Transgéneros, las olvidadas de la comunidad LGBT

Hace una década cambió su nombre de varón y su apariencia masculina convencida de que el cuerpo no define el género. Eligió llamarse Joselyn Mendoza, pero pocos respetan su identidad.

“Los términos transexual y transgénero son etiquetas. Yo soy una mujer, es mi derecho ser reconocida por mi verdadero género”, sostiene. “Vine a Nueva York buscando la vida libre de repudio que mi patria me negó y no lo encontré. Por eso me hice activista”.

Parte de su lucha se centra en la discriminación laboral, que califica de epidemia entre las transgénero latinas. Joselyn asegura que sus pares blancas tienen mayor goce de aceptación y acceso al empleo.

“El trabajo sexual se convierte en el salvavidas obligado cuando los empleadores te repudian por elegir tu verdadero género”, se lamentó. “El escrutinio y la burla acompañan el ‘no puedo admitirte porque hay niño aquí’ o ‘este es un negocio familiar’. El prejuicio nos quita el pan de la boca”.

Mendoza, original de México, asegura que de la comunidad LGBT, las transgénero son las que más sufren exclusión y abandono.

“Antes de hacer la transición era un gay con trabajo. Ahora soy una mujer desempleada”, indicó. “No importan mis habilidades cuando mi apariencia femenina no coindice con mi nombre de pila en los documentos oficiales”.

La activista, premiada con el New York Pride Leadership Award otorgado por la Alcaldía, afirma que el extremo de la discriminación laboral es la agresión. Recuerda que en 2012 uno de sus empleadores la golpeó al negarse a trabajar horas extra, pero parte de la situación también implicó acoso sexual.

“La hostilidad en el lugar de trabajo crece cuando la transición se hace visible”, dijo Joselyn. “Lejos de ser una proceso feliz se torna en un camino tortuoso. Se nos reduce a juguetes, olvidan que tenemos alma, que sentimos”.

Brook Cerda, otra activista transgénero, opinó que las leyes impulsadas para la protección de su comunidad son nulas de no vigilarse su cumplimiento, pero más allá del terreno legislativo, su eficacia radica en la aceptación sin etiquetas.

“Un paso significativo será cuando la ONU y el gobierno federal nos reconozca en su agenda como mujeres, sin el posfijo transexual o transgénero”, apuntó. “La transición es rectificar el error de ser criadas como varones. Usar etiquetas es insistir en el error”.

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