Obesidad y cirrosis hepática: hombres que beben mucha cerveza, en riesgo

El excesivo consumo de alcohol, se relaciona con el aumento de grasa en la zona abdominal y el incremento en padecimientos hepáticos como la cirrosis. En muchos casos suele asociarse con la sobrecarga calórica relacionada con la ingesta de cerveza, la cantidad y frecuencia en su consumo

Obesidad y cirrosis hepática: hombres que beben mucha cerveza, en riesgo
Se estima que alrededor del 8.5% de los adultos en los Estados Unidos padecen un trastorno por consumo de alcohol. Además la obesidad ha alcanzado cifras de epidemia a nivel mundial.
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Beber cerveza es uno de los placeres que más disfrutan algunos hombres, sin embargo años de este hábito pueden traer graves consecuencias y una de las principales es ver como se transforman los abdominales en un barril. No en vano uno de los términos más populares entorno a ello es la “panza cervecera.” De hecho parece que los bebedores de cerveza de todo el mundo tienden a desarrollar barrigas pronunciadas, especialmente si son hombres y con más incidencia a medida que envejecen. Sin embargo es un problema mucho más complejo que no solo se asocia con un aumento de peso y con ello la obesidad, aumenta considerablemente el riesgo de desarrollar cirrosis hepática. 

La realidad es que tanto la obesidad como los padecimientos hepáticos, son condiciones que en muchos casos suelen relacionarse con el consumo de alcohol a modo general. De manera particular lo que sucede con la cerveza, es que se trata de una de las bebidas alcohólicas con mayor aporte en calorías y carbohidratos; aspectos que en general pueden afectar hasta la cintura más esbelta. Es decir, cualquier tipo de calorías, ya sea de alcohol, bebidas azucaradas o porciones de comida demasiado grandes, puede aumentar la grasa abdominal. Sin embargo, el alcohol parece tener una asociación particular con la grasa en la sección media.

Según declaraciones de Michael Jensen, experto en endocrinología e investigador de obesidad de la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota. “En general, la ingesta de alcohol se asocia con cinturas más grandes, cuando bebemos alcohol, el hígado quema alcohol en lugar de grasa.” La cerveza se asocia como uno de los mayores culpables porque las calorías del alcohol son muy fáciles de exagerar. Es decir, una cerveza típica tiene 150 calorías, y cuando ingerimos varias en una sola sesión, es muy probable terminar con una sobrecarga calórica grave. A esto también debemos sumar las calorías de los alimentos que consumimos en compañía de esas cervezas y las del resto del día. Finalmente no es ningún secreto decir que el alcohol suele aumentar el apetito, además es común acompañarlo con alimentos altos en calorías y grasas como la pizza, alitas, papas fritas y otras comidas rápidas. 

Existe otro aspecto que juega un papel determinante: la cantidad de alcohol consumida (cuánto, con qué frecuencia y durante cuánto tiempo). Son aspectos que suelen determinar el riesgo y la gravedad del daño hepático, y que también se relaciona con el sobrepeso y la obesidad. Teniendo en cuenta que el hígado es uno de los órganos más importantes en el cuerpo y que se relaciona directamente con la desintoxicación, vale la pena prestar atención.

De tal modo que en muchas de las personas que tienen el hábito de beber en exceso, presentan síntomas de enfermedad hepática. Si bien, al principio las señales suelen ser nulas, existen casos en los que se presenta fiebre, ictericia, náuseas, vómito, fatiga y un hígado sensible, doloroso y agrandado. Posteriormente pueden presentarse problemas más graves como sangrado en el tracto digestivo y deterioro de la función cerebral. Por lo tanto queda bastante claro que el mejor tratamiento para combatir afecciones como la cirrosis: es dejar de beber alcohol. 

Se cuenta con datos relevantes al respecto: se estima que alrededor del 8.5% de los adultos en los Estados Unidos tienen un trastorno por consumo de alcohol. Además se ha comprobado que el consumo de los hombres es dos veces mayor, en comparación con las mujeres. También, llama de manera particular la atención saber que se cuenta con referencias en las que un alto consumo de alcohol en los varones, en muchas ocasiones se relaciona con una ingesta sistemática de cerveza.

La realidad es que el consumo de cualquier tipo de alcohol, es uno de los más grandes enemigos del peso e hígado. Finalmente el proceso es el mismo: la mayor parte del alcohol, después de ser absorbido en el tracto digestivo, se metaboliza en el hígado y a medida que se procesa, produce sustancias que pueden dañar el hígado. Cuanto más alcohol bebe una persona, mayor será el daño al hígado.

Con base en lo anterior, se sabe que el abuso de alcohol puede causar tres tipos de daño hepático. La primera y una de las más comunes es el hígado graso, considerada una de las condiciones menos grave de la categoría, en ocasiones puede revertirse y ocurre en más del 90% de las personas que beben demasiado alcohol. En segundo lugar se encuentra la inflamación (hepatitis alcohólica) y como su nombre lo  indica es cuando el hígado se inflama, se presenta del 10 al 35% de las personas. Y el tercer tipo de daño hepático, es la cirrosis que se presenta entre el 10-20% de las personas y ocurre cuando una gran cantidad de tejido hepático normal se reemplaza permanentemente con tejido cicatricial (llamado fibrosis), que no realiza ninguna función. Como resultado, la estructura interna del hígado se altera y el hígado ya no puede funcionar normalmente. La cirrosis no se puede revertir.

Si bien existen diferentes niveles de obesidad y de daños en el hígado, de los cuales en algunos casos no son reversibles. Todos tenemos la capacidad de realizar cambios en nuestro estilo de vida y ganar la batalla, es por ello que los expertos en medicina han comprobado que todo se conecta y este es el ejemplo perfecto. Finalmente el excesivo consumo de bebidas alcohólicas como la cerveza que es rica en calorías e hidratos de carbono, de manera cotidiana aumenta el riesgo de obesidad y con ello el daño hepático.

Por fortuna, con el apoyo de profesionales es posible controlar el consumo excesivo de alcohol, que es el primer paso para bajar de peso, restablecer la salud física y emocional en todo nivel.  Derivado de ello será mucho más fácil crear nuevos hábitos alimenticios y costumbres relacionadas con un mejor estilo de vida y un mayor bienestar.

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