Turbulencias en el avión: qué hacer para protegerte y cómo las anticipan las aerolíneas
Qué hacer durante las turbulencias de un avión, cómo usar el cinturón y qué tecnología emplean las aerolíneas para anticiparlas
Las turbulencias han aumentado en 55% en las últimas 4 décadas. Crédito: Getty Images
Si un avión atraviesa turbulencias, la principal medida de protección para el pasajero es permanecer sentado con el cinturón abrochado y seguir las instrucciones de la tripulación. La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) recomienda mantenerlo puesto durante todo el tiempo que se permanezca en el asiento: una sacudida puede producirse sin advertencia y lanzar a una persona que no esté sujeta.
Aunque muchas turbulencias se traducen en movimientos incómodos, los episodios intensos pueden causar lesiones. Para reducir ese riesgo, las aerolíneas combinan pronósticos meteorológicos, reportes de pilotos y mediciones de otros aviones. La información permite tomar decisiones antes de entrar en una zona problemática, desde suspender el servicio de comidas hasta modificar la trayectoria cuando sea posible.
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Qué hacer si el vuelo entra en una zona de turbulencias
No hace falta esperar a que el avión empiece a moverse para abrocharse el cinturón. La FAA aconseja usarlo siempre que se esté sentado, incluso cuando la señal luminosa esté apagada. Debe quedar ajustado y bajo sobre las caderas, no sobre el abdomen, para limitar el movimiento del cuerpo.
Cuando se enciende la señal, hay que permanecer en el asiento y atender los anuncios de la tripulación. También es importante respetar las restricciones del equipaje de mano y prestar atención a la explicación de seguridad al comienzo del vuelo.
Para quienes viajan con bebés, la FAA señala que el lugar más seguro para un menor de dos años es un sistema de retención infantil aprobado para uso en aviones. Llevarlo en brazos no ofrece la misma sujeción durante un movimiento inesperado.
Por qué puede haber turbulencias con el cielo despejado
Uno de los fenómenos que estudian los especialistas es la turbulencia en aire claro, que puede aparecer sin las nubes de tormenta que los pasajeros suelen asociar con un vuelo agitado.
Investigadores de la Universidad de Reading, en Reino Unido, analizaron su evolución durante cuatro décadas. El estudio, publicado en 2023 en Geophysical Research Letters, encontró aumentos en distintas regiones y relacionó esos cambios con una mayor diferencia de velocidad o dirección del viento, conocida como cizalladura, en las corrientes en chorro. Los resultados son consistentes con los efectos del calentamiento de la atmósfera.
El dato más difundido de esa investigación requiere contexto: en un punto representativo del Atlántico Norte, la duración anual de turbulencia severa pasó de 17.7 horas en 1979 a 27.4 horas en 2020, un incremento del 55%.
Eso no significa que todos los vuelos tengan hoy un 55% más de turbulencias ni que cada episodio pueda atribuirse directamente al cambio climático. El estudio describe una tendencia de largo plazo en condiciones atmosféricas específicas.
Cómo comparten información los aviones para anticiparlas
Una de las herramientas que ya utiliza la industria es Turbulence Aware, una plataforma de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA). Recopila, estandariza y comparte datos de turbulencia generados por aeronaves para que otras tripulaciones dispongan de información sobre las condiciones que podrían encontrar.
En junio de 2026, IATA anunció la incorporación de Aeroméxico. Según la organización, el programa reunía entonces reportes de más de 30 aerolíneas participantes y distribuía la información prácticamente en tiempo real.
Esos datos pueden ayudar a los pilotos a anticipar medidas dentro de la cabina: encender la señal del cinturón, interrumpir el servicio o buscar una ruta alternativa cuando las condiciones operativas lo permitan. La utilidad está en reducir la exposición; no en garantizar un vuelo sin movimientos.
Qué está cambiando en Estados Unidos
La FAA también trabaja en mejorar la recopilación y circulación de reportes de pilotos, conocidos como PIREPs. Entre sus líneas de acción figuran facilitar el intercambio digital de información y utilizar más datos meteorológicos en la planificación de los vuelos.
Además, la agencia informa que desarrolló, en colaboración con NCAR, una herramienta de pronóstico inmediato de turbulencias a 15 minutos, cuya versión beta está disponible para aerolíneas y otros participantes del sector.
Para el pasajero, parte de esa prevención puede verse en una decisión cotidiana: que la tripulación suspenda el reparto de bebidas y se siente antes de que comiencen las sacudidas. Es una de las medidas que permiten adoptar la información anticipada sobre turbulencias.
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