Obesidad, la otra epidemia en Estados Unidos: no sólo es cuánto comas, sino qué alimentos eliges

Se estima que el 42% de la población estadounidense padece obesidad, las cifras son alarmantes y es momento de cambiar nuestra percepción del problema. Reconocidos expertos en todo el mundo, confirman que la calidad de la dieta es mucho más importante que la cantidad de calorías, el consumo de alimentos integrales y saludables conduce a un mejor control de las calorías y mecanismos de saciedad  

La dieta mediterránea es un estilo de alimentación altamente recomendado para prevenir y combatir la obesidad. El alto consumo de productos integrales de origen vegetal aporta nutrientes, fibra y antioxidantes, que benefician el control calórico y la disminución de peso.
La dieta mediterránea es un estilo de alimentación altamente recomendado para prevenir y combatir la obesidad. El alto consumo de productos integrales de origen vegetal aporta nutrientes, fibra y antioxidantes, que benefician el control calórico y la disminución de peso.
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Si bien es cierto que después de más de un año de pandemia los casos de Covid-19 están disminuyendo considerablemente en los Estados Unidos, existen otros problemas que vale la pena mencionar. Finalmente no es ningún secreto decir que los estadounidenses están enfrentando una pandemia diferente que no muestra signo alguno de ceder: la obesidad. Hoy en día más estadounidenses que nunca califican clínicamente como obesos, para ser más precisos el 42% de la población. Sin lugar a dudas es un número bastante alto y alarmante. 

Lo cierto es que la obesidad es un problema de salud urgente, aumenta significativamente el riesgo de enfermedades graves como son las del tipo cardíaco, diabetes, cáncer, depresión y demencia. Lo primero es lo primero ¿Qué es la obesidad? Para determinar si alguien es obeso, los expertos se basan en un concepto primordial que se llama índice de masa corporal (IMC). Es una medida que analiza la grasa corporal de una persona y se basa en la altura y el peso. Por lo tanto es una medida que da bastante claridad en el diagnóstico: un rango normal es de 18 a 25, un IMC superior a 25 se considera sobrepeso y cuando es superior a 30, se cataloga como obesidad y se aumenta considerablemente el riesgo de desarrollar otros problemas de salud.

Si bien la obesidad es un tema complejo, que se asocia con diversos factores como pueden ser genéticos, conductuales y socioculturales. Es un hecho que la mayoría de las personas que tienden al sobrepeso, consumen más calorías de las que gastan. Según declaraciones JoAnn Manson, profesora de medicina en la Escuela de Medicina de Harvard y jefa de medicina preventiva en Brigham, la obesidad se relaciona directamente con la calidad de la dieta y una serie de hábitos que las personas suelen adoptar con el paso del tiempo. Un buen ejemplo podría ser el consumo regular de bocadillos poco saludables.

Lo cierto es que no todas las calorías son iguales y es importante partir de ello para entender más a fondo el problema. Se sabe que el consumo de alimentos procesados es uno de los principales enemigos de la salud y el peso corporal, de tal modo que estos alimentos entre los que se incluyen carbohidratos simples, dulces, postres, bollería industrial, bocadillos empaquetado y muchas alternativas de comida rápida: no son satisfactorios y su efectos es estimular al  cuerpo para comer más y seguir comiendo. 

Por lo tanto seguir una dieta rica en alimentos procesados como papas fritas, galletas y cenas preparadas, es la llave para aumentar los niveles de azúcar en la sangre y con ello la insulina aumenta y colapsa. Este es el ciclo que mantiene la sensación constante de hambre, nos conduce a comer en exceso y con ello se aumenta el riesgo de gradualmente convertirnos en personas obesas.

Lo cierto es que con el paso del tiempo las cosas han ido cambiando, sobre todo con respecto a las calorías. Para mayor contexto: el término caloría es el nombre de varias unidades de energía basadas en la capacidad térmica específica del agua y se utiliza para expresar el poder energético de los alimentos. Hace algunas décadas no importaba mucho la fuente de las calorías, hoy sabemos que no todas las calorías son iguales ni engordan igual. Es momento de tener una visión diferente y dejar de empeñarnos en seguir contando calorías para perder peso o para evitar engordar. Finalmente así como hay diferencias entre unos alimentos y otros, es igual con las personas y su metabolismo.

Desde que un alimento entra a la boca, el cuerpo está gastando energía para digerirlo; por lo tanto el simple hecho de masticar un alimento o de producir los jugos gástricos requiere de un gasto energético. Lo cierto es que existen algunos grupos de alimentos que al cuerpo le toma mayor esfuerzo digerir, tal es el caso de las proteínas en comparación con los hidratos de carbono o las grasas. Un claro ejemplo: 500 ml de refresco azucarado aporta 250 kcal, el mismo aporte que se encuentra en 100 gramos de pan integral. Sin embargo, el cuerpo no asimila tan fácilmente el azúcar que obtiene del pan como el que obtiene del refresco ¿La razón? El azúcar del refresco no necesita casi digestión para convertirse en energía (hidratos de carbono de absorción rápida), mientras que el pan se obtiene tras un proceso de digestión más lento y laborioso (hidratos de carbono de absorción lenta), lo que hace que al final nos “engorde” menos. Existe una buena regla  para entenderlo con mayor claridad: cuanto más procesado es un alimento, menos “gastamos” en digerirlo y por lo tanto nos “engorda” más.

Con base en lo anterior cada día son más los expertos y personas interesadas en seguir una dieta adecuada para prevenir la obesidad. Si bien cabe mencionar que no existen fórmulas mágicas para bajar de peso, sí existen acciones que en conjunto marcarán una diferencia. En principio la clave es consumir menos calorías, si bien es cierto que existen numerosas pautas alimenticias enfocadas en disminuir la ingesta calórica, actualmente la recomendación de los nutricionistas es consumir calorías de alta calidad. Y por fortuna existe un estilo de alimentación que se acopla de manera bastante efectiva a ello: la dieta mediterránea. Enfatiza el consumo de frutas, verduras, legumbres, semillas, pescados grasos y aceite de oliva, mientras que propone un bajo consumo en carnes rojas, carnes procesadas y alimentos procesados (los cuales suelen ser ricos en calorías y grasas). Referente a los bocadillos, es momento de despedirse de los procesados como dulces, barritas de granola, papas fritas o botanas saladas y probar por consumir frutos secos, yogurt natural, frutas y verduras sin almidón. 

Basar la ingesta calórica en este tipo de alimentos no solo será un acierto para bajar de peso y mantenerlo, es el secreto para ganar salud y prevenir todo tipo de enfermedades. Estos alimentos básicos son increíblemente saludables, deliciosos y satisfactorios, aportan mucha saciedad sin la necesidad de privarse o recurrir al conteo de calorías de antaño. La realidad es que no existen dudas al respecto: la calidad de la dieta es mucho más importante que la cantidad de calorías. Una dieta de alta calidad conducirá casi automáticamente a un mejor control de las calorías: el resultado será un mayor consumo de alimentos saciantes y densos en nutrientes. Los resultados serán impresionantes, sostenibles y notarás magníficas bondades en la salud física, mental y emocional.

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