No quiero ir al gimnasio

Honestamente, ir al gimnasio… ¡qué pereza!
No quiero ir al gimnasio
Foto: Shutterstock

Nadie niega los muchos beneficios de hacer ejercicio. Pero la verdad, la verdad, ¡qué flojera levantarse bien temprano para ir al gym! O montarse en la caminadora luego de una ardua jornada de juntas, discusiones y mucho trabajo mental. Ay no, paso.

Si soy honesta, debo decir que me encantaría encontrar la lámpara mágica de Aladino y pedirle al genio que me concediera el deseo de mantenerme en forma de por vida sin mover un dedo en el gimnasio. Sniff. Puras fantasías de jueves.

Lo que sí puedo hacer es tomar algunas medidas en mi vida diaria que, además de ser amistosas con el medio ambiente, me ayudan a ejercitarme cuando no tengo tiempo o cuando simplemente tengo pereza.

Deja el auto lejos del trabajo o del cine o del café y camina. O bájate del bus 2 o 3 paradas antes de la que te corresponde. Te obligarás a caminar y contaminarás menos. Si puedes optar por una bicicleta o patines para moverte en tu ciudad, sería ideal.

Mi trabajo es completamente sedentario. Una vez que me siento frente al escritorio, prácticamente ya no me levanto. Pero una puede ejercitarse aun sentada. Primero, siéntate muy derecha y aprieta los abdominales. Mantén unos segundos y suelta. Repite varias veces. También puedes elevar ambos pies unas 6 pulgadas del piso, sostener unos segundos, bajar y repetir. Hacerlo y seguir escribiendo en el teclado se puede, créeme.

Ya sé. Después de un día de arduo trabajo llegas a casa y lo primero que haces después de quitarte los tacones es tirarte en el sillón y encender la TV, no quieres hacer otra cosa. Ya sé. Entonces aprovecha para ejercitarte: en lugar de tirarte en el sillón, siéntate en una pelota de ejercicio mientras ves la tele. Te obligará a mantener el equilibrio y una buena postura, con lo que trabajarás el core y las piernas.

Lamento haberte dejado sin pretexto para no hacer un poco de ejercicio, aunque no pises el gimnasio. Prueba estas ideas y cuéntame cómo te fue.