Obesidad: un estudio de casi 20 años indica que los estadounidenses están comiendo más ultraprocesados que nunca

Un nuevo estudio encabezado por la Escuela de Salud Pública Global de la Universidad de Nueva York, que duró 18 años midió la estrecha conexión entre el alto consumo de alimentos ultraprocesados la obesidad y otras enfermedades crónicas. Los resultados fueron alarmantes y nos invitan a tomar medidas extremas

De acuerdo con los resultados del estudio: el consumo de alimentos ultraprocesados ​​creció del 53,5% de las calorías al inicio del período estudiado (2001-2002) al 57% al final (2017-2018).
De acuerdo con los resultados del estudio: el consumo de alimentos ultraprocesados ​​creció del 53,5% de las calorías al inicio del período estudiado (2001-2002) al 57% al final (2017-2018).
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A estas alturas todos sabemos sobre las graves consecuencias de salud que trae consigo un alto consumo de alimentos ultraprocesados. De hecho se cuenta con información que confirma que el consumo de los mismos ha aumentado en las últimas dos décadas en casi todos los segmentos de la población de EE.UU. De acuerdo con un nuevo estudio encabezado por investigadores de la Escuela de Salud Pública Global de la Universidad de Nueva York: la composición general de la dieta estadounidense promedio se ha desplazado hacia una dieta más procesada. Sin lugar a dudas es una situación alarmante, ya que comer más alimentos ultraprocesados se asocia con una dieta de mala calidad y un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, entre las que se destaca la obesidad y las enfermedades cardíacas.

Según las declaraciones de la autora principal del estudio; Filippa Juul, quien es profesora asistente y becaria postdoctoral en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Nueva York:

“El alto y creciente consumo de alimentos ultraprocesados ​​en el siglo XXI puede ser un factor clave de la epidemia de obesidad”.

Es bien sabido que los alimentos ultraprocesados se fabrican industrialmente y en principio se caracterizan por ser sumamente accesibles y debido a su procesamiento tienen la peculiaridad de conservarse por mucho más tiempo. Están listos para comer o calentar, incluyen aditivos y en gran medida carecen de alimentos integrales: se dice que son calorías vacías, ya que su aporte de nutrientes puede ser verdaderamente bajo. Se trata de alimentos ricos en azúcares, harinas refinadas, grasas saturadas y trans, sodio, endulcorantes, aditivos y todo tipo de conservadores, en pocas palabras son la antítesis de una alimentación natural e integral.

Como antecedente a este nuevo estudio, vale la pena mencionar que se cuenta con estudios previos realizados por investigadores de la Escuela de Salud Pública Global de la NYU en los que se comprueba que un mayor consumo de alimentos ultraprocesados ​​está asociado con la obesidad y las enfermedades cardíacas. En el nuevo estudio, publicado en el American Journal of Clinical Nutrition, Juul y sus colegas analizaron datos dietéticos de casi 41,000 adultos que participaron en la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición de los CDC desde 2001 hasta 2018. Se preguntó a los participantes qué comían en el las últimas 24 horas, y los investigadores clasificaron los alimentos informados en cuatro categorías:

– Alimentos mínimamente procesados ​​(alimentos integrales), como verduras, frutas, cereales, carne y lácteos
– Ingredientes culinarios procesados, como aceite de oliva, mantequilla, azúcar y sal.
– Alimentos procesados, como queso, pescado enlatado y frijoles enlatados.
– Alimentos ultraprocesados, como pizza congelada, refrescos, comida rápida, dulces, bocadillos salados, sopa enlatada y la mayoría de los cereales para el desayuno.

Con base en ello, los investigadores calcularon el porcentaje de calorías consumidas de cada grupo de alimentos. Y la realidad es que los hallazgos fueron bastante relevantes: el consumo de alimentos ultraprocesados ​​creció del 53,5% de las calorías al inicio del período estudiado (2001-2002) al 57% al final (2017-2018). Además, se comprobó que estas calorías se derivaban de un aumento en el consumo de comidas listas para comer o calientes, como es el caso de las cenas congeladas. Mientras que la ingesta de algunas comidas y bebidas azucaradas disminuyó. En contraste, el consumo de alimentos integrales disminuyó del 32,7% al 27,4% de las calorías, y la razón principal se relacionó con que las personas consumieron menos carne y lácteos.

Las personas de casi todos los grupos demográficos, independientemente de sus ingresos, aumentaron su consumo de alimentos ultraprocesados, con la excepción de los adultos hispanos, que consumieron significativamente menos alimentos ultraprocesados ​​y más alimentos integrales en comparación con los adultos blancos y negros no hispanos. Los graduados universitarios también comieron significativamente menos alimentos ultraprocesados. En particular, los adultos mayores (mayores de 60 años) experimentaron el aumento más pronunciado en el consumo de alimentos ultraprocesados: este grupo de edad comió los alimentos menos ultraprocesados ​​y la mayoría de los alimentos integrales al comienzo del período estudiado, pero al final comieron comió la mayoría de los alimentos ultraprocesados y menos alimentos integrales.

Si bien, es cierto que desde hace muchos años las Organizaciones de salud más reconocidas en todo el mundo han enfatizado sobre el problema que simboliza la alta ingesta de alimentos ultraprocesados: la creciente evidencia, es contundente. No es ningún secreto decir que se cuenta con numerosas referencias científicas que vinculan a los alimentos ultraprocesados con enfermedades crónicas y es por ello que los investigadores de este relevante y amplio estudio recomiendan implementar políticas para reducir su consumo. Entre las principales propuestas sobre la mesa, se encuentran: pautas dietéticas revisadas, restricciones de comercialización, cambios en el etiquetado de los envases e impuestos sobre los refrescos y otros alimentos ultraprocesados. También, enfatizan en la importancia de fomentar el apoyo de programas y políticas para aumentar la disponibilidad, accesibilidad y asequibilidad de alimentos integrales (especialmente entre las poblaciones desfavorecidas).

Como parte de las declaraciones de Juul: “En el actual entorno industrial de alimentos, la mayoría de los alimentos que se nos comercializan son de hecho formulaciones industriales muy alejadas de los alimentos integrales. No obstante, la ciencia nutricional tiende a centrarse en el contenido de nutrientes de los alimentos e históricamente ha ignorado las implicaciones para la salud del procesamiento industrial de alimentos.”

Cabe mencionar que el estudio se centró en datos anteriores al COVID-19, sin embargo es fundamental considerar que hay indicios sobre cómo la pandemia provocó un aumento en el consumo de alimentos menos nutritivos y estables. “En los primeros días de la pandemia, la gente cambió su comportamiento de compra para comprar con menos frecuencia, y las ventas de alimentos ultraprocesados ​​como macarrones con queso en caja, sopas enlatadas y bocadillos aumentaron sustancialmente. También, se ha comprobado que las personas pueden haber comido más ‘alimentos reconfortantes’ empaquetados como una forma de hacer frente a la incertidumbre de la pandemia ”, agregó Juul.

Sin lugar a dudas este tipo de estudios se suman a la creciente evidencia que nos invita como sociedad a realizar cambios en nuestra manera de vivir y alimentarnos, finalmente el alto consumo de ultraprocesados no solo nos está matando; también al planeta y a las futuras generaciones. Causan un grave deterioro en la calidad y esperanza de vida de niños, jóvenes, adultos y personas mayores.

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