa característica explica por qué las autoridades sanitarias de Estados Unidos recomiendan que todos los adultos se hagan la prueba al menos una vez en la vida.
La buena noticia es que el panorama ha cambiado radicalmente en las últimas décadas: los medicamentos antivirales modernos pueden curar a más del 95% de las personas infectadas, generalmente mediante tratamientos orales de pocas semanas.
Qué es la hepatitis C
La hepatitis C es una infección causada por el virus de la hepatitis C (VHC) que afecta principalmente al hígado. Puede presentarse como una infección aguda, durante los primeros meses después del contagio, o convertirse en una infección crónica que permanece durante años.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que alrededor del 30% de las personas infectadas logra eliminar espontáneamente el virus durante los primeros seis meses. En el resto, la infección puede volverse crónica.
Sin tratamiento, una infección crónica puede provocar daños progresivos en el hígado y aumentar el riesgo de enfermedades graves, como cirrosis y cáncer de hígado.
La OMS estima que alrededor de 47 millones de personas viven actualmente con hepatitis C crónica en el mundo.
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Cómo se contagia la hepatitis C
La hepatitis C se transmite fundamentalmente a través de la sangre. El contagio ocurre cuando sangre de una persona infectada —incluso en cantidades microscópicas— entra en el organismo de otra persona.
Una de las principales formas de transmisión es compartir agujas, jeringas u otros elementos utilizados para inyectarse drogas.
Pero existen otras situaciones en las que puede producirse el contagio. Entre ellas están:
- Compartir objetos que puedan contener pequeñas cantidades de sangre.
- Procedimientos médicos realizados con instrumental que no haya sido esterilizado correctamente.
- Tatuajes o piercings realizados en establecimientos sin adecuados controles sanitarios.
- Accidentes con agujas entre trabajadores de la salud.
- Transmisión de una persona embarazada infectada a su bebé.
- Determinadas prácticas sexuales en las que existe contacto con sangre.
En Estados Unidos existe además un antecedente importante para las personas de mayor edad.
Los CDC consideran entre quienes deberían hacerse la prueba a las personas que recibieron una transfusión de sangre o un trasplante de órganos antes de julio de 1992, cuando todavía no estaba implementado el actual sistema de detección del virus en la sangre donada.
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¿La hepatitis C se contagia al besar o compartir comida?
No. La hepatitis C no se transmite por el contacto cotidiano con una persona infectada. Según los CDC y la OMS, no existe evidencia de transmisión por abrazos, besos, darse la mano, compartir platos o cubiertos, compartir alimentos o bebidas, tos o estornudos, ni a través del agua o alimentos.
Tampoco se transmite a través de la leche materna.
Esto significa que una persona con hepatitis C puede convivir, trabajar y realizar sus actividades habituales sin representar un riesgo para quienes la rodean simplemente por el contacto diario.
Cuáles son los síntomas de la hepatitis C
Uno de los principales problemas de esta infección es precisamente que puede no provocar ningún síntoma. Los CDC señalan que muchas personas con hepatitis C aguda o crónica no se sienten enfermas y desconocen que están infectadas.
Cuando aparecen síntomas durante la etapa aguda, pueden comenzar semanas o meses después del contagio.
Los principales son:
- Cansancio intenso.
- Fiebre.
- Pérdida del apetito.
- Náuseas o vómitos.
- Dolor abdominal.
- Dolores articulares.
- Orina oscura.
- Heces de color claro.
- Color amarillento en la piel o los ojos, conocido como ictericia.
En las personas con infección crónica pueden pasar años o incluso décadas antes de que aparezcan señales relacionadas con un daño importante del hígado.
Por ese motivo, esperar a tener síntomas no es una buena estrategia para saber si existe una infección.
Cómo saber si una persona tiene hepatitis C
La única manera de saberlo con certeza es mediante un análisis de sangre. El diagnóstico normalmente comienza con una prueba que detecta anticuerpos contra el virus de la hepatitis C.
Si el resultado es positivo, se realiza otra prueba para detectar el ARN del virus y determinar si existe una infección activa. Esto es necesario porque una persona puede tener anticuerpos aunque haya eliminado el virus espontáneamente o haya sido curada mediante tratamiento.
Los CDC recomiendan actualmente que todos los adultos de 18 años o más se hagan al menos una prueba de hepatitis C durante su vida. También recomiendan realizarla durante cada embarazo y repetirla periódicamente cuando existen factores de riesgo continuos.
¿La hepatitis C tiene cura?
Sí. Este es uno de los grandes cambios respecto de lo que ocurría décadas atrás. Los llamados antivirales de acción directa permiten actualmente curar a más del 95% de las personas con hepatitis C. En Estados Unidos, muchos tratamientos consisten en medicamentos orales administrados durante aproximadamente 8 a 12 semanas.
Detectarla antes de que exista un daño importante en el hígado puede reducir significativamente el riesgo de futuras complicaciones.
Sin embargo, hay una diferencia importante con otras hepatitis: actualmente no existe una vacuna eficaz para prevenir la hepatitis C. Por eso, las principales herramientas siguen siendo prevenir el contacto con sangre infectada, hacerse la prueba y recibir tratamiento cuando se detecta la infección.
Pamela Anderson: de un pronóstico devastador a curarse de la hepatitis C
Pamela Anderson recordó esta semana el impacto que tuvo recibir el diagnóstico de hepatitis C a finales de la década de 1990, cuando las opciones de tratamiento eran mucho más limitadas. Según relató durante una gala de amfAR en el Festival de Venecia, su médico llegó a decirle que probablemente le quedaban unos diez años de vida, una noticia que la marcó especialmente porque en ese momento sus hijos eran pequeños.

La actriz convivió con la infección durante años. En aquella época, los tratamientos se basaban principalmente en interferón, podían provocar efectos secundarios importantes y no lograban eliminar el virus en todos los pacientes. Anderson contó que ese diagnóstico condicionó muchas decisiones de su vida y que durante mucho tiempo también cargó con sentimientos de culpa y vergüenza.
El panorama cambió con la llegada de los antivirales de acción directa. Anderson pudo acceder a estas nuevas terapias y en 2015 anunció que había logrado eliminar el virus de su organismo.
Hoy, los tratamientos orales permiten curar a más del 95% de los pacientes, generalmente en períodos de entre 8 y 12 semanas y con muchos menos efectos secundarios que las terapias antiguas. Por eso, un diagnóstico de hepatitis C ya no tiene el mismo significado que tenía cuando Anderson recibió aquella noticia: detectada y tratada a tiempo, en la gran mayoría de los casos puede curarse.
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