La obesidad no viene por comer mucho: los alimentos de carga glucémica alta son los responsables

No es la cantidad que comemos lo que conduce al aumento de peso, es lo que estamos comiendo. Un nuevo estudio comprobó que un excesivo consumo de alimentos de carga glucémica alta afecta el metabolismo, impulsa el almacenamiento de grasa y el aumento de peso corporal

Los alimentos con una carga glucémica alta, en un consumo excesivo desencadenan una reacción carbohidrato-insulina que cambia el metabolismo e impulsan el almacenamiento de grasa y el aumento de peso general.
Los alimentos con una carga glucémica alta, en un consumo excesivo desencadenan una reacción carbohidrato-insulina que cambia el metabolismo e impulsan el almacenamiento de grasa y el aumento de peso general.
Foto: Photo by Shayna Douglas on Unsplash / Unsplash

La obesidad ha alcanzado cifras de epidemia a nivel mundial. Lo peor de todo es que los casos van en incremento y abren la puerta a numerosas enfermedades crónicas como la hipertensión, diabetes, afecciones cardíacas, depresión y ciertos tipos de cáncer. Lo cierto es que durante años hemos creído en la sabiduría convencional que relaciona al aumento de peso y la obesidad con el principio básico del “modelo de equilibrio energético”, lo que significa consumir más calorías de las que se queman. Sin embargo la ciencia no deja de sorprendernos y recientemente ha salido a la luz una nueva perspectiva publicada en The American Journal of Clinical Nutrition. Los expertos afirman que no es la cantidad que comemos lo que conduce al aumento de peso, es lo que estamos comiendo el culpable de cómo reacciona el cuerpo.

Para mayor contexto: los investigadores involucrados en el estudio sugieren que los alimentos con una carga glucémica alta (como es el caso de los carbohidratos altamente procesados ​​y fácilmente digeribles), en un consumo excesivo desencadenan una reacción carbohidrato-insulina que cambia el metabolismo de una manera que impulsa el almacenamiento de grasa y el aumento de peso general.

Así es como funciona: cuando comemos carbohidratos altamente procesados, el cuerpo aumenta la secreción de insulina y suprime una hormona llamada glucagón, que se usa para descomponer el glucógeno, la forma almacenada de glucosa que se usa como combustible del cuerpo. Ese proceso de aumento de insulina y glucagón suprimido envía un mensaje a las células grasas para que almacenen más calorías. Al mismo tiempo, el cerebro aumenta las señales de hambre porque percibe que no entra suficiente energía. Por lo tanto activan la “sobre-alimentación” que hace referencia a comer en exceso, la ansiedad por comer y los deseos por alimentos ricos en grasas, carbohidratos y azúcares.

El resultado del proceso que activan en el organismo los alimentos con alta carga glucémica es seguir con hambre incluso cuando estamos comiendo cantidades suficientes, por ende se acumula grasa en exceso. Además, en muchos casos las personas podrían estar comiendo menos calorías y seguir viendo que su peso aumenta.

De acuerdo con los investigadores que encabezaron el estudio, este modelo no es nuevo y en realidad data de principios del siglo XX. Finalmente a estas alturas todos estamos familiarizados con las consecuencias de una dieta rica en carbohidratos refinados y alimentos ultraprocesados. Lo nuevo aquí, es que los 17 científicos que participaron en el estudio crearon esta perspectiva que ahora tiene suficiente evidencia clínica para apoyar esta teoría como la causa más importante del aumento de peso. Este tipo de estudios llegan para romper años de mitos entorno al aumento de peso y cambian el foco entorno al típico modelo de “calorías adentro, calorías afuera”.

Si bien, es un hecho que los estudios e investigaciones deben continuar, este estudio plantea muy buenas razones para establecer estrategias de salud y adelgazamiento más contundentes; centradas en alejarse del consumo de carbohidratos altamente procesados. Es indudable que su efecto sobre la salud es devastador, ya que no solo se trata de alimentos muy ricos en calorías y de muy bajo potencial nutricional. Generalmente carecen de fibra, que beneficia la salud cardiovascular, el proceso digestivo, la pérdida de peso y es uno de los nutrientes más importantes para promover la saciedad.

Además, concentrarse en reducir las calorías, en lugar de modificar las opciones de alimentos, podría conducir a un déficit de calorías excesivo, y esto tiende a ralentizar el metabolismo. Según los expertos que participaron en el estudio, muchas personas se encuentran en un ciclo constante de atracones y restricciones que puede ser un pésimo hábito muy problemático para el metabolismo. También, por obvias razones puede desencadenar los antojos de alimentos con alto contenido de grasa y azúcar para un impulso rápido de energía.

Si bien nunca será recomendado un excesivo consumo de alimentos de alto índice glucémico, esto no quiere decir que se deba renunciar por completo a ellos. Simplemente es necesario estar conscientes sobre sus efectos y consumirlos únicamente en ocasiones especiales, de acuerdo con los reconocidos nutricionistas que colaboraron en el estudio comer una cantidad modesta y combinarlos con una proteína o grasa saludable puede ralentizar la liberación de carbohidratos en el torrente sanguíneo.

También es importante tener claro porqué solemos consumir este tipo de alimentos. En muchas ocasiones se relaciona directamente con estados emocionales alterados, depresión, ansiedad, estrés o aburrimiento, cuando en realidad físicamente no tenemos hambre. Se ha comprobado que en estos momentos vulnerables, nuestras elecciones de alimentos son a menudo alimentos de energía rápida, como papas fritas, bollería y chocolate. Continuar comiendo por emoción o fuera de nuestro hambre física también puede resultar en un aumento de peso con el tiempo. Y por supuesto abre la puerta a una larga lista de problemas de salud.

A modo de conclusión, podemos decir que aunque las calorías siguen siendo un concepto importante en la nutrición y pérdida de peso, y probablemente siempre lo serán. Es momento de cambiar nuestra visión y observar más de cerca el “qué” y el “por qué” en nuestra alimentación, son aspectos que podrían marcar una gran diferencia para cambiar nuestro estilo de vida, peso corporal y estado de salud.

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