Esposa de Maduro fue vista por primera vez con la cara sombría tras su llegada a Nueva York
Las fotografías muestran a Cilia Flores envuelta en una sudadera con capucha, con las manos entrelazadas mientras los agentes armados la rodeaban en la pista
Dentro de Venezuela, Flores era vista por críticos y analistas como el verdadero poder detrás del trono. Crédito: Ariana Cubillos | AP
La esposa de Nicolás Maduro, Cilia Flores, se veía con el rostro sombrío y retraída en las primeras imágenes de ella desde que fue arrestada junto al líder del chavismo por las fuerzas especiales de Estados Unidos.
Maduro hizo un gesto de aprobación con el pulgar y un signo de paz mientras él y su esposa eran escoltados bajo una fuerte custodia a las afueras de la Base de la Guardia Nacional Aérea Stewart, al norte de la ciudad de Nueva York.
Fue la primera vez que Flores fue vista desde que fue capturada junto a su esposo por operadores de la Fuerza Delta de Estados Unidos en la madrugada del sábado.
Las fotografías muestran a Flores envuelta en una sudadera con capucha verde y amarilla, con las manos entrelazadas frente al pecho mientras los agentes armados la rodeaban en la pista.
No realizó ningún gesto ni mostró ninguna expresión mientras era trasladada por medio de una zona segura luego de su llegada.
Los dos líderes del régimen de Venezuela fueron trasladados al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, donde enfrentan cargos de narcoterrorismo.
Las imágenes capturan la caída de una mujer considerada por mucho tiempo como una de las figuras más influyentes, y polémicas, dentro del sistema autoritario del sistema autoritario de Venezuela.
Antes de contraer matrimonio con Maduro en 2013, fue presidenta de la Asamblea Nacional y una de las personas clave del poder en la nación suramericana de más de 30 millones de habitantes.
Flores conoció a Maduro a inicios de la década de 1990, mientras los dos estaban casados con distintas personas. Se cruzaron mientras trabajaban en el círculo cercano de Hugo Chávez luego del fallido golpe de Estado en 1992 contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez lo llevara a la cárcel.
Posteriormente, se involucraron romántica y políticamente, informó New York Post.
Con el pasar del tiempo, su relación se profundizó mientras ascendían en el movimiento socialista de Venezuela, y finalmente se divorciaron de sus respectivas parejas y se convirtieron en socios.
Vivieron casi veinte años sin casarse, una decisión que los aliados consideraron ideológica y los críticos la tildaron de calculada.
Maduro y Flores oficializaron la relación en julio de 2013, apenas unos meses después de asumir la presidencia, anunciando que la pareja se había casado discretamente en una pequeña ceremonia familiar, “legalizando lo que ya existía”.
El casamiento consolidó el papel de Flores no solo como esposa de Maduro, sino como su confidente más cercana y ejecutora política.
Frecuentemente, la llamada “Primera Combatiente” del régimen, ejerció una influencia más allá de cualquier rol ceremonial de primera dama, asesorando a su esposo sobre asuntos legales y político, al mismo tiempo que Venezuela se hundía más en la miseria y la crisis.
Dentro de Venezuela, Flores era vista por críticos y analistas como el verdadero poder detrás del trono: una operadora mucho más astuta y temida que su marido, quien a menudo servía como la cara pública del régimen.
Exfuncionarios y analistas la describieron como una estratega política reservada y despiadada y la voz detrás de la oreja de Maduro en temas legales y políticos.
Flores ejerció el poder legislativo directo como presidenta de la Asamblea Nacional y posteriormente como fiscal general, cargos que le dieron mucha influencia sobre la legislación, los procesos judiciales y los nombramientos judiciales.
En su ascenso al poder venezolano, Flores fue acusada de llenar las oficinas gubernamentales con familiares y aliados leales, acusaciones que alimentaron los reclamos de que ella usó la maquinaria del estado para afianzar el régimen autoritario y proteger a su círculo íntimo.
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